Tengo para mí que hice lo correcto, me oigo decir algunas veces cuando me entran dudas sobre algo, esencialmente sobre alguna decisión de última hora, cuya responsabilidad me ha caído por inercia. Todo esto lo tomo, quiero decir lo pienso, con mi café con chocolate delante, mañanero, intemporal e intenso.Nunca antes había tenido la oportunidad de conocer a alguien como ella, quiero decir que nunca antes había conocido a una persona tan divertida, en la mirada, en la sonrisa, en lo que dice… Hace poco sí, realmente, ¿no?, antes no habíamos hablado nunca, creo. Y ahora se marcha a dos horas en avión (en Europa, mírenlo por el lado bueno, todos los destinos están a dos horas) y hasta dentro de sesenta días, como poco, no volveré a ver sus tremendos ojos. Claro que no es una despedida cualquiera, que no se va a la guerra, pero no deja de ser una despedida (y mira que me alegro por ella y por la otra muchacha porque lo van a pasar genial: cuando uno es joven de veras, como ellas son jóvenes de veras, lleva la alegría hasta el lugar más incierto de la Tierra, ¿o no?). También se va su amiga, mi amiga, la hija de mi amigo, y deja la incertidumbre de tener que encontrar una persona tan formal y tan impuntual como ella. Happy days are here.
R. se marcha…
Quiero verme yendo hacia ellas en un avión de matrícula española, sobrevolando las nubes, mirando el cielo, tan alejado de la realidad y tan real, con esa sensación de infinitud tan sospechosa y ese nudo poético que es el Cielo que une gente. A veces sueño que puedo volar yo mismo y llegar-ir-volver en un minuto hasta Polonia, no sé.
Esta es mi despedida, pero de verdad. Happy days are here.
(Para Bea y Rosario)








