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25 de noviembre de 2016

Hablar con comida



Lo cierto es que la lengua española tiene una especial querencia por utilizar la comida con intención expresiva, quizás mucho más intensamente que otras lenguas. Así, ese sentido metonímico vale como referente para hablar del físico, por ejemplo: las expresiones “tienes la piel de naranja” o “tienes la cara como una paella” sirven para hablar de ‘celulitis’ y ‘acné’ e, incluso, cuando una gripe nos acomete tener “la nariz como un tomate” habla de moqueo superlativo. Análogamente, para quitarse a alguien de encima o mandarlo lejos, según sea el caso, podemos oír “que te den morcilla” o “una porra” (dícese esto último como sinónimo de ‘churro’), también se oye negar exclamando “¡y un huevo!” Añadamos que un bebé “hace pucheros” cuando llora. Pero para dejar las cosas claras hablamos de que “al pan, pan y al vino, vino” o que algunos asuntos son “como las lentejas, si quieres las tomas y si no, las dejas”; aunque también loamos a nuestros amigos diciendo “eres la pera”. En el mundo de la política se puede ser “chorizo” o se puede “dar la vuelta a la tortilla”, siendo poco aceptado por el pueblo lo primero. Eso sí, a nuestro jóvenes les gusta más usar ciertos alimentos (“peras”, “manzanas”, “melones”, “cocos” o “plátano”) con connotación físico-erótica. Así es el español.

30 de abril de 2014

Criticar el español sin conocer bien el español


Un diario de tirada nacional recoge un artículo sobre la reportera María Irazusta (27.4.2014), autora del ensayo Las 101 cagadas del español. Opina quien firma el artículo que el libro, que en verdad es interesante, "nos saca los colores a periodistas... y escritores". Claro que, puestos a criticar a la RAE en el mismo, entiendo yo que lo mejor es hacerlo con criterio. Leamos literalmente: "No entiendo como siguen admitiendo 'asín' o 'madalena'. Son palabras que ya no se utilizan", se escribe, recogiendo declaraciones de la escritora. Pues bien, ese cómo lleva tilde, puesto que la oración, sea consciente de ello o no la escritora del artículo, es interrogativa. En segundo lugar, la autora del interesante libro, editado por Espasa, deja claro que viaja poco por España; esto es, sale poco de Madrid y, posiblemente, por la fotografía, de círculos con variedad diastrática alta. Sur de Albacete, año 2014: una persona que sale en una hermandad de Semana Santa cuya advocación es María Magdalena dirá "salgo en la madalena"; en el mismo sentido, una señora del Sureste de España (de nuevo Albacete o Murcia) que entre en una panadería pedirá 'madalenas' (media docena, una docena, lo que sea...). Insisto, en 2014. Nos bajamos un poquito más, a Andalucía, y personas de mediana edad que cuentan sus problemas al médico, al concejal de turno, a quien sea, concluyen su aserto con un 'asín que...'. Entonces... ¿por qué iba a desterrar la RAE dos vocablos totalmente vivos y en uso en el español estándar? Cuando uno cursa Filología le dicen aquello que a su vez dijo un día don Ramón Menéndez Pidal: "salir a la calle y escuchar". 

1 de noviembre de 2013

El desorden de los nombres


Para Elena, que hoy necesita mimos...

Una vez alguien piropeó a la excelente poeta Yolanda Castaño diciendo que no en vano su nombre empieza por yo y su yo poético es excelente, algo con lo que estoy totalmente de acuerdo. También es verdad que Sabina (ahí la tienen con su serena belleza, en la fotografía que ilustra este post) me da pie a irme con ella un sábado (sa- de saturday) de marcha por su Praga tan admirada por mí. Elena empieza por él (o su variante ella), luego lo dice todo, la totalidad de la amistad o de la intensidad de una relación, por ejemplo: todos decimos 'él' o 'ella' para omitir el nombre propio de quien amamos o nos gusta o quien comparte su vida con nosotros. Noemi, además, empieza por no, o sea, negación de entrada... Las cosas son así. Esther (estoy pensando en una de mis mejores amigas) es, lo es, la totalidad de serlo como amiga. Víctor, por añadir algún masculino, es la victoria y quien lo conozca no dudará. Mamen, me paro a pensar, tiene instinto de madre (ma- de madre) aunque sea de eso que hoy día se dice de tu mascota; o Inma, con esa preposición inglesa (in) que denota lo que está de moda: bien es cierto que no conozco a nadie cuyo nombre empiece por out, justo lo contrario. Mila representa la milésima (mil-), recurso indudable para alguien que, como ella, se dedica a la restauración. Belén (que esto lee y empieza por bel-) no deja de ser una adolescente hermosa escritora... Y... finalmente, Francisco: ese inicio para algunos con fra- de fracaso o fra- de fraternidad, ustedes elijan.

2 de junio de 2013

Lenguaje y eufemismos


Antiguamente, la Facultad de Ciencias de la Información y mucho antes aún la Escuela de Periodismo tenían la costumbre de dar algunos cursos de Lengua Española a sus asistentes, lo cual enriquecía -en mi opinión- el habla cotidiana de los reporteros y locutores. Aquello fuese y no hubo nada. Los políticos se ejercitaban por las mismas calendas en la oratoria, pero ya sabemos que en los días que corren se ejercitan en otras cosas, bien distintas.
 
