25 de noviembre de 2016
Hablar con comida
30 de abril de 2014
Criticar el español sin conocer bien el español
1 de noviembre de 2013
El desorden de los nombres
Para Elena, que hoy necesita mimos...
2 de junio de 2013
Lenguaje y eufemismos
6 de enero de 2012
Habla La Mancha

A Alexandra, que pidió un poco de humor.
En La Mancha se dice ‘rail de las cortinas’, en lugar de riel. También ‘almóndiga’, ‘termargil’ y ‘cuencal’ (defectos fonéticos de la zona, como en La Rioja, cuando caían los dientes por falta de calcio en el agua, se pasó del sonido h- al f- inicial). Al fideo se le dice ‘aletría’ y al ajillo ‘patagorrilla’; del mismo modo que el jamón es el ‘pernil’ (aragonesismo). A los cordones, ‘cordonera’. Y en lugar de enviar a alguien a la mierda lo mandas ‘al pijo’. Eso sí, tenemos tontos muy peculiares: ‘el más tonto que una albarda’ o el necio superlativo, ‘el tonto el pijo’. Y si al lector no le gusta lo que he escrito, se dice ‘atié usté… te paece si el licenciao’.
Bajo la Monarquía de Alfonso X El Sabio La Mancha fue repoblada por gente del Bajo Aragón, por lo que compartimos con esas tierras diminutivos como ‘bonico’, ‘hermanica’ o ‘tocinico’. En la Lengua todo tiene su origen y su explicación, como todo; y que uno se guíe hacia un término (borrachera: ‘jumera’) no es cuestión de nivel, sino de tradición.
17 de febrero de 2011
Hablar bien: "a la altura del betún" y otras expresiones

A mí, por ejemplo, me molesta mucho que la prensa nos haga creer que las ciudades o los países hablan y toman decisiones por sí mismas, de tal modo que leemos “Madrid ha dicho que no a Rabat” o “Berlín no está dispuesto a dar más ayudas”. Si tomamos el titular de prensa por lo recto, es decir, por lo que dice, el primer caso debe ser que la capital de Marruecos ha debido pedir matrimonio a la capital de España y esta última, sin contar con nadie (ni alcalde ni rey ni ciudadanos), ha dado calabazas... y, sin embargo, resulta ser que el gobierno de España, afincado en Madrid, ha negado algún acuerdo al gobierno de Marruecos, afincado en Rabat. En el segundo caso, entiendo que la ciudad de Berlín, que debe tener cuenta bancaria propia, está decidida a no dar más dinero a nadie, sin avisar a la Canciller alemana siquiera. Bueno, pues resulta que el periodista quería decir que el gobierno de Alemania, afincado en Berlín, no va a ayudar a ningún otro país a sanear sus cuentas públicas. Bien me dirán los chicos de la prensa que es una forma de llamar la atención, de titular o de ahorrar palabras en el titular, pero la Lengua no entiende de trampas ni de ahorros.
Hay alguna gente, que pasa por bien hablada, es decir, que se autotitula culta, que además de hipercorregir (esto es, decir Bilbado en lugar de Bilbao, por influjo de 'pescado'), tiene por costumbre (y esto es muy frecuente en la televisión) decir “estuvistes” o “hablastes”. Como el lector observará, los dos ejemplos provienen de la segunda persona del pretérito perfecto simple, cuyo valor es absoluto, pues designa una acción pasada totalmente concluida. Esa gente que pulula por los decorados televisivos, suponiéndose a sí mismos periodistas (sin título) o famosos (sin mérito), pero sí deformadores de la Lengua, suelen construir frases como la que sigue: “Tú estuvistes hablando con él” o “Tú hablastes con él” (incluso el word del ordenador lo rectifica de inmediato) y la calle, siempre atenta a pensar que el famoseo es más culto de lo que pensamos, lo imita. Claro, ir de fino o fina y meter la pata es quedar a la altura del betún.
Para terminar. “Ha quedado a la altura del betún”. Bien, todos sabemos que el betún suele utilizarse para pavimentar carreteras o calles o para impermeabilizar cascos de barcos, etc., por todo lo cual suele quedar adherido al suelo; y ahí es donde queda (o va su buen nombre) la gente que al equivocarse suele ir: “a la altura del betún”.
(Continuación de mi post de 25 de noviembre de 2008: “Bledo, chisme y otras expresiones”: http://literaturaculturaypolitica.blogspot.com/2008/11/bledo-chisme-y-otras-expresiones.html)
15 de diciembre de 2010
Defensa del español

