28 de enero de 2012

"La despedida..."

Tengo para mí que hice lo correcto, me oigo decir algunas veces cuando me entran dudas sobre algo, esencialmente sobre alguna decisión de última hora, cuya responsabilidad me ha caído por inercia. Todo esto lo tomo, quiero decir lo pienso, con mi café con chocolate delante, mañanero, intemporal e intenso.

Nunca antes había tenido la oportunidad de conocer a alguien como ella, quiero decir que nunca antes había conocido a una persona tan divertida, en la mirada, en la sonrisa, en lo que dice… Hace poco sí, realmente, ¿no?, antes no habíamos hablado nunca, creo. Y ahora se marcha a dos horas en avión (en Europa, mírenlo por el lado bueno, todos los destinos están a dos horas) y hasta dentro de sesenta días, como poco, no volveré a ver sus tremendos ojos. Claro que no es una despedida cualquiera, que no se va a la guerra, pero no deja de ser una despedida (y mira que me alegro por ella y por la otra muchacha porque lo van a pasar genial: cuando uno es joven de veras, como ellas son jóvenes de veras, lleva la alegría hasta el lugar más incierto de la Tierra, ¿o no?). También se va su amiga, mi amiga, la hija de mi amigo, y deja la incertidumbre de tener que encontrar una persona tan formal y tan impuntual como ella. Happy days are here.

R. se marcha…

Quiero verme yendo hacia ellas en un avión de matrícula española, sobrevolando las nubes, mirando el cielo, tan alejado de la realidad y tan real, con esa sensación de infinitud tan sospechosa y ese nudo poético que es el Cielo que une gente. A veces sueño que puedo volar yo mismo y llegar-ir-volver en un minuto hasta Polonia, no sé.

Esta es mi despedida, pero de verdad. Happy days are here.


(Para Bea y Rosario)

24 de enero de 2012

"Es la memoria, que falla"



Para Rosario y para Bea.


Cuando uno sale de casa en busca de un tema sobre el que escribir puede tener la mala suerte de no encontrarlo, o sí, según se tercie. En este caso iba yo predispuesto a dejar un post en blanco; quizás a poner una foto significativa (‘expresiva’, que se dice ahora: pero ya se sabe que uno debe buscar sinónimos facilitos para los políticos, no vayan a estallarles las meninges porque no comprenden), hasta que he visto en la calle a Rosario y a Beatriz, que en unos días se marchan a Polonia o, como yo les digo: Poland(ia).

Pues eso, entonces he recordado aquella vez que los nazis y los comunistas (los de Stalin, cuando pactaron con los de Berlín: por si se nos había olvidado ya) hicieron un sándwich con Polonia y ocurrió, por poner un ejemplo, lo de Katyn. Y que luego vino aquel señor que les espetó a los soldados, ante un millón de polacos deseosos de libertad: “yo sólo he venido a impartir misa”. Pues eso, que Shakespeare no me entra pero la memoria histórica… sí. ¡Ah!; y que los yanquis del Norte nos salvaron el culo.

“Spencer Tracy entra en la cocina de un chalecito de Nuremberg, en Alemania. Pide al ama de llaves que le haga un sándwich y un zumo; algo ligero, para pasar la noche rápidamente, que al día siguiente hay juicios contra los jerarcas del Reich. El anciano se queda en la cocina, para no molestar; el matrimonio también. Ese rostro bonachón, de abuelo de pelo blanco que mira fijamente al matrimonio de Vencedores y vencidos:

“¿Y ustedes no sabían nada; no sospechaban nada?”, dice el juez yanqui.
“No”, responden los guardeses.
“¿Ustedes no olían nada en el ambiente?”, insiste el juez interpretado por Tracy.
“No”, dicen de nuevo.

Es la memoria, que según para qué cosas nos falla.