Personalmente, me quedo algo confuso cuando empiezo a oír eufemismos en la televisión. Téngase por caso que en el gobierno se dice ajuste a lo que desde la oposición se denomina recorte. Para mí no es lo mismo decir, por ejemplo, "me voy a recortar el cinturón de seguridad" que indicar que "me voy a ajustar el cinturón de seguridad". Ajustar, parece ser que en español indica una acción consistente en "hacer y poner algo de modo que case y venga justo con otra cosa" y recortar es "disminuir o hacer más pequeño algo material o inmaterial". En fin, que no es idéntico 'recortar la plantilla de profesores' que 'ajustar la plantilla de profesores': lo primero es despedirlos de su empleo y lo segundo es racionalizarles el horario. Tampoco es lo mismo entrar en recesión (una depresión pasajera en la actividad económica) que estar en crisis (una mutación importante, que no es pasajera e implica cambio). Frecuentemente oímos el término ruso troika, que suena a comunismo puro -a los soviéticos aquellos de la televisión en blanco y negro, asomados al balcón del Kremlim-, en vez de oír hablar de un triunvirato, que proviene del Imperio Romano, del cual, al menos hasta que nos digan lo contrario, somos descendientes culturales y lingüísticos. Eso sí, hay sabios que se descuelgan con el "eso viene de Bruselas" (¿Sólo? ¿Acompañado? ¿En avión?) en lugar de decir "eso lo envían desde Bruselas" (en este caso sí puede ser por carta, mail, fax o en propia mano).
 
Ahora, que quienes rizan el rizo son los comentaristas de fútbol: giran, por regla general, hacia lo bélico, que supongo que les implica más masculinidad, aunque en nuestros días la guerra, ya se sabe, no es cosa de sexos. Algunas veces nos dicen que el futbolista ha 'pegado un barrenazo' (sin saber, por cierto, que barrenar es hacer un agujero en el suelo) o ha lanzado un obús (sin saber, igualmente, que el obús es una pieza de artillería, no la bomba). También disparan, bombardean (la portería e incluso, alguna vez, al público de las gradas), etc. Eso sí, lo más in es cuando indican que el futbolista "la mete", que a mí me sugiere hasta cierta intencionalidad sexual. Esto es lo que hay.



6 de enero de 2012

Habla La Mancha


A Alexandra, que pidió un poco de humor.



Hay gente que piensa que la forma en que se habla en La Mancha, es decir, el idiolecto particular de ese territorio, es de incultos, de gente poco cultivada en el idioma. Error, inmenso error. Lo que se dice hoy en La Mancha es un residuo de aquella lengua que se fijó normativamente en el Siglo de Oro y que tiene su exponente máximo, por ejemplo, en Don Quijote de La Mancha o en las comedias de Lope de Vega. Así pues, tras la introducción viene el asunto.

En La Mancha se dice ‘rail de las cortinas’, en lugar de riel. También ‘almóndiga’, ‘termargil’ y ‘cuencal’ (defectos fonéticos de la zona, como en La Rioja, cuando caían los dientes por falta de calcio en el agua, se pasó del sonido h- al f- inicial). Al fideo se le dice ‘aletría’ y al ajillo ‘patagorrilla’; del mismo modo que el jamón es el ‘pernil’ (aragonesismo). A los cordones, ‘cordonera’. Y en lugar de enviar a alguien a la mierda lo mandas ‘al pijo’. Eso sí, tenemos tontos muy peculiares: ‘el más tonto que una albarda’ o el necio superlativo, ‘el tonto el pijo’. Y si al lector no le gusta lo que he escrito, se dice ‘atié usté… te paece si el licenciao’.

Bajo la Monarquía de Alfonso X El Sabio La Mancha fue repoblada por gente del Bajo Aragón, por lo que compartimos con esas tierras diminutivos como ‘bonico’, ‘hermanica’ o ‘tocinico’. En la Lengua todo tiene su origen y su explicación, como todo; y que uno se guíe hacia un término (borrachera: ‘jumera’) no es cuestión de nivel, sino de tradición.

17 de febrero de 2011

Hablar bien: "a la altura del betún" y otras expresiones


Tenemos por costumbre aplicar (la) economía de palabras, por llamarle de algún modo, a la forma de hablar habitualmente en español. Cierto es, como ya decía en un post de 2008, que nuestra lengua responde a un sistema fonético muy sencillo, en el que combinamos consonantes y vocales (c-v-c-v-c-v ó v-c-v-c-v-c-v) y por tanto nos resulta complejo pronunciar dos consonantes juntas. Pero ese no es el caso.

A mí, por ejemplo, me molesta mucho que la prensa nos haga creer que las ciudades o los países hablan y toman decisiones por sí mismas, de tal modo que leemos “Madrid ha dicho que no a Rabat” o “Berlín no está dispuesto a dar más ayudas”. Si tomamos el titular de prensa por lo recto, es decir, por lo que dice, el primer caso debe ser que la capital de Marruecos ha debido pedir matrimonio a la capital de España y esta última, sin contar con nadie (ni alcalde ni rey ni ciudadanos), ha dado calabazas... y, sin embargo, resulta ser que el gobierno de España, afincado en Madrid, ha negado algún acuerdo al gobierno de Marruecos, afincado en Rabat. En el segundo caso, entiendo que la ciudad de Berlín, que debe tener cuenta bancaria propia, está decidida a no dar más dinero a nadie, sin avisar a la Canciller alemana siquiera. Bueno, pues resulta que el periodista quería decir que el gobierno de Alemania, afincado en Berlín, no va a ayudar a ningún otro país a sanear sus cuentas públicas. Bien me dirán los chicos de la prensa que es una forma de llamar la atención, de titular o de ahorrar palabras en el titular, pero la Lengua no entiende de trampas ni de ahorros.

Hay alguna gente, que pasa por bien hablada, es decir, que se autotitula culta, que además de hipercorregir (esto es, decir Bilbado en lugar de Bilbao, por influjo de 'pescado'), tiene por costumbre (y esto es muy frecuente en la televisión) decir “estuvistes” o “hablastes”. Como el lector observará, los dos ejemplos provienen de la segunda persona del pretérito perfecto simple, cuyo valor es absoluto, pues designa una acción pasada totalmente concluida. Esa gente que pulula por los decorados televisivos, suponiéndose a sí mismos periodistas (sin título) o famosos (sin mérito), pero sí deformadores de la Lengua, suelen construir frases como la que sigue: “Tú estuvistes hablando con él” o “Tú hablastes con él” (incluso el word del ordenador lo rectifica de inmediato) y la calle, siempre atenta a pensar que el famoseo es más culto de lo que pensamos, lo imita. Claro, ir de fino o fina y meter la pata es quedar a la altura del betún.