A lo que voy... La riqueza que tiene la cultura española en nuestros días es la diversidad lingüística y las diferentes modalidades de idiolecto que, incluso, se hablan bajo el mapa de uso de una misma lengua. Reconozco que, además de ser filólogo sobre la Lengua Española, he contraído el interés por leer autores en gallego, por ejemplo la poesía de Yolanda Castaño y algunas cosas de Manuel Rivas y me he infringido a mí mismo el esfuerzo por aprender, siendo consciente que nunca llegaré a dominar el gallego porque soy negado para los idiomas. Y sé, eso sí, que mucha otra gente que vive, por ejemplo, en Madrid, lee directamente en catalán siendo castellano-parlantes. Entonces... ¿por qué esto? Muchos días pienso que se vive muy bien de la polémica...
6 de octubre de 2010
"Ser guapa, estar guapa"

Ahí dejo hoy una foto de la actriz Adriana Ugarte, que podéis ver en La Señora (de TVE) y que también ha realizado teatro (La casa de Bernarda Alba, 2006). Reconozco que es una gran actriz con un excelente registro dramático.
23 de agosto de 2010
"Desanchá", 'ensanchá', 'creída'...

(Para quienes no seáis de un medio rural ni hacéis uso del español peninsular, tomad la palabra “desanchada” como literal sinónimo de “creída”).
26 de mayo de 2010
Más sobre Lengua

Es muy posible que, ayer, hablando sobre las lenguas de España y la “normalización lingüística” que ejercitan las CCAA, pecase de injusto en la valoración de los años de humos que vivieron el gallego, el catalán y el vasco. Es preciso que aclare que, efectivamente, institucionalmente hubo un férreo control censor sobre el uso normativo de la lengua y con más mecanismos en el caso de la Literatura (y a pesar de la creación de revistas, periódicos e instituciones como la Academia Gallega, para el caso galaico), que perjudicó un uso normal de esa lengua especialmente en los núcleos urbanos más castellanohablantes. No obstante, la tesis que sostuve o quise enunciar es aquella que incide en que las lenguas romances (o no) cooficiales en España no murieron gracias a que se siguieron hablando (sobre todo en el medio rural, pesquero, etc) contra corriente. Y que, por ello, más que una normalización férrea (gramática, ortografía, etc.) también debería realizarse una normalización académica (asunción de nuevos términos, etc) que permita que esas tres lenguas se conviertan en elementos comunicativos preferidos por los hablantes, más que sugeridos por los mismos.
25 de mayo de 2010
¿Normalización Lingüística?

