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17 de mayo de 2026

Biografía de Enrique Tierno Galván (1918-1986)

 


Esta biografía se adentra en todas las facetas de Enrique Tierno Galván (1918-1986), desde la lucha antifranquista o el exilio en Estados Unidos hasta su etapa como alcalde de Madrid (1979-1986), pasando por su participación en los movimientos de oposición democrática contra la dictadura. Y, del mismo modo, en este libro se reconstruye la trayectoria de los partidos políticos que fundó el viejo profesor: el Partido Socialista del Interior (1968-1974) y el Partido Socialista Popular (1974-1978).

Este ensayo traza también un amplio estudio de la trayectoria vital del denominado «alcalde de la Movida», adentrándose tanto en su familia y vida personal como en su faceta de ensayista o de líder del PSP, sin dejar de lado el análisis de sus desencuentros con Rodolfo Llopis, su expulsión del PSOE en 1965, el fracaso electoral del PSP en las elecciones generales del 15 de junio de 1977 o la unidad del tiernismo con el PSOE en 1978.

Francisco José Peña Rodríguez ha reconstruido asimismo las realizaciones de los gobiernos municipales de Tierno Galván y de Juan Barranco en Madrid durante la década de 1980, así como ha dedicado un capítulo a un gran número de militantes del PSP y de colaboradores del viejo profesor, tanto en sus partidos políticos como en el Ayuntamiento de Madrid. Para ello, el autor ha recurrido a una abundante bibliografía, incluyendo fuentes primarias y entrevistas a antiguos afiliados del PSP y exconcejales del Ayuntamiento de Madrid.

La nueva biografía de Enrique Tierno Galván ve la luz cuando se cumplen cuarenta años de su fallecimiento ejerciendo el cargo de alcalde de Madrid y sirve para actualizar su figura de incansable luchador por la democracia y como modernizador de la ciudad de Madrid desde su llegada a la alcaldía de la capital.

Además, este ensayo sobre uno de los más populares protagonistas de la transición cita a cerca de dos centenares de protagonistas de la Historia de España entre 1918 y 1991 y cuenta con un prólogo de Juan Barranco, alcalde de Madrid entre 1986 y 1989.

31 de diciembre de 2024

La década del cambio en España (1979-1989)

 


La década del cambio en España (1979-1989) traza una visión de la España de los años ochenta tomando Madrid como epicentro de la explicación de numerosos acontecimientos políticos (la victoria electoral de Felipe González, la entrada de España en la OTAN y la UE, la consolidación del PP como alternativa, el regreso de Adolfo Suárez con el CDS, las mociones de censura de 1989…), sociales (el terrorismo, el SIDA, la drogadicción, el paro…) y culturales (la movida, el fútbol, el cine, la literatura, el teatro…). En las páginas de este ensayo ameno y divulgativo se citan más de dos centenares de protagonistas de aquella década, denominada por Francisco Umbral como «la década roja». A los líderes madrileños Joaquín Leguina y Juan Barranco se suman otros protagonistas como José Mª Álvarez del Manzano, Alberto Ruiz-Gallardón, Enrique Tierno Galván, Felipe González, Manuel Fraga, Adolfo Suárez, José Mª Aznar, José Bono, Antonio Hernández Mancha, Esperanza Aguirre, Mario Conde, Florentino Pérez, Jesús Gil, Ramón Mendoza, Pilar Miró, José Luis Garci, Pedro Almodóvar, Luis Alberto de Cuenca, Almudena Guzmán, Juan Madrid o Almudena Grandes, entre otros. El libro, que además alude a acontecimientos internacionales, cuenta con prólogos del exalcalde de Madrid, Juan Barranco, y del catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Castilla-La Mancha, Manuel Ortiz Heras.


Algunas referencias sobre este libro han sido publicadas por Cuadernos Republicanos (Núm. 116, pág. 103), Periodista Digital, El Confidencial Digital, Majadahonda Magazin, Oviedo Diario, Cómo, Madrid Diario, Digital Sevilla, Crónica 7, Diario Mallorca, Málaga 24 horas, Digital Confidencial, Palencia 24 horas o El Mundo Empresa, entre otros medios. El diario albaceteño La Tribuna de Albacete publicó una entrevista con el autor en octubre de 2024, así como Radio Eiberoamérica. El libro se puede adquirir en Librería Herso (Albacete), Popular Libros (Albacete), Troa (Madrid), Juan Rulfo (Madrid), FNAC, Casa del Libro, El Corte Inglés, Amazon, La Hoja (Tobarra), Libros (Hellín), Librería Circus (Albacete) y en la web de la editorial Cuadernos del Laberinto. 