Para terminar. “Ha quedado a la altura del betún”. Bien, todos sabemos que el betún suele utilizarse para pavimentar carreteras o calles o para impermeabilizar cascos de barcos, etc., por todo lo cual suele quedar adherido al suelo; y ahí es donde queda (o va su buen nombre) la gente que al equivocarse suele ir: “a la altura del betún”.

(Continuación de mi post de 25 de noviembre de 2008: “Bledo, chisme y otras expresiones”: http://literaturaculturaypolitica.blogspot.com/2008/11/bledo-chisme-y-otras-expresiones.html)

15 de diciembre de 2010

Defensa del español


Pues sí, a mí, simplemente me da igual si los políticos del pasado -Siglo de Oro y mucho después- se comportaron autoritariamente con otras lenguas también de España o del extranjero: simplemente enjuicio el presente y la libertad de expresarse en cualquier lengua; además, que apuesto en firme por el bilingüismo. Yo defiendo el español que es, entre otras muchas cosas positivas, el idioma que hoy hablan 500 millones de hablantes. Soy, de profesión, filólogo, es decir, que mi vocación es la Lengua Española y toda la Literatura que conlleva, desde Jorge Manrique y el marqués de Santillana hasta Lauren Mendinueta, pasando por Miguel de Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Calderón, García Lorca y Mario Vargas Llosa, entre otros miles. Si hay políticos que se confunden (ya sabemos que lo normal en los políticos de hoy es su nula cultura e ínfimo nivel intelectual) y hacen uso de los idiomas como arma arrojadiza política, allá ellos y nosotros con nuestra parte de culpa por perseverar en votarles y prestarles atención... Lo que no puedo soportar es que para defender tesis o posturas, insisto que fundamentalmente excluyentes, se insulte o se menosprecie la Lengua Española (dice la RAE que es Lengua Castellana en el contexto nacional; es decir, al hablar de Lengua Catalana, Lengua Gallega y Lengua Vasca y yo estoy de acuerdo en eso) y cuando un Premio Nobel de Literatura, de habla hispana y pluma en español, se pronuncia, está demás que haya pseudo-intelectuales (que dicen ellos que lo son, que habría que mirar si realmente hacen uso del intelecto cuando no se separan del ‘statu quo’ establecido ni saben hablar correctamente...) y politiquillos que lo ataquen. Se viene y se va con que un intelectual no puede opinar si defiende la unidad de España y el uso del español; en este punto recuerdo al sarcástico Fernando Vizcaíno Casas cuando decía que “fascista es aquel que llama fascista a otro”.

A lo que voy... La riqueza que tiene la cultura española en nuestros días es la diversidad lingüística y las diferentes modalidades de idiolecto que, incluso, se hablan bajo el mapa de uso de una misma lengua. Reconozco que, además de ser filólogo sobre la Lengua Española, he contraído el interés por leer autores en gallego, por ejemplo la poesía de Yolanda Castaño y algunas cosas de Manuel Rivas y me he infringido a mí mismo el esfuerzo por aprender, siendo consciente que nunca llegaré a dominar el gallego porque soy negado para los idiomas. Y sé, eso sí, que mucha otra gente que vive, por ejemplo, en Madrid, lee directamente en catalán siendo castellano-parlantes. Entonces... ¿por qué esto? Muchos días pienso que se vive muy bien de la polémica...

6 de octubre de 2010

"Ser guapa, estar guapa"


¿Estar fea? ¿Ser guapa? Cotidianamente hacemos uso de expresiones que indican nuestra presencia física pero que, en mi opinión, depende de la mirada con que se vea y del estado de ánimo; por tanto, es algo subjetivo. Hablando por teléfono hoy con Mamen me decía “estoy fea”, lo cual es algo subjetivo (como he escrito) según su mirada; y psicológico, puesto que yo, por el contrario, siempre la encuentro “guapa”. Evidentemente los roles y los prismas del hablante son siempre distintos aún haciendo uso del mismo lenguaje. Pero, ¿qué es estar feo? Si atendiéramos a la sociología “estar feo” es verse distinto que otras veces, en las que uno “está guapo”. Una misma persona no puede estar fea o guapa, porque guapo o feo se “es” y no se “está”. Por lo tanto, Mamen es guapa, salvo que si un día sale a la calle sin peinar o con ojeras lo que puede es “estar poco arreglada” o “desmejorada”, pero no es “estar fea”. Es como cuando se dice que alguien “está bueno o está buena”, expresión figurada donde las haya (que siempre se refiere al atractivo y la belleza), dado que uno normalmente no prueba (a priori) a la persona que sí mira. Es la recalcitrante forma de ser, valga la redundancia, del verbo ser y del verbo estar. Ser es intrínseco y estar es extrínseco.

Ahí dejo hoy una foto de la actriz Adriana Ugarte, que podéis ver en La Señora (de TVE) y que también ha realizado teatro (La casa de Bernarda Alba, 2006). Reconozco que es una gran actriz con un excelente registro dramático.

23 de agosto de 2010

"Desanchá", 'ensanchá', 'creída'...