En tres regiones españolas (Galicia, País Vasco y Cataluña) la unificación peninsular bajo el reinado de los Reyes Católicos y, en 1713, tras la Guerra de Sucesión la subida al trono de la dinastía Borbón, el uso de la lengua propia de allí se vio menoscabado, pero nunca eliminado. Sencillamente, si hubiera sido eliminado habría desaparecido esa lengua y, sin embargo, han llegado hasta nuestros días con un interesante desarrollo y escasa contaminación procedente de otras lenguas (aunque sí del castellano). Lo que sí que cercenaron aquellas autoridades fue la plasmación de esas lenguas en obras literarias y, sin embargo, considero que la recepción castellana de las obras de escritores castellano-parlantes como Lope de Vega, Góngora, Quevedo o Cervantes hubiera ensombrecido cualquier obra española en otra lengua. De todos modos, salvo el caso de la lengua vasca, en las otras dos hay una rica literatura, salvo en el periodo comprendido entre los siglos XVI y XVIII.
Luego de todo ello vino la Reinaixenca, etc., y hasta nuestros días todo lo sabido... Ahora bien, cuando hablamos de “normalización lingüística” en términos absolutamente políticos veo una falta de conocimiento absoluta: por una lado es obvio que los habitantes de las tres antedichas regiones deben usar con normalidad ambas lenguas y, en caso de duda, la que establece en primer lugar la Norma Fundamental del Estado, que es la Constitución y no un Estatuto. Y ese caso es el español. Por otro lado, el uso va por caminos diferenciados, pues en los últimos diez años el crecimiento de hablantes, según las estadísticas medias, de las tres lenguas cooficiales, ha supuesto un incremento de 250.000 hablantes en cada caso (lento, a pesar de los esfuerzos), mientras que el español, cuya extensión es mayor por obvias razones transoceánicas, ha crecido 100.000.000, pasando de 400 a 500 millones y siendo ya la tercera lengua del mundo en número de hablantes. Es decir, que sustituir el bilingüismo por un aplazamiento no es más que empobrecer al hablante y no ir contra la lengua española, que crece más allá de planteamientos políticos. Cambiar el bilingüismo por la diglosia es un error que puede acabar con la propia lengua, como ya le ocurrió al Latín.
Eso no quita que yo defienda que en los centros educativos deba impartirse gallego, catalán y vasco; incluso no sólo la asignatura bajo ese nombre, sino algunas particulares como geografía de esa comunidad, literatura de esas lenguas, etc. Pero el español, las matemáticas, la física, etc., pueden muy bien impartirse en castellano o a la libre elección del estudiante. Es evidente que si bajo la dictadura no desaparecieron las lenguas cooficiales a pesar de la imposición, tampoco van a crecer ampliamente esas lenguas por mucho que se quiera imponer por decreto lo que el ciudadano debe adoptar de forma voluntaria. Otra cosa es que el ciudadano elija, porque si elige libremente el catalán, por ejemplo, será muy competente hablando en catalán.
5 de enero de 2010
Lenguaje e intención en 2010


Espero pues, una auténtica dedicación al lenguaje en 2010.
24 de octubre de 2009
La traición o cambiar de chaqueta

España es un país de gente cambiante, no lo podemos negar; sobre todo en gente que conoces que es voluble y, además, ese ‘cambiarse de chaqueta’ no se sucede por haber variado el punto de vista de una cuestión, algo que sería legítimo, sino que se produce por una necesidad morbosa de congraciarse con el poder (generalmente político). También, en mi opinión, es un residuo de una pobreza intelectual implacable.