23 de enero de 2012

Ike Eisenhower



El de la foto de arriba es el tipo que nos salvó el culo a los europeos durante la Segunda Guerra Mundial. Sí, él y sus muchachos, muchos de los cuales murieron en el campo de batalla; fueron los que le dieron por saco al tirano alemán, aquel que todos conocéis. Es cierto que en Europa y en España puede haber cierto antiamericanismo, que no comparto; no sé muy bien de dónde viene, pero no hay que olvidar que esos yanquis que nada tenían perdido aquí (y puestos a hacer negocio, como dicen algunos, no necesitaban venir en persona ¿sí o no?) vinieron y le plantaron cara al alemán, repito, y luego al ruso aquel del bigote. Cierto es que se ha concluido la Guerra Fría, pero a mí no me da vergüenza decir que soy anticomunista y pro yanqui.

20 de enero de 2012

"No te atreves..."



No, no te atreves; conmigo no… Nunca has venido a mi llamada. Me tienes miedo, reconócelo; siempre me lo has tenido. Por eso te escondes. El tiempo pasa, va en tu contra, recuérdalo.

Pero todo lo que hay en ti es terriblemente mío.

19 de enero de 2012

'Goetia. Entre sueños'. De Némesis Fuster



La ópera prima de Némesis Fuster, jovencísima narradora malagueña, viene a ser una novela solventemente conseguida, ejemplo narrativo y modelo en su género: aquello que venimos a denominar ‘novela gótica’ y que no es más que un género del que huyen muchos escritores y, sobre todo, muchos críticos sencillamente porque lo desconocen o no lo asumen, no porque no esté presente en nuestra literatura. Y en este caso concreto estamos ante una novela que atrapa.

Dos cosas me llamaron la atención de Goetia. Entre sueños, la juventud exuberante de su narradora y, sin embargo, una pasmosa madurez narrativa que me lleva a pensar que, de seguir así, nace una incipiente obra literaria con una voz singular y fuerte; y una prosa poética que dice más en lo que insinúa, en lo que se dice entre líneas (o entre sueños) que en lo que se adjetiva o sustantiva.

La autora sabe cambiar de registro, domina el género, narra con agilidad y concisión, con un lenguaje preciso (y precioso, cuando se nombra) y adereza y endereza cuando nombra. Se lee con soltura, con interés, aún cuando, lo confieso, el que esto escribe tampoco se había adentrado antes tanto en los sueños (si no eran los de Quevedo o los de Bécquer) como en las procelosas (como todas) aguas de la novela gótica. Le pregunté aquel día a Némesis Fuster acerca de aquel romanticismo español del XIX y no sé si es consciente, pero algún eco hay: más Espronceda que Bécquer, lo reconozco.

Acierta también la autora (y la editorial, al unísono) en editar esta novela con esa profusión de caracteres y de imágenes, de cursivas que resaltan, de negritas que nombran, dicen, se asoman.

Decía hace algún tiempo un poeta español actual, nacido literariamente en los setenta (L'enfant terrible, diríamos), que “detrás de él no había vida literaria”. En poesía desde luego, en narrativa también: y ahora surge Némesis Fuster de quien me alegro haber leído esta obra, tal como me dijo aquel instinto que me vino al ver este libro en unos grandes almacenes: fui a su presentación y no me arrepiento.

(©Foto: Némesis Fuster)

18 de enero de 2012

Miguel García-Posada



Ha muerto muy joven aún Miguel García-Posada, uno de los críticos literarios más relevantes, en mi opinión, de las últimas décadas; unido a los diarios ABC y El País y fundamentalmente a la obra literaria de Federico García Lorca y Francisco Umbral, entre otros grandes.

Tuve la satisfacción y el lujo de ser alumno y amigo suyo; gracias a él decidí estudiar Filología Hispánica y tuve la ocasión de conocer en profundidad la importantísima Literatura Española a la que me dedico desde entonces. Fue un excelente poeta y un fino crítico que supo ver detrás de muchas incipientes obras literarias (Luis Alberto de Cuenca, Luis García Montero, Andrés Trapiello, Benjamín Prado, Mario Vargas Llosa) a los grandes maestros de nuestras letras, los mejores versos, las mejores novelas… Tuvo, por supuesto, enemigos, como surgen en todos los colectivos formados por seres humanos y por sus emociones. Fue, a su vez, discípulo de Fernando Lázaro Carreter, a quien los filólogos de hoy hemos seguido a pies juntillas.

