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22 de agosto de 2013
Te digo que no vale
Te digo que no vale
meter el sueño azul bajo las sábanas,
pasar de largo, no saber nada,
hacer la vista gorda a lo que pasa,
guardar la sed de estrellas bajo llave.
Te digo que no vale
que el amor pierda el habla,
que la razón se calle,
que la alegría rompa sus palabras,
que la pasión confiese: aquí no hay sangre.
Te digo que no vale
que el gris siempre se salga con la suya,
que el negro se desmande
y diga “cruz y raya” al júbilo del aire.
Vuelvo a la carga y te digo: aquí no cabe
esconder la cabeza bajo el ala,
decir “no sabía”, “estoy al margen”,
"vivo en mi torre, sólo y no sé nada".
Te digo y te repito que no vale.
(Agustín Millares)
23 de junio de 2013
La guerra aquella
"¡Qué poco resuenan las voces de los sensatos!", pensé cuando oí hablar de aquella lejana guerra tan escrita, tan leída, tan reivindicada y tan inacabada como está. Enciendes el Pc -un suponer- y buscas un dato al azar para completar algo propio del siglo XXI y en el apartado imágenes ahí están: aquellos cantos al aire, aquellas manos al viento o los puños a la sien. Creí que después de ver caer el Muro -que separó el presente del pasado hasta 1989-, los que nacimos después de eso, con el "puedo prometer y prometo" detrás, íbamos a verlo con otros ojos, pero no. Para que una herida cicatrice, tengo para mí, debe dejar de sangrar, o en todo caso debe dejarse caer por sí misma la costra... ¡Pero es tanto lo que queda! Tantas almas, tantos besos -que quizás no se dieron jamás-, tantos hijos y tantas madres con una lágrima en la mejilla. Creo, modestamente, que sí, que los del "puedo prometer y prometo" estamos ya en situación de dar el final que esto requiere, aunque el dolor vuelva salir en parte... Hay que hacerlo por todos aquellos corazones que latieron un día, por todas aquellas ideas que hubieran traído un futuro mejor mucho antes que hoy, por todas aquellas gentes que se amaron y fueron segadas, en flor, por las ideologías de entonces -aún vivas en tantos discursitos de mala muerte-; hay que recuperar la sonrisa de 1977 y construir lo que toca, desde los sueños de quienes sembraron el primer puñado de nuestro presente. Hay que firmar ya un contrato para que lo que nos lleva a la discusión, aún, empiece a ser Historia serena. Hace unas semanas, cuando un grupo de hermosas soldados del ejército israelí posaron en una fotografía en tanga y se armó "la de San Quintín" en los foros esos que todo dicen, que de todo opinan, que de todo quieren sentar bases -sin tener puñetera idea de nada, eso seguro-, en mi humilde saber y entender pensé: "mucho mejor tangas que fusiles", ya lo pueden mirar por dónde les dé la gana.
7 de junio de 2011
Mirar una imagen

Es un lugar del mundo, llegado a España mediante esa exposición que se titula Photoespaña. La mujer trepa hacia la acera con demasiada energía, parece que caerá contra la pared. La calle es estrecha, pese a que el crío de la bicicleta mire al objetivo de la cámara. No es ahora, quizás sea 1976 o 1977; quizás sea un lugar del interior de la Argentina, bajo la dictadura. En cualquier caso otro tiempo.
17 de febrero de 2011
Alborajico o la despoblación
El lugar que se ve en las fotografía es Alborajico, una aldea abandonada del municipio de Tobarra, en Albacete (en el INE ya no es contemplado); el topónimo proviene del árabe y en las cercanías hay un eremitorio, posiblemente ibérico, aunque personalmente es algo que tengo poco estudiado. Esta aldea tuvo población hasta la década de 1970 y en ella vivió parte de mi familia antepasada, al menos entre el siglo XIX (posiblemente incluso antes) y los años ’30 del siglo XX.
Es un ejemplo de despoblación. Los censos de inicios del siglo XX daban a este centro de población entre doscientos y cuatrocientos habitantes, que se hacinaban en las pocas casas que había, tal como denotan las fotografías. Los varios flujos migratorios que se produjeron entre esta parte de La Mancha y el Levante español a inicios del siglo XX y durante el “desarrollismo” de los sesenta, apuntillaron estos núcleos poblacionales dedicados casi en exclusiva al pastoreo y la labor agrícola.
Cuando escribo esto recuerdo la magnífica novela de Julio Llamazares, La lluvia amarilla, o El disputado voto del señor Cayo, de Miguel Delibes.
Es un ejemplo de despoblación. Los censos de inicios del siglo XX daban a este centro de población entre doscientos y cuatrocientos habitantes, que se hacinaban en las pocas casas que había, tal como denotan las fotografías. Los varios flujos migratorios que se produjeron entre esta parte de La Mancha y el Levante español a inicios del siglo XX y durante el “desarrollismo” de los sesenta, apuntillaron estos núcleos poblacionales dedicados casi en exclusiva al pastoreo y la labor agrícola.
Cuando escribo esto recuerdo la magnífica novela de Julio Llamazares, La lluvia amarilla, o El disputado voto del señor Cayo, de Miguel Delibes.
25 de noviembre de 2010
24 de noviembre de 2010
17 de noviembre de 2010
En blanco y negro; white and black

En blanco y negro los sueños, los recuerdos; los momentos de amor, las caricias, el deseo... White and black. El recuerdo, siempre en blanco y negro, la infancia, ellas y nosotros; el roce, el llanto y la ilusión, aquel periódico en blanco y negro. Aquello que sonaba mejor, una melodía, un sonsonete, una novela. La nostalgia de una tarde y el sueño, de nuevo, pensando en ella. White and black16 de noviembre de 2010
15 de noviembre de 2010
14 de noviembre de 2010
4 de noviembre de 2010
7 de octubre de 2010
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