Según pasa el tiempo analizo que ha habido mucha gente que me ha decepcionado, no porque creyera en ella o porque estuvieran en mi órbita ideológica, no; me han decepcionado porque he tenido que entender su punto de vista en un determinado momento y justo el contrario poco después. O a gente que ‘no podía ni ver en pintura artística grafitera’ a determinada persona y, al poco, se sentaban juntos a comer. Aquellas palabras de denuesto se cambian ahora por palabras de elogio, vaya Usted a saber con qué fin o con qué segunda intención. El que cambia sigue siendo el mismo y el otro también. Los romanos, para este caso, tenían una frase genial que el cónsul Servilio Cepión dijo a los traidores a Viriato: “Roma no paga a traidores” (Roma proditoribus non praemia solvit). Una frase bastante buena e ilustrativa.
Allá aquellos que se ‘cambian de chaqueta’ y con ello traicionan su propio punto de partida y a los que partieron con ellos. Dice también un refrán que “no hay mal que, por bien, no venga”. Yo siempre he sido ‘políticamente incorrecto’, pero jamás he cambiado de bandera.
9 de julio de 2009
Apellidos españoles
Desconozco la formulación y la derivación de los apellidos de otros países cuya lengua sea la inglesa, la francesa o la alemana, entre otras. En Lengua Castellana tendríamos que hablar de tres tipos primarios de formación de los apellidos desde el punto de vista lingüístico: 1) por derivación de nombres propios, 2) por asimilación de topónimos y 3) por adaptación de sustantivos o adjetivos. Respecto del primer caso sostenemos muchos filólogos que en la Edad Media y la Edad Moderna, al menos (dejando al margen cómo funcionaba la formación de patronímicos en épocas anteriores), lo fundamental era denominar al individuo por su nombre de pila (‘Martín’, ‘Sancho’, ‘Rodrigo’) y a sus descendientes se les nominaba en función del cabeza de familia, p. e.: “Mencía, hija de Rodrigo”. La Lengua Castellana, como he mantenido en ocasiones anteriores, tiende por inercia a la economía lingüística, del tal modo que la última frase que he citado “supone” una denominación larga fonéticamente, por lo que la derivación daría paso a que, en lo sucesivo, se dijese “Mencía de Rodrigo” o “Mencía Rodríguez” (el sufijo -ez de los apellidos españoles entendemos que viene a decir “de”) y de igual modo el resto de casos: ‘Sanchez’, ‘Martínez’, etc. La RAE, al respecto, es escueta y dice, en el diccionario, que es el “apellido que antiguamente se daba en España a hijos, formado del nombre de sus padres”. Esta denominación que se ha explicado afectaba generalmente a los miembros de familias aristocráticas (entendiendo por tales la realeza, la nobleza, el ejército y el alto clero), quedando el segundo caso que indicaba para familias inferiores. La asimilación de topónimos denominaba fácilmente a un ciudadano de un determinado lugar para distinguirlo del habitante de otro distinto pero con su mismo nombre, p. e.: “Juan de Segovia”, “Miguel de Madrid” (donde hoy queda “Juan Segovia” o “Miguel Madrid”); incluso esos topónimos eran menos concretos y hacían referencia a lugares del entorno, no únicamente del núcleo urbano, p. e.: “Lope de la Vega”, “José de la Sierra”. Las familias aristocráticas, para distinguirse entre sí, también formaban sus patronímicos con la unión de la derivación y la asimilación: “Rodríguez de Vera”, “Martínez de Castilla”, “Fernández de la Vega”, etc. La última de las formas de creación de patronímicos en lengua castellana es la adaptación como apellido de un sustantivo o adjetivo que se une al nombre propio, p. e.: “José Luis Moreno”, “Yolanda Castaño”, “Celia Blanco”, “Luis Herrero”, “José Hierro”… Los notables, del mismo modo que en la formulación anterior, también adaptaban su apellido a esta última modalidad con el fin de distinguirse de otros patricios, p. e.: “Ladrón de Guevara”, “Pérez-Pastor”, “Sánchez de las Brozas”, “García de la Concha”.19 de mayo de 2009
Cuestiones del lenguaje