Recuerdo cómo en las tardes de los viernes en el madrileño Instituto Beatriz Galindo (y más tarde en el despacho de su casa, en la calle Lope de Rueda de Madrid), hacia 1996, me hablaba de poesía y de novela, del pasado intelectual y del presente literario, de la narrativa de Europa y de América y de todos aquellos autores que un profesor de Literatura debe conocer. Sabía guiar a los alumnos del Instituto dentro de las procelosas páginas de las obras de muchos buenos autores. Una de esas tardes me habló de Barcarola, publicación en la que colaboró: “una revista que hacen muy bien en tu tierra, en Albacete”, y que, efectivamente, es emblema para la cultura de nuestra provincia y que desde entonces he seguido con cariño. Miguel García-Posada me descubrió también y me presentó en 1998 en la Residencia de Estudiantes a Antonio Martínez Sarrión, nuestro gran poeta de los “nueve novísimos”, de quien opinaba que además de buen poeta escribe muy buena prosa: de ahí sus dietarios.

Los últimos años, delicado de salud pero intensamente lúcido, los dedicó incansablemente a su propia poesía y a dos excelentes novelas que deja, junto a sus memorias (La Quencia), como legado. Y los miles de artículos profundos y parte de la crítica en los diarios que he citado.

17 de enero de 2012

"Otra despedida: 'I'll see you someday'"



Las cosas cambian. Uno vive inmerso en una monotonía de las cosas: esas llamadas intemporales, los sms robados al alma, la caricia de una palabra, el honor de una sonrisa; un beso y un café. (Todo eso que nunca te fue valorado ni correspondido, recuerda hoy). Hasta que las cosas empiezan a ser distintas y distintivas: dice mi amigo el poeta Luis Alberto de Cuenca que “el premio del engaño es el olvido”, en uno de esos versos suyos tan urbanos, tan hispanos, tan cargados de mayor razón que un Santo.

Para abrir las ventanas y airear mi corazón y mis sueños he de cerrar las puertas, no vaya a ser que la corriente me invite a un constipado más alto que otro antiguo. Cuando uno se desprende de una costumbre primero se siente extraño, luego deprimido, pero el tercer día empieza el tiempo, implacable, y el olvido, insensato, a hablar. Y nace una vida nueva. Ya lo dije: “año nuevo, vida nueva”.

Las cosas hubieran podido ser de otro modo, la vida encauzarse en otros caminos. Pero nada más, las cosas son así y uno, además, aplica el juego que ha marcado la otra parte. No, ya no siento la necesidad de hablar contigo, de saber de ti, de verte; no. Quizás hubo algún día un atisbo de pasión, sí, o de amor (no lo sé), pero todo eso es ya una anécdota, Historia: yo sencillamente me he adaptado a ti.

Y cuando me suba al autobús, desde Boston a Hanover, New Hampshire, no miraré hacia atrás. No me interesa, ya, lo que dejo; no lo sé.

16 de enero de 2012

"El número normal de pares de zapatos"



Sí, claro, obvio, evidente, lógico, normal, típico, esencial, necesario, sabido, genético, imprescindible, de juzgado de guardia. ¿El qué? Uno debería saber por norma general, fundamental y sabida, cuántos son los zapatos que necesita una mujer, los que son normales en el fondo de armario, los que combinan con todo, los que le van a esto y a lo otro (pero, que nadie se llame a engaño: yo soy hombre y tengo decenas de pares aunque me ponga esas zapatillas tan molonas que me hacen parecer a-n-t-i-s-i-s-t-e-m-a).

En el hall de la oficina. Alexandra y yo antes de entrar en el Departamento de Perfil Psicológico del FBI, Quantico, Virginia, United States of America.

“Bueno, ¿y cuántos pares de zapatos son los normales para una chica?”, digo.
“¡Uf!, así, a bote pronto, no sé…”, responde ella.
“No sé, ¿y si te digo diez?”, propongo mientras llamo al ascensor.
“¡Uy diez!, esos no son ni la mitad de la cuarta parte de los necesarios”, sonríe ella.

"El grito y las hormonas"



Hoy me he levantado con ganas de gritar, de abrir la ventana y gritar como un poseso y lanzar al viento mil indecencias e improperios sin sentido, sin orden y sin concierto. Pero me he comedido… y encima dice la prensa que Carlota ha cometido un error saliendo con un ‘maduro’, porque esa es otra, ahora cuando uno tiene entre treinta y cinco y cuarenta es maduro. ¿Quién será el gilipollas que ha realizado el titular?