Voy a decirlo con un poco de humor. El mundo en general está lleno de “desanchados”, sobre todo de “desanchadas” o “desanchás”. Este término proviene del verbo ‘ensanchar’, sobre todo de la segunda y tercera acepciones, según la RAE: “2. prnl. Envanecerse, afectar gravedad y señorío. U. t. c. intr. 3. prnl. Hacerse de rogar”. ¿Qué vengo a decir con esto? Bien, salgo algunas noches de fiesta, con la intención de tomar algo y, si se tercia, para conocer gente; pero lo que atisbo es una suerte de damas, damiselas, mozas o mozuelas, que podríamos denominar “desanchás”, esto es, no se dignan a hablar con nadie por su presunto ‘señorío’ (ver la acepción segunda de antes) o porque todos los hombres que pululamos por los alrededores (listos, tontos, guapos, feos, de pueblo, de ciudad, ricos, menos ricos, etc) somos “poco dignos” de entablar conversación o debemos insistir (acepción tercera). Ellas necesitan otra cosas que no tienen clara pero si viniera un príncipe nórdico a pedirles matrimonio le sacarían algún defecto y lo rechazarían. Algunas de estas jácaras o jacarandinas, que no jacarandosas, siguiendo a Francisco de Quevedo y tomando también algo de su misoginia (que no viene mal algún que otro día) son así, princesas mentales, que leen “Hola” y “Lecturas”, suelen ver “DEC” y otras basuras de la TDT (y, por cierto, su dicción es deficiente) y no han viajado más allá de Despeñaperros (teniendo en cuenta que es paso obligado entre dos de las más hermosas zonas, regiones, lugares de España). Es decir, que la casa tiene una hermosa fachada con un interior en ruina inminente. En fin, la España de Lázaro de Tormes y de Quevedo en su exacto punto en pleno siglo XXI. Y si no, vengan y compruébenlo.
(Para quienes no seáis de un medio rural ni hacéis uso del español peninsular, tomad la palabra “desanchada” como literal sinónimo de “creída”).

26 de mayo de 2010

Más sobre Lengua

“Perder la cabeza” es una expresión que viene a decir dos cosas: 1) que alguien, por despiste, descuido o desinterés, ejercita poco la memoria y, por tanto, va a perder capacidad memorística y 2) que alguien, a sabiendas (y con buenas dosis de irreflexividad), admira o idolatra a otra persona (amor, líder, héroe, etc) ensalzando sus virtudes y rebajando a una mínima expresión sus defectos. La Lengua Española, a pesar de los muchos avatares y contaminaciones procedentes de otras lenguas, es rica en este tipo de expresiones de doble sentido. El otro día, escribiendo el “abstract” en inglés de un artículo mío, no caí en la cuenta de que “golpe de Estado” no existe como tal expresión en la lengua de Shakespeare, sino que se sustituye por la expresión francesa “coup d'état”. Esa es la riqueza de nuestra Lengua y una de las circunstancias de su crecimiento en número de hablantes.


Es muy posible que, ayer, hablando sobre las lenguas de España y la “normalización lingüística” que ejercitan las CCAA, pecase de injusto en la valoración de los años de humos que vivieron el gallego, el catalán y el vasco. Es preciso que aclare que, efectivamente, institucionalmente hubo un férreo control censor sobre el uso normativo de la lengua y con más mecanismos en el caso de la Literatura (y a pesar de la creación de revistas, periódicos e instituciones como la Academia Gallega, para el caso galaico), que perjudicó un uso normal de esa lengua especialmente en los núcleos urbanos más castellanohablantes. No obstante, la tesis que sostuve o quise enunciar es aquella que incide en que las lenguas romances (o no) cooficiales en España no murieron gracias a que se siguieron hablando (sobre todo en el medio rural, pesquero, etc) contra corriente. Y que, por ello, más que una normalización férrea (gramática, ortografía, etc.) también debería realizarse una normalización académica (asunción de nuevos términos, etc) que permita que esas tres lenguas se conviertan en elementos comunicativos preferidos por los hablantes, más que sugeridos por los mismos.

25 de mayo de 2010

¿Normalización Lingüística?


Entiendo por “normalización lingüística” que, en determinadas regiones, no sólo españolas sino también del resto del mundo, un hablante pueda desarrollar, con la misma destreza comunicativa, una absoluta competencia lingüística en dos lenguas. Esto mismo se denomina, comúnmente, bilingüismo, y yo creo que enriquece al hablante, por lo que siempre he defendido el bilingüismo español-inglés en aquellos centros educativos que existen en regiones con una única lengua oficial. Lo peor de ello es que en España hace ya demasiado tiempo que la lengua se ha convertido en arma política, bagaje indispensable entre próceres enconados que quieren marcar como diferenciador algo que, en realidad, aglutina o debe aglutinar. Es decir, que los políticos, en lugar de fomentar la cultura la censuran.

En tres regiones españolas (Galicia, País Vasco y Cataluña) la unificación peninsular bajo el reinado de los Reyes Católicos y, en 1713, tras la Guerra de Sucesión la subida al trono de la dinastía Borbón, el uso de la lengua propia de allí se vio menoscabado, pero nunca eliminado. Sencillamente, si hubiera sido eliminado habría desaparecido esa lengua y, sin embargo, han llegado hasta nuestros días con un interesante desarrollo y escasa contaminación procedente de otras lenguas (aunque sí del castellano). Lo que sí que cercenaron aquellas autoridades fue la plasmación de esas lenguas en obras literarias y, sin embargo, considero que la recepción castellana de las obras de escritores castellano-parlantes como Lope de Vega, Góngora, Quevedo o Cervantes hubiera ensombrecido cualquier obra española en otra lengua. De todos modos, salvo el caso de la lengua vasca, en las otras dos hay una rica literatura, salvo en el periodo comprendido entre los siglos XVI y XVIII.