29 de abril de 2009
El enunciado y la intención del 'decir'
Muchas veces se pervierten las verdaderas intenciones del ‘decir’. La palabra, con su sentido estricto, enuncia realidades y el ‘decir’ es la transmisión de las mismas, pero ese ‘decir’ se pervierte, como decía, cuando el medio es electrónico. La emoción y la intención del enunciado, oral, no es la misma que la de la semántica escrita y, cuando esta última es literaria, al menos despierta efectos contrarios en el lector. ¿Cuántas veces nos confundimos con las personas cuando estas pronuncian, o ‘dicen’, con la intención perversa del lenguaje en manipulación electrónica? Otra cosa es cuando el interlocutor busca efectos dañinos o abusa del lenguaje cual arma de aniquilación psicológica. A veces entramos en páginas web y dejamos un breve comentario, que despierta admiración o animadversión en el lector posterior, quien a su vez deja otro comentario de adhesión o de repulsa y, todo, bajo los efectos del abuso del lenguaje. El ‘decir’ es, pues, la principal arma de comunicación, pero el ‘decir’ no es la propia comunicación, el ‘decir’ es la intención comunicadora y, como tal, debe estar aderezada de buena intención o de metáfora o de ironía o, simplemente, de mala leche. Nos parece que ‘decir’ es gratis pero detrás del ‘decir’ debe necesariamente haber una buena intención, esto es, el lenguaje como construcción comunicativa; aunque de esto último elimino el lenguaje político y el lenguaje periodístico: el primero nunca es constructivo sino que se sustenta en la destrucción del ‘decir’ contrario, en contraponer un ‘decir’ a otro ‘decir’ y, el lenguaje periodístico, como en el caso de la gripe porcina, enerva y alarma, mas que tranquiliza. El ‘decir’, sin emoción implícita, no sirve de nada. Si en el ‘decir’ “te quiero” no existe el sentimiento, la realidad que se enuncia es falsa y entonces el lenguaje antes o después va a destruir. A veces la imagen constituye un todo con el ‘decir’, o con el principio del ‘decir’, y la belleza del erotismo (en poesía) se convierte en parte del enunciado y constituye una realidad lingüística y literaria, o lo que es lo mismo, poner palabras a lo que uno ve detrás del placer del hedonismo. ‘Decir’ la verdad es lo más complejo, porque la verdad tiene que tener la honestidad detrás, aunque sin la verdad y sin la honestidad juntas quizá lo que no se posible es el ‘decir’.3 de febrero de 2009
Cuestiones de Lengua Española
Ayer me topé con un pie de foto en “La Tribuna de Albacete” en el que el corresponsal del diario escribía: “los tobarreños pasean la ‘efigie’ de San Antón”. La frase, a priori, no es incorrecta si se saca fuera de contexto, pero si analizamos la misma en su sentido religioso podría ser más correcta. Para empezar, un grupo humano no ‘pasea’ a un Santo (de hecho un grupo escultórico no pasea puesto que es inerte), sino que ‘lo saca en procesión’; también es mucho más adecuado hacer uso del término ‘imagen’ referida a la representación de una ‘santidad’ o ‘divinidad’ que ‘efigie’, cuya semántica incide más en lo profano: “la efigie del César en una moneda”, “la efigie del rey en un billete de 10.000 pesetas”, etc. Esta semana Apát Lajos se ha referido a varias cuestiones de la Lengua Española. Discrepo matizadamente con él en algunas y en otras coincido. Por supuesto, el locutor de RNE que hace referencia a un ‘ciego’ para, a continuación, rectificar señalando que esa misma persona es ‘discapacitada visual’ está acudiendo a lo políticamente correcto por encima de otras cuestiones. ‘Ciego’ puede parecer un término ‘impuro’, ‘deshonesto’ o ‘deshonroso’ si el hablante lo verbaliza con un tono hiriente o irónico; si se le da el contexto adecuado ningún invidente debe sentirse ofendido. Los hablantes españoles suelen tender a pronunciar ‘Uropa’, ‘Usebio’ y otros términos así no por incultura, sino por dos razones lingüísticas: a) la estructura silábica de la palabra castellana, como ya escribí en otro post, consiste en una estructura tal que ‘v-c-v-c-v-c’ o, en su defecto, en ‘c-v-c-v-c-v’, en donde ‘c’ son las consonantes y ‘v’ las vocales. Para el hablante medio, el rural, por ejemplo, la modificación de una estructura tan simple implica una deficiencia oral, luego pronuncia mal en castellano. Un estudiante de español que proviene de lenguas cuyas estructuras son diferentes (por ejemplo, el eslovaco), como son las eslavas o anglosajonas, al aprender mi lengua no desestima la pronunciación de ‘-ll’ final o doble consonante o doble vocal. B) Otra historia es la que manifiesta un opinante del Blog citado en el que manifestaba que la gente dice ‘turmix’ por ‘batidora’. En los años cincuenta se popularizó hasta el extremo el fútbol en España y la gente en lugar de ‘fuera de juego’ decía ‘orsay’. No se puede pedir al común que pronuncie en la España profunda con corrección ‘out side’ puesto que bastante tienen con medio saber útilmente el español. El español peninsular está compuesto del castellano estándar y de los dialectos meridionales, todo ello proveniente del Latín Vulgar, por lo que no se puede analizar en un todo lo que deber ser estudiado, como hizo Rafael Lapesa, individualizando.5 de enero de 2009
Lenguaje intelectual; lenguaje político...