22 de noviembre de 2013

Más JFK


Tomar decisiones a favor de la mayoría es complicado; hablar claro cuando la gente lo necesita es complejo; tener un proyecto en mente y requerir la concurrencia de la mayoría es arriesgado; plantar cara a los intereses de la inmensa minoría para favorecer a la inmensa mayoría era y es un precio que hay que pagar. Lo que sí sé es que el protagonista más destacado de la segunda mitad del XX en los Estados Unidos y la relevancia de su política para Occidente lleva hoy cincuenta años muerto y, creo, casi todos nosotros tenemos claro el por qué y quién... Yo, por ejemplo, estoy leyendo ahora en inglés sus discursos; vale la pena, por ejemplo, detenerse en el Discurso inaugural, pero también el de Berlín; vale la pena, insisto, recordar aquel "no te preguntes qué pueden hacer los Estados Unidos por ti, sino qué puedes hacer tú por los Estados Unidos". Hoy nadie, absolutamente nadie en política, es capaz de tener clara la concepción de sociedad: en España, creo que sólo Suárez fue capaz de aglutinar una ilusión parecida. Ahora bien, su legado está inmaculado y sus discursos y el empuje de su política no los puede borrar la Historia. Bien distinto a nuestros días, cuando priman los intereses de unos pocos para perjudicar a la inmensa mayoría; cuando se dan los discurso tras la pantalla (a aquel, ya saben, le pegaron varios tiros a coche descubierto) o cuando gestionar una ciudad se hace imposible si no eres capaz de levantar un teléfono... La gente tiene por costumbre, insisto, en decir que todos son iguales, que todos son lo mismo, que todos hacen exactamente igual. No es lo mismo ir a Berlín a decirles en perfecto alemán que tú también eres un berlinés y que el Muro, el telón de acero es una ignominia, que ir a Berlín a recibir la consigna de recortar en Educación o en Sanidad. Ni es lo mismo ni son lo mismo ni es igual. Ojalá hubiera, de nuevo, otro JFK.

23 de febrero de 2011

23-F. La dignidad del Estado


Hace hoy treinta años un grupo de guardias civiles y de militares intentaron un proceso de involución democrática mediante un golpe de Estado, tradicional, como todos los que habían sucedido en España durante este periodo que conocemos como Historia Contemporánea. Sobre todo durante el siglo XIX y el XX.

Salió mal, afortunadamente, y estuviera detrás quien estuviera, fuese quien fuese el Elefante Blanco y eche quien eche balones fuera ante la prensa.

Coincido con Juan Francisco Fuentes, la dignidad del Estado, aquel día, la tuvieron el presidente del gobierno, no arredrándose ante los golpistas, no cayendo al suelo sino manteniendo la cabeza bien alta, en definitiva, don Adolfo Suárez. Y un teniente general, don Manuel Gutiérrez Mellado, que en función de su graduación saltó del escaño e intentó imponerse, y no cayó al suelo cuando un teniente coronel, más joven, no pudo lanzarlo al suelo. Esa fue la dignidad del Estado y la imagen de un poder con dignidad.

Ahí está la foto... Una imagen vale más que mil palabras.

15 de septiembre de 2010

Una frase del ghetto


"¿Es moral mantener tu código moral en un mundo inmoral?"
(Frase escrita por los judíos perseguidos del ghetto de Varsovia)

21 de diciembre de 2009

Anatomía de un instante... de 1981


Leo a Javier Cercas este día de lluvia. Su medio ensayo-medio novela sobre el 23-F, en donde destripa, sin rubor alguno y con magnífica documentación, y criterio, el pormenor de aquella tarde que hubiera cambiado nuestra democracia y destripa, que es más importante, los años previos. Dijo en abril el autor de “Soldados de Salamina” que el Rey se colgó la medalla aquel día, o hemos querido colgársela, pero ahí está esa instantánea, otra, de aquella tarde de 1981: el general Manuel Gutiérrez Mellado, vicepresidente del gobierno, enfrentándose a los golpistas y el aún presidente del gobierno, Adolfo Suárez, mediando. Los que no estaban, los que andaban en el suelo, los que vacilaron, los que querían la dimisión de Suárez, los que le hicieron la vida imposible en el gobierno, los que quieren escribir otras cosas “o no estaban allí o no se les esperaba”. Bien por Javier Cercas y su ensayo: “Anatomía de un instante”. Aquí os dejo este otro instante al que le debemos la democracia y los dos hombres que de verdad deben tener la medalla de aquel día.