Luego de todo ello vino la Reinaixenca, etc., y hasta nuestros días todo lo sabido... Ahora bien, cuando hablamos de “normalización lingüística” en términos absolutamente políticos veo una falta de conocimiento absoluta: por una lado es obvio que los habitantes de las tres antedichas regiones deben usar con normalidad ambas lenguas y, en caso de duda, la que establece en primer lugar la Norma Fundamental del Estado, que es la Constitución y no un Estatuto. Y ese caso es el español. Por otro lado, el uso va por caminos diferenciados, pues en los últimos diez años el crecimiento de hablantes, según las estadísticas medias, de las tres lenguas cooficiales, ha supuesto un incremento de 250.000 hablantes en cada caso (lento, a pesar de los esfuerzos), mientras que el español, cuya extensión es mayor por obvias razones transoceánicas, ha crecido 100.000.000, pasando de 400 a 500 millones y siendo ya la tercera lengua del mundo en número de hablantes. Es decir, que sustituir el bilingüismo por un aplazamiento no es más que empobrecer al hablante y no ir contra la lengua española, que crece más allá de planteamientos políticos. Cambiar el bilingüismo por la diglosia es un error que puede acabar con la propia lengua, como ya le ocurrió al Latín.

Eso no quita que yo defienda que en los centros educativos deba impartirse gallego, catalán y vasco; incluso no sólo la asignatura bajo ese nombre, sino algunas particulares como geografía de esa comunidad, literatura de esas lenguas, etc. Pero el español, las matemáticas, la física, etc., pueden muy bien impartirse en castellano o a la libre elección del estudiante. Es evidente que si bajo la dictadura no desaparecieron las lenguas cooficiales a pesar de la imposición, tampoco van a crecer ampliamente esas lenguas por mucho que se quiera imponer por decreto lo que el ciudadano debe adoptar de forma voluntaria. Otra cosa es que el ciudadano elija, porque si elige libremente el catalán, por ejemplo, será muy competente hablando en catalán.

5 de enero de 2010

Lenguaje e intención en 2010





La palabra dicha tiene un inmenso poder de persuasión cuando se utiliza con la intención de captar al otro. Estamos inmensos en la era del lenguaje, constituido por el texto sms, el texto electrónico y la palabra, modulada como vehículo de transmisión imperdurable. Lo nefasto de nuestra palabra es cuando es utilizada con la inusual intención de la confusión (llamémosla así) o con una intención de “decir” no recta. Aunque, bien es cierto, la palabra que no va acompañada de la mirada es más propensa a la no-verdad, puesto que en el ejercicio emisor-mensaje-receptor, además del canal vocal, la mirada “dice” con toda la propensión de la manifestación.
 
Hay dos manifestaciones de la palabra en las que la intención es primordial: el lenguaje político y el lenguaje amoroso (sea o no sea esta un lenguaje también poético). En el ejercicio de la política el lenguaje es necesario, es el canal de transmisión indispensable para conformar un contrato entre el elector y el elegido y, por lo tanto, la manifestación del mismo y, en adelante, si se da el caso, la manipulación del mismo son notorios. No es lo mismo decir “tenemos futuro” que decir “podemos tener futuro”. La utilización fraudulenta del lenguaje en este ambiente es evidente y verbos como ‘construir’, ‘pactar’, ‘votar’, ‘declarar’, han perdido todo el sentido de su acción, puesto que el receptor ya no les da la verdadera acepción del Diccionario, sino que les atribuye un sentido figurado e irrisorio que antes no tenían.


En el lenguaje amoroso “querer” no tiene matización: un padre puede querer tanto a la esposa como a los hijos, de forma diferente o con distinta intensidad, pero el lenguaje no diferencia. Tampoco (creo yo) es lo mismo “querer” que “amar” e, incluso, no existe una palabra estándar para definir la mera “pulsión sexual”, puesto que el sentido escabroso o grotesco atribuido a los verbos al uso inciden en que se consideren tacos.

Espero pues, una auténtica dedicación al lenguaje en 2010.

24 de octubre de 2009

La traición o cambiar de chaqueta


Define el Diccionario de la RAE, en la acepción 9ª, la palabra “cambiar” como ‘modificarse la apariencia, condición o comportamiento. Ej.: Ha cambiado el viento. Ha cambiado el tiempo’. Bien, eso, de forma intransitiva, también se aplica a los que ‘cambian de chaqueta’. Tómese el caso para aquellos que cambian de opinión o idea según les acomode, según sople el viento o según lo que piensen cada vez que se introducen en el baño.

España es un país de gente cambiante, no lo podemos negar; sobre todo en gente que conoces que es voluble y, además, ese ‘cambiarse de chaqueta’ no se sucede por haber variado el punto de vista de una cuestión, algo que sería legítimo, sino que se produce por una necesidad morbosa de congraciarse con el poder (generalmente político). También, en mi opinión, es un residuo de una pobreza intelectual implacable.

Según pasa el tiempo analizo que ha habido mucha gente que me ha decepcionado, no porque creyera en ella o porque estuvieran en mi órbita ideológica, no; me han decepcionado porque he tenido que entender su punto de vista en un determinado momento y justo el contrario poco después. O a gente que ‘no podía ni ver en pintura artística grafitera’ a determinada persona y, al poco, se sentaban juntos a comer. Aquellas palabras de denuesto se cambian ahora por palabras de elogio, vaya Usted a saber con qué fin o con qué segunda intención. El que cambia sigue siendo el mismo y el otro también. Los romanos, para este caso, tenían una frase genial que el cónsul Servilio Cepión dijo a los traidores a Viriato: “Roma no paga a traidores” (Roma proditoribus non praemia solvit). Una frase bastante buena e ilustrativa.

Allá aquellos que se ‘cambian de chaqueta’ y con ello traicionan su propio punto de partida y a los que partieron con ellos. Dice también un refrán que “no hay mal que, por bien, no venga”. Yo siempre he sido ‘políticamente incorrecto’, pero jamás he cambiado de bandera.