Y es que entre teatro y teatro; una vez Lope y otra Calderón, sin olvidar a Tirso. Algún otro día la poesía del siglo XX: Blas de Otero y Claudio Rodríguez en estado puro. Mi gran tema de la novela de posguerra: yo sí reivindico a Cela, mal que le pese a quien no lo pueda ni ver; del mismo modo que si he de hablar de algún hispanoamericano no me saldré de la obra de Mario Vargas Llosa y eso que lo siento por el gran Gabriel García Márquez. Pues eso, que me entra el estrés y me da por gritar…

Ahora encima leo con interés de lingüista los artículos de prensa, tan mal escritos, tan tenues, tan parciales, tan tontos… que me entran ganas de instaurar una censura del buen gusto o de pintarles bigote a los políticos y a las políticas, que les quedaría muy mono junto a unos dientes negros. Maldades de adolescente, lo que lleva uno en el cuerpo.

Eso y las hormonas.

15 de enero de 2012

Yo acuso: así no; esto no es salir de la crisis...



Sobran políticos y faltan jóvenes trabajando.


La Economía lo domina todo hoy y los economistas, sin pizca de sensibilidad social (menos que una almeja, anoto), tienen que sacar a Europa (y a España, ¡madre mía!) de la crisis: con la salvedad de que no lo van a hacer. Cuando en un mundo más o menos globalizado como el nuestro existe además del tema monetario una crisis social y ética, no son los insensibles banqueros, los rectos tecnócratas, los economistas… los que nos deben guiar, deben ser los humanistas.

Una legión de jóvenes españoles (los mejor preparados de la historia: sólida formación, idiomas, viajados y todo eso) está en el paro, mientras una legión de politiquillos del tres al cuarto pueblan las bancadas de los parlamentos nacionales y regionales al precio de un suculento sueldo, tarjeta de crédito de la institución más móvil pagado sin tope, sin control y sin vergüenza. Eso es inmoral; y lo debe arreglar y limar las diferencias alguien que tenga moral, pero… ¿quién? No podemos tener a los mejores médicos, a los mejores profesores, a los mejores científicos, a los mejores trabajadores sociales, a los mejores psicólogos en el paro (adornando los salones de sus casas) y a los más limitados e ineptos realizando leyes y legislando “contra”. Cada recorte que no afecte a las prebendas de los políticos es una falta de respeto al ciudadano, a los jóvenes y a España con toda su carga histórica.

Me da vergüenza que muchos de mi generación (cuando no tenga que hacerlo yo también inmediatamente) tengan que ir a buscar la oportunidad que les debe la vida al extranjero (EE.UU., Reino Unido, Alemania) y que sean allí los primeros: grandes profesores, grandes investigadores de la ciencia y de la tecnología, grandes médicos; mientras que aquí nos quedamos los protestones, teniendo que ver en la tele a una cohorte de mediocres de mierda pidiéndonos que nos apretemos el cinturón (salvo que ellos no; ellos son los dirigentes, los que deben cobrar un 50% más que cualquier profesional apto porque así lo deciden los acuerdos parlamentarios a los que llegan, en eso sí, con los de los bancos de enfrente), que de la crisis se sale si nos jodemos los mismos de siempre: la misma clase media que sufrió la Crisis del Petróleo de los años ’70, los que ya vivimos la crisis de 1980, los que nos apretamos el cinturón cuando vinieron mal dadas en los ’90.

Si los mejores estamos desaprovechados; si somos una generación que vive peor que la anterior (por vez primera en la Historia de la Humanidad), creo que tenemos derecho a exigir que los de la economía, los de las entrevistas en la prensa, los de la tele faltándonos al respeto, todo ellos, sean decentes: tengan la formación mínima para ser electos, que se lean algo más que los titulares de prensa, que no cobren pensión vitalicia por fastidiarnos el porvenir, que sean sustentables en los tribunales sus meteduras de pata y de mano, etc. A ver cuando sale uno a decir esto en lugar de a fastidiarnos más cada día que pasa.