22 de febrero de 2009

Los fenicios de España

 
La primera gran civilización de la Península Ibérica fue la fenicia. Es cierto que existió Tartessos antes, pero no nos quedan vestigios de ella como la Gádir o Cádiz fenicia. Los que provenimos (voluntariamente) de la Escuela Historicista de Menéndez Pelayo y, por extensión, de Menéndez Pidal, defendemos -como hice en mis clases de Historia- que el poblamiento de España se remonta al año un millón antes de Jesús, pero ello no es Historia sino Prehistoria porque no hay vestigios de escritura, que es la esencia de la datación sin necesidad de hipótesis ni horquillas temporales. Los revisionistas -por ejemplo, Vidal y Jiménez Losantos (“Historia de España”, 2009)-, sitúan el hito el año 14.000 antes de Jesucristo. El caso, al margen de las teorías que establezcamos profesores e historiadores, es que los fenicios anduvieron por España alrededor de mil años. La civilización fenicia era de origen semítico (judío) y originaria del actual Líbano, pero su intención de asentarse en nuestro actual país no era la de conquistar, sino la de establecerse. No venían con los mismos propósitos mercantiles que los griegos. Como eran eminentemente comerciales venían tras las materias primas que había y aún hay en el Sur de España y con ellos se establecieron los primeros judíos que a la generación siguiente ya eran eminentemente hispanos (antecesores de los que el emperador Tiberio expulsó hacia Argelia). La primera gran ciudad europea, por consiguiente, fue Cádiz y no Roma ni Atenas, que vinieron después. Entre otras cosas a los fenicios, a nuestros fenicios, les debemos: 1) el alfabeto y su común uso cotidiano, 2) la ganadería, singularmente lo que denominamos pastoreo, 3) la agricultura, esencialmente el cultivo, el riego y la elaboración del aceite de oliva, 4) la metalurgia, con el ‘singular’ desarrollo que tenía el siglo XIII antes de Jesucristo, 5) el comercio y su desarrollo en contacto con otras civilizaciones y 6) la navegación. Se establecieron en Levante (originaron Alicante, Elche y Ampurias), en Baleares y en el Sur de la Península -por cierto, que alguno se acercó a Albacete a comerciar con los iberos-. Lo que también nos legaron nuestros primitivos judíos fue el nombre de Iberia, con la consiguiente denominación de nuestra Península como Ibérica, compartiendo con Portugal, como compartimos entonces, al pueblo fenicio que, durante mil años, estuvo pululando por aquí y dando origen a las riquezas que hubo en nuestro Sur: plata, cobre, oro, estaño y las salazones -esto último lo remarco porque hay vascos que dicen que introdujeron ellos la técnica de conservación de la salazón al entrar en contacto con los indios canadienses establecidos en Groenlandia, en donde pescaban bacalao-.

28 de abril de 2008

El 2 de mayo de 1808


El 2 de mayo de 1808 se despertó la conciencia nacional de España. Desde ese momento hemos sido conscientes de que somos una Nación -aunque algunos se obcequen en no reconocerlo o en luchar contra esa evidencia- y la idea de Estado que surgió de la conciencia popular es la que tenemos en nuestros días y la que hemos heredado de aquellos antepasados nuestros que lucharon, navaja en mano, contra el invasor francés, ‘franchute’, ‘gabacho’, ‘napoleónico’, o como se le quiera denominar. España no fue una unidad nacional completa desde 1492, pues los Reyes Católicos unificaron un territorio que heredaba el nombre de la vieja ‘Hispania’ romana. Fue una unidad nacional ‘compleja’ a la que el Conde Duque de Olivares intentó meter en vereda en el siglo XVII y no pudo. Esa unificación territorial no lo fue tributaria ni jurídica y de aquellas imperfecciones vinieron algunos errores del presente. Fue, eso sí, una reina austriaca, Maria Cristina de Habsburgo y Lorena, la que con al unificación del Código Penal y del Código Civil, viniera a poner orden en lo que desde finales del XIX es España, una unidad nacional. Los hombres y mujeres de Móstoles y de Madrid, aquel 2 de mayo de 1808 hicieron uso de la soberanía que les correspondía, frente a la pusilánime posición del Rey Carlos IV y frente a la cobardía del luego nefasto Fernando VII. No hay que reducir a la nada al resto de la Nación, pues España entera se levantó contra Napoleón, que entre ese día y 1814 sufrió uno de sus severos reveses propiciado por las masas ávidas de libertad e independencia y de buenos gobernantes. España tuvo sus buenos héroes, empezando por el general Castaños y acabando por Juan martín Díaz, “el empecinado”. La Junta Central jugó un extraordinario papel, las Cortes de Cádiz nos pusieron históricamente en el Estado Liberal del que gozamos hoy -no confundir con el liberalismo político, que es otra cosa-, a través de la magnífica Carta Magna de 1812. Pero hay algo que la gente no sabe: aquel 2 de mayo de 1808 fue la segunda vez -no la primera- que el pueblo saltó contra la invasión en la defensa de su suelo y de su soberanía. Cien años antes, durante la guerra de Sucesión, ya salió el pueblo de Madrid a luchar y a protestar contra los franceses que habían sitiado y sometido a bloqueo a la ciudad de Madrid. Y si lo hicieron en 1808, además de por honor y amor propio, fue porque en 1703-1713 los franceses hicieron polvo todo lo que se encontraron en su camino: iglesias, santos, casas de gente pudiente, etc. Y ambas veces acabaron poniendo en el trono a la familia Borbón, procedentes de Francia. Este 2 de mayo de 1808 conmemoramos el CC aniversario de una gran conciencia nacional y por ello debemos homenajear y glorificar a todos los caídos por España aquel día. Si hay que leer algo, además de todo lo que se publica, yo recomiendo la extraordinaria novela “El 19 de marzo y 2 de mayo” de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós. Y la última de Arturo Pérez Reverte.