17 de febrero de 2011

Hablar bien: "a la altura del betún" y otras expresiones


Tenemos por costumbre aplicar (la) economía de palabras, por llamarle de algún modo, a la forma de hablar habitualmente en español. Cierto es, como ya decía en un post de 2008, que nuestra lengua responde a un sistema fonético muy sencillo, en el que combinamos consonantes y vocales (c-v-c-v-c-v ó v-c-v-c-v-c-v) y por tanto nos resulta complejo pronunciar dos consonantes juntas. Pero ese no es el caso.

A mí, por ejemplo, me molesta mucho que la prensa nos haga creer que las ciudades o los países hablan y toman decisiones por sí mismas, de tal modo que leemos “Madrid ha dicho que no a Rabat” o “Berlín no está dispuesto a dar más ayudas”. Si tomamos el titular de prensa por lo recto, es decir, por lo que dice, el primer caso debe ser que la capital de Marruecos ha debido pedir matrimonio a la capital de España y esta última, sin contar con nadie (ni alcalde ni rey ni ciudadanos), ha dado calabazas... y, sin embargo, resulta ser que el gobierno de España, afincado en Madrid, ha negado algún acuerdo al gobierno de Marruecos, afincado en Rabat. En el segundo caso, entiendo que la ciudad de Berlín, que debe tener cuenta bancaria propia, está decidida a no dar más dinero a nadie, sin avisar a la Canciller alemana siquiera. Bueno, pues resulta que el periodista quería decir que el gobierno de Alemania, afincado en Berlín, no va a ayudar a ningún otro país a sanear sus cuentas públicas. Bien me dirán los chicos de la prensa que es una forma de llamar la atención, de titular o de ahorrar palabras en el titular, pero la Lengua no entiende de trampas ni de ahorros.

Hay alguna gente, que pasa por bien hablada, es decir, que se autotitula culta, que además de hipercorregir (esto es, decir Bilbado en lugar de Bilbao, por influjo de 'pescado'), tiene por costumbre (y esto es muy frecuente en la televisión) decir “estuvistes” o “hablastes”. Como el lector observará, los dos ejemplos provienen de la segunda persona del pretérito perfecto simple, cuyo valor es absoluto, pues designa una acción pasada totalmente concluida. Esa gente que pulula por los decorados televisivos, suponiéndose a sí mismos periodistas (sin título) o famosos (sin mérito), pero sí deformadores de la Lengua, suelen construir frases como la que sigue: “Tú estuvistes hablando con él” o “Tú hablastes con él” (incluso el word del ordenador lo rectifica de inmediato) y la calle, siempre atenta a pensar que el famoseo es más culto de lo que pensamos, lo imita. Claro, ir de fino o fina y meter la pata es quedar a la altura del betún.

Para terminar. “Ha quedado a la altura del betún”. Bien, todos sabemos que el betún suele utilizarse para pavimentar carreteras o calles o para impermeabilizar cascos de barcos, etc., por todo lo cual suele quedar adherido al suelo; y ahí es donde queda (o va su buen nombre) la gente que al equivocarse suele ir: “a la altura del betún”.

(Continuación de mi post de 25 de noviembre de 2008: “Bledo, chisme y otras expresiones”: http://literaturaculturaypolitica.blogspot.com/2008/11/bledo-chisme-y-otras-expresiones.html)

2 comentarios:

Laura dijo...

Lo de los titulares no estoy de acuerdo del todo contigo. Se escribe de ese modo para llamar la atención del lector y, precisamente, para eso está el cuerpo de la noticia, para explicar que no, que Rabat no le ha pedido matrimonio a Madrid, sino que... (lo que sea).

;)

Domadora de Elefantes dijo...

Bueno, soy periodista y os puedo decir que no se trata de llamar la cuestión sino de imposibilidad física de poner el enunciado completo "El Gobierno de Rabat no dará más ayuda al Gobierno de Madrid" (¡larguísimo!) en un titular.

No obstante, estoy de acuerdo contigo, Paco, en que nuestro bello lenguaje está muy maltratado y el periodismo es uno de los principales males de nuestra lengua y nuestro tiempo. ¿Qué es eso de decir "Moncloa" por "La Moncloa", "Zarzuela" por "La Zarzuela", etc.? ¿Qué es todo ese queísmo con el que nos bombardean cada día? ¿qué es todo ese laísmo persistente? En fin, es una cuestión que me irrita mucho, porque luego viene la RAE a dar la razón a los incultos, por aquello de que "el lenguaje evoluciona con el habla". ¿Qué no sabes diferenciar entre el adverbio "sólo" y el adjetivo "solo", pues hala, no te preocupes, que quitamos la tilde y así no hay problema? Verás qué pronto dan por bueno el queísmo, "estar en el candelabro" por "estar en el candelero", "tener morriña" por "tener modorra" y otras barbaridades. En fin, que me embalo.

Buen post, pese a que discrepe con respecto al ejemplo de titulares que has puesto.