27 de diciembre de 2008
Refranes
En la cultura española existe un gran número de refranes. Estos adagios; esos dichos tienen su formación en el espíritu colectivo de la sociedad y han ido pasando de padres a hijos de forma oral. Bien es cierto que un estupendo compendio de los mismos está recogido por Miguel de Cervantes en su magistral “Don Quijote de La Mancha” por boca de Sancho Panza. Los refranes son compendios de sabiduría que se reflejan en frases concisas, concretas y directas. Veamos un ejemplo: ‘por la boca muere el pez’, que se suele decir cuando alguien que habla mucho acaba por confesar sus más escondidos secretos como acción directa de su verborrea. En algunos sitios de España a estos personajes se les llama ‘bocachapa’. Normalmente se suele utilizar otro, ‘dime de qué presumes y te diré de qué careces’, para todas aquellas personas que suelen elogiar efusivamente sus propias virtudes o cualidades intentando dejar de lado a los demás; esto es, que aquel que dice que le sobra mucho de algo es porque oculta que lo que realmente le ocurre es que le falta. Un refrán con el que, personalmente, nunca he estado de acuerdo es aquel que reza que ‘los amores reñidos son los más queridos’. Originalmente significaba que al hombre que le resultaba difícil conseguir el amor de una dama luego valoraba en mucho a la dama y a sus sentimientos si la obtenía; por el contrario, la perversión actual de la semántica de la frase indica que aquel que se pelea en exceso con una dama es porque la quiere, y viceversa. Me barrunto que si ponemos de por medio la Ley de Violencia de Género el refrán no sirve. A veces es muy verdadero aquel adagio popular que reza que ‘no hay mal que por bien no venga’, que viene a ser un resumen de que en determinadas circunstancias para que salga algo bueno de una situación es necesario, primero, que ocurra algo negativo de lo que aprendamos la lección. Sin embargo, para terminar, Don Quijote, harto de que Sancho estuviera siempre pronunciando refranes, le soltó: “hombre refranero, hombre puñetero”. Pues ello.
27 de noviembre de 2008
Más curiosidades lingüísticas
Cada hispanohablante utiliza de forma habitual un vocabulario de en torno a unas 700 palabras diferentes, tomando como vocabulario estándar 1.400 términos. De ellas, entre un 50% y un 60% son palabras de origen árabe, sobre todo las que se inicias por ‘a-‘ y ‘al-‘, como ‘Albacete’ (‘basta llanura’) o ‘Albarda’; este último término se puede usar de una forma despectiva: ‘eres más tonto que una albarda’, como si la inanimada ‘albarda’ tuviera la capacidad de sentir y/o discernir. Decía ayer G. A. que los andaluces quieren hacer uso de una grafía propia para decir ‘cohone’ en lugar de ‘cojones’ (con perdón). Lo que no saben los andaluces es que aspirar la ‘j’ o la ‘f’ es una costumbre hispana que viene de una deformación lingüística. En La Rioja, allá por la Edad Media, el agua carecía de cloro, por lo que a los hablantes se les cayeron los dientes y dejaron de pronunciar la ‘f’ (para ello hay que posar la lengua sobre los dientes, ‘palatalización’) y pasaron a aspirar como los andaluces; de ahí, ‘harina’ por ‘farina’ o ‘hierro’ por ‘fierro’. Hoy día con el cloro en el agua, decimos ‘ferrocarril’. Los andaluces tienen una fórmula meridional de hablar, por lo que cambian ‘r’ por ‘l’ (‘sordao’ por ‘soldado’) y mil cosas más. Ellos tienen su propio vocabulario; por ejemplo, ‘jumera’ o ‘jamacuco’ se traducen por ‘borrachera’ y ‘dolor’. ‘Se ha pillado una buena jumera’ (‘Se ha pillado una buena borrachera’) o ‘le ha dado un jamacuco’ (‘Le ha dado un dolor’). Pero hay más. Tenemos por costumbre decir en términos políticos que ‘el gobierno ha aprobado un paquete de medidas’... ¿los paquetes se fabrican o se aprueban? ¿Las medidas se pueden meter en un paquete? Lo correcto sería decir ‘el gobierno ha aprobado un conjunto/grupo de medidas para...’. Incluso se debería decir con mayor corrección ‘el gobierno ha aprobado una serie de medidas’, porque las medidas si pueden formar una serie matemática. La prensa habla de ‘Madrid aprueba un reglamento para los porteros’... ¿La ciudad de Madrid por sí sola? ¿Madrid o el Real Madrid? Lo correcto sería decir ‘el alcalde de Madrid hace aprobar un reglamento’. Las ciudades y los países no deciden, sino que deciden sus gobiernos o sus representantes. “Los Estados Unidos eligen hoy a su nuevo presidente”. ¿Todos los Estados? ¿Sólo unos pocos...? ¿O habría que decir que “los norteamericanos eligen hoy a su nuevo presidente”? Seguiré...