9 de julio de 2009

Apellidos españoles

Desconozco la formulación y la derivación de los apellidos de otros países cuya lengua sea la inglesa, la francesa o la alemana, entre otras. En Lengua Castellana tendríamos que hablar de tres tipos primarios de formación de los apellidos desde el punto de vista lingüístico: 1) por derivación de nombres propios, 2) por asimilación de topónimos y 3) por adaptación de sustantivos o adjetivos. Respecto del primer caso sostenemos muchos filólogos que en la Edad Media y la Edad Moderna, al menos (dejando al margen cómo funcionaba la formación de patronímicos en épocas anteriores), lo fundamental era denominar al individuo por su nombre de pila (‘Martín’, ‘Sancho’, ‘Rodrigo’) y a sus descendientes se les nominaba en función del cabeza de familia, p. e.: “Mencía, hija de Rodrigo”. La Lengua Castellana, como he mantenido en ocasiones anteriores, tiende por inercia a la economía lingüística, del tal modo que la última frase que he citado “supone” una denominación larga fonéticamente, por lo que la derivación daría paso a que, en lo sucesivo, se dijese “Mencía de Rodrigo” o “Mencía Rodríguez” (el sufijo -ez de los apellidos españoles entendemos que viene a decir “de”) y de igual modo el resto de casos: ‘Sanchez’, ‘Martínez’, etc. La RAE, al respecto, es escueta y dice, en el diccionario, que es el “apellido que antiguamente se daba en España a hijos, formado del nombre de sus padres”. Esta denominación que se ha explicado afectaba generalmente a los miembros de familias aristocráticas (entendiendo por tales la realeza, la nobleza, el ejército y el alto clero), quedando el segundo caso que indicaba para familias inferiores. La asimilación de topónimos denominaba fácilmente a un ciudadano de un determinado lugar para distinguirlo del habitante de otro distinto pero con su mismo nombre, p. e.: “Juan de Segovia”, “Miguel de Madrid” (donde hoy queda “Juan Segovia” o “Miguel Madrid”); incluso esos topónimos eran menos concretos y hacían referencia a lugares del entorno, no únicamente del núcleo urbano, p. e.: “Lope de la Vega”, “José de la Sierra”. Las familias aristocráticas, para distinguirse entre sí, también formaban sus patronímicos con la unión de la derivación y la asimilación: “Rodríguez de Vera”, “Martínez de Castilla”, “Fernández de la Vega”, etc. La última de las formas de creación de patronímicos en lengua castellana es la adaptación como apellido de un sustantivo o adjetivo que se une al nombre propio, p. e.: “José Luis Moreno”, “Yolanda Castaño”, “Celia Blanco”, “Luis Herrero”, “José Hierro”… Los notables, del mismo modo que en la formulación anterior, también adaptaban su apellido a esta última modalidad con el fin de distinguirse de otros patricios, p. e.: “Ladrón de Guevara”, “Pérez-Pastor”, “Sánchez de las Brozas”, “García de la Concha”.

19 de mayo de 2009

Cuestiones del lenguaje


Siempre he sostenido, filológicamente, que el ‘decir’ del lenguaje, sin emoción, no tiene sentido; o lo que es lo mismo, el lenguaje se despersonaliza cuando no le ponemos intención. No será lo mismo indicar ‘te quiero’ pronunciado con pasión que un mero ‘te quiero’ con apatía. Las palabras deben ir acompañadas de la emoción del gesto y de la emoción del ‘decir’. Recientemente puse la radio y escuché varias frases sueltas: “lo ha fusilado con su disparo”, “le ha entregado un pase de la muerte”, entre otras. Creí que podía ser una radionovela o un documental radiofónico acerca de la guerra civil española o la segunda guerra mundial. No, se trataba de un partido de fútbol en el que el locutor quería expresar con “lo ha fusilado con su disparo” que el cancerbero había recibido un ‘golazo’. En el segundo caso venía a decir que el pase de pelota entre dos delanteros no podía tener otro final que un gol. ¿Entonces? Considero que esa emoción del lenguaje deportivo no puede conducir a otra cosa que a la violencia verbal porque, ¿cuántas veces no habremos oído en un partido de fútbol la expresión “mátalo” refiriéndose a que un defensa corte el avance de un delantero? El lenguaje deportivo se está sirviendo de terminología o semántica violenta para desgranar los compases de un partido y eso, que no necesariamente es pervertir el lenguaje, sí confunde a quienes no analizan el contexto del hablante. Se están realizando estudios sesudos sobre el lenguaje deportivo, que se pervierte, en ese caso sí, al castellanizar ‘orsay’ (off side) y no emplear “fuera de juego”, por ejemplo. En Hispanoamérica, por otro lado, se denomina a la prenda íntima ‘tanga’ con el determinante femenino, “la tanga”, imagino que por asociación de género entre la mayoría de quienes lo usan (mujeres) y el género de la propia palabra, femenino. En la Península decimos “el tanga”, masculinizándolo para proveerlo del genérico (también lo usan hombres) a través del determinante. ¿Con cual nos quedamos?

29 de abril de 2009

El enunciado y la intención del 'decir'

Muchas veces se pervierten las verdaderas intenciones del ‘decir’. La palabra, con su sentido estricto, enuncia realidades y el ‘decir’ es la transmisión de las mismas, pero ese ‘decir’ se pervierte, como decía, cuando el medio es electrónico. La emoción y la intención del enunciado, oral, no es la misma que la de la semántica escrita y, cuando esta última es literaria, al menos despierta efectos contrarios en el lector. ¿Cuántas veces nos confundimos con las personas cuando estas pronuncian, o ‘dicen’, con la intención perversa del lenguaje en manipulación electrónica? Otra cosa es cuando el interlocutor busca efectos dañinos o abusa del lenguaje cual arma de aniquilación psicológica. A veces entramos en páginas web y dejamos un breve comentario, que despierta admiración o animadversión en el lector posterior, quien a su vez deja otro comentario de adhesión o de repulsa y, todo, bajo los efectos del abuso del lenguaje. El ‘decir’ es, pues, la principal arma de comunicación, pero el ‘decir’ no es la propia comunicación, el ‘decir’ es la intención comunicadora y, como tal, debe estar aderezada de buena intención o de metáfora o de ironía o, simplemente, de mala leche. Nos parece que ‘decir’ es gratis pero detrás del ‘decir’ debe necesariamente haber una buena intención, esto es, el lenguaje como construcción comunicativa; aunque de esto último elimino el lenguaje político y el lenguaje periodístico: el primero nunca es constructivo sino que se sustenta en la destrucción del ‘decir’ contrario, en contraponer un ‘decir’ a otro ‘decir’ y, el lenguaje periodístico, como en el caso de la gripe porcina, enerva y alarma, mas que tranquiliza. El ‘decir’, sin emoción implícita, no sirve de nada. Si en el ‘decir’ “te quiero” no existe el sentimiento, la realidad que se enuncia es falsa y entonces el lenguaje antes o después va a destruir. A veces la imagen constituye un todo con el ‘decir’, o con el principio del ‘decir’, y la belleza del erotismo (en poesía) se convierte en parte del enunciado y constituye una realidad lingüística y literaria, o lo que es lo mismo, poner palabras a lo que uno ve detrás del placer del hedonismo. ‘Decir’ la verdad es lo más complejo, porque la verdad tiene que tener la honestidad detrás, aunque sin la verdad y sin la honestidad juntas quizá lo que no se posible es el ‘decir’.

3 de febrero de 2009

Cuestiones de Lengua Española

Ayer me topé con un pie de foto en “La Tribuna de Albacete” en el que el corresponsal del diario escribía: “los tobarreños pasean la ‘efigie’ de San Antón”. La frase, a priori, no es incorrecta si se saca fuera de contexto, pero si analizamos la misma en su sentido religioso podría ser más correcta. Para empezar, un grupo humano no ‘pasea’ a un Santo (de hecho un grupo escultórico no pasea puesto que es inerte), sino que ‘lo saca en procesión’; también es mucho más adecuado hacer uso del término ‘imagen’ referida a la representación de una ‘santidad’ o ‘divinidad’ que ‘efigie’, cuya semántica incide más en lo profano: “la efigie del César en una moneda”, “la efigie del rey en un billete de 10.000 pesetas”, etc. Esta semana Apát Lajos se ha referido a varias cuestiones de la Lengua Española. Discrepo matizadamente con él en algunas y en otras coincido. Por supuesto, el locutor de RNE que hace referencia a un ‘ciego’ para, a continuación, rectificar señalando que esa misma persona es ‘discapacitada visual’ está acudiendo a lo políticamente correcto por encima de otras cuestiones. ‘Ciego’ puede parecer un término ‘impuro’, ‘deshonesto’ o ‘deshonroso’ si el hablante lo verbaliza con un tono hiriente o irónico; si se le da el contexto adecuado ningún invidente debe sentirse ofendido. Los hablantes españoles suelen tender a pronunciar ‘Uropa’, ‘Usebio’ y otros términos así no por incultura, sino por dos razones lingüísticas: a) la estructura silábica de la palabra castellana, como ya escribí en otro post, consiste en una estructura tal que ‘v-c-v-c-v-c’ o, en su defecto, en ‘c-v-c-v-c-v’, en donde ‘c’ son las consonantes y ‘v’ las vocales. Para el hablante medio, el rural, por ejemplo, la modificación de una estructura tan simple implica una deficiencia oral, luego pronuncia mal en castellano. Un estudiante de español que proviene de lenguas cuyas estructuras son diferentes (por ejemplo, el eslovaco), como son las eslavas o anglosajonas, al aprender mi lengua no desestima la pronunciación de ‘-ll’ final o doble consonante o doble vocal. B) Otra historia es la que manifiesta un opinante del Blog citado en el que manifestaba que la gente dice ‘turmix’ por ‘batidora’. En los años cincuenta se popularizó hasta el extremo el fútbol en España y la gente en lugar de ‘fuera de juego’ decía ‘orsay’. No se puede pedir al común que pronuncie en la España profunda con corrección ‘out side’ puesto que bastante tienen con medio saber útilmente el español. El español peninsular está compuesto del castellano estándar y de los dialectos meridionales, todo ello proveniente del Latín Vulgar, por lo que no se puede analizar en un todo lo que deber ser estudiado, como hizo Rafael Lapesa, individualizando.

5 de enero de 2009

Lenguaje intelectual; lenguaje político...


Los intelectuales, por norma, cuando se deciden hacer política entienden que son los que mejor usan del lenguaje. En días pasados se ha suscitado un debate en este Blog que partía de la cuestión política cubana y el conflicto árabe-israelí, para dar un vuelco hacia el insulto, que me parece que es lo que se lleva ahora en el debate político; para ello recuerden aquella perla que dijo el ínclito Pedro Castro: “¿Por qué hay tanto tonto de los cojones que vota a la derecha?”. Tengo por sabido y analizado que cuando en España tenemos la derecha más demócrata y civilizada de nuestra historia más se le ataca. Un "intelectual", que debatió aquí, me llamó ‘fascista’ (según la RAE ‘fascista’ es el “perteneciente o relativo al fascismo” y, en su tercera acepción, “excesivamente autoritario”) sin conocerme y sin saber que ni pertenezco al fascismo ni comulgo con él ni soy autoritario, porque para ser ‘fascista’ me hubiera bastado con censurar su opinión en mi Blog. Al Rey José I Bonaparte (1808-1814) le denomina ‘bobo’, esto es, ‘tonto’, ‘extremada y neciamente candoroso’, etc. Considero que un político del XIX que llegó a dominar el Imperio Español, que dictaminó cual era la moda que debían vestir los españoles y que engalanó la ciudad de Madrid, entre otras cosas, no era muy bobo. Verdaderamente no sabía que aún quedaban partidarios de Fernando VII. También se denomina ‘terrorista’ al que opina, sin saber que opinar no es “que practica actos de terrorismo” sino “formar o tener opinión”. Practicar actos de terrorismo es matar por la espalda, poner coches bomba, etc.; bien lo saben los vascos, porque si opinar fuera terrorismo otra cosa sería del País Vasco. Considero que la poesía antigua, bien hispánica bien americana es muy meritoria y muy importante para la literatura universal, ahora bien, denominarla ‘inmensa’ (“Que no tiene medida, infinito o ilimitado; y en este sentido es epíteto propio de Dios y de sus atributos” -según la RAE-) es una exageración pues la poesía se puede analizar y estudiar. Adjetivar como ‘escatológico’ a un ‘tirano’ es redundar la maldad, pero de forma incorrecta porque escatológico es lo ‘relativo a las postrimerías de ultratumba’ y mientras el sátrapa mata está en este mundo y no sabemos si le va “lo relativo a excrementos y suciedades”; valdrían para acentuar la maldad otros adjetivos como ‘enfermo’, ‘sanguinario’, ‘criminal’, ‘demente’, etc. ¡Qué difícil es saber hacer uso correcto del lenguaje!

27 de diciembre de 2008

Refranes


En la cultura española existe un gran número de refranes. Estos adagios; esos dichos tienen su formación en el espíritu colectivo de la sociedad y han ido pasando de padres a hijos de forma oral. Bien es cierto que un estupendo compendio de los mismos está recogido por Miguel de Cervantes en su magistral “Don Quijote de La Mancha” por boca de Sancho Panza. Los refranes son compendios de sabiduría que se reflejan en frases concisas, concretas y directas. Veamos un ejemplo: ‘por la boca muere el pez’, que se suele decir cuando alguien que habla mucho acaba por confesar sus más escondidos secretos como acción directa de su verborrea. En algunos sitios de España a estos personajes se les llama ‘bocachapa’. Normalmente se suele utilizar otro, ‘dime de qué presumes y te diré de qué careces’, para todas aquellas personas que suelen elogiar efusivamente sus propias virtudes o cualidades intentando dejar de lado a los demás; esto es, que aquel que dice que le sobra mucho de algo es porque oculta que lo que realmente le ocurre es que le falta. Un refrán con el que, personalmente, nunca he estado de acuerdo es aquel que reza que ‘los amores reñidos son los más queridos’. Originalmente significaba que al hombre que le resultaba difícil conseguir el amor de una dama luego valoraba en mucho a la dama y a sus sentimientos si la obtenía; por el contrario, la perversión actual de la semántica de la frase indica que aquel que se pelea en exceso con una dama es porque la quiere, y viceversa. Me barrunto que si ponemos de por medio la Ley de Violencia de Género el refrán no sirve. A veces es muy verdadero aquel adagio popular que reza que ‘no hay mal que por bien no venga’, que viene a ser un resumen de que en determinadas circunstancias para que salga algo bueno de una situación es necesario, primero, que ocurra algo negativo de lo que aprendamos la lección. Sin embargo, para terminar, Don Quijote, harto de que Sancho estuviera siempre pronunciando refranes, le soltó: “hombre refranero, hombre puñetero”. Pues ello.

27 de noviembre de 2008

Más curiosidades lingüísticas



Cada hispanohablante utiliza de forma habitual un vocabulario de en torno a unas 700 palabras diferentes, tomando como vocabulario estándar 1.400 términos. De ellas, entre un 50% y un 60% son palabras de origen árabe, sobre todo las que se inicias por ‘a-‘ y ‘al-‘, como ‘Albacete’ (‘basta llanura’) o ‘Albarda’; este último término se puede usar de una forma despectiva: ‘eres más tonto que una albarda’, como si la inanimada ‘albarda’ tuviera la capacidad de sentir y/o discernir. Decía ayer G. A. que los andaluces quieren hacer uso de una grafía propia para decir ‘cohone’ en lugar de ‘cojones’ (con perdón). Lo que no saben los andaluces es que aspirar la ‘j’ o la ‘f’ es una costumbre hispana que viene de una deformación lingüística. En La Rioja, allá por la Edad Media, el agua carecía de cloro, por lo que a los hablantes se les cayeron los dientes y dejaron de pronunciar la ‘f’ (para ello hay que posar la lengua sobre los dientes, ‘palatalización’) y pasaron a aspirar como los andaluces; de ahí, ‘harina’ por ‘farina’ o ‘hierro’ por ‘fierro’. Hoy día con el cloro en el agua, decimos ‘ferrocarril’. Los andaluces tienen una fórmula meridional de hablar, por lo que cambian ‘r’ por ‘l’ (‘sordao’ por ‘soldado’) y mil cosas más. Ellos tienen su propio vocabulario; por ejemplo, ‘jumera’ o ‘jamacuco’ se traducen por ‘borrachera’ y ‘dolor’. ‘Se ha pillado una buena jumera’ (‘Se ha pillado una buena borrachera’) o ‘le ha dado un jamacuco’ (‘Le ha dado un dolor’). Pero hay más. Tenemos por costumbre decir en términos políticos que ‘el gobierno ha aprobado un paquete de medidas’... ¿los paquetes se fabrican o se aprueban? ¿Las medidas se pueden meter en un paquete? Lo correcto sería decir ‘el gobierno ha aprobado un conjunto/grupo de medidas para...’. Incluso se debería decir con mayor corrección ‘el gobierno ha aprobado una serie de medidas’, porque las medidas si pueden formar una serie matemática. La prensa habla de ‘Madrid aprueba un reglamento para los porteros’... ¿La ciudad de Madrid por sí sola? ¿Madrid o el Real Madrid? Lo correcto sería decir ‘el alcalde de Madrid hace aprobar un reglamento’. Las ciudades y los países no deciden, sino que deciden sus gobiernos o sus representantes. “Los Estados Unidos eligen hoy a su nuevo presidente”. ¿Todos los Estados? ¿Sólo unos pocos...? ¿O habría que decir que “los norteamericanos eligen hoy a su nuevo presidente”? Seguiré...