
Después de haber transcurrido algo más de un año (casi dos), el fin de semana pasado he podido reencontrarme con mi amiga la poeta Andrea Cabel, en Madrid, a pesar de mi catarro descomunal (como comprobó todo el mundo) y de que era mi cumpleaños al día siguiente. Ella apenas lleva un par de días y me ha hecho ilusión verla. Además, por fin, tengo entre mis manos la plaqueta Underwood que sacó hace un mes en Lima.
Andrea ha escrito algo estos días; una crónica que os adjunto y que no deja de mantener su siempre interesante e inteligente tono poético:
No llegué hoy, que será el día que postees esto, llegue el viernes temprano y medio muerta. No por el trajín o la pésima comida que tuve que empujarme lenta y pacientemente, sino por pagar el impuesto, pensar en que Alejandra no se olvide de hacer que llegue el dinero a mi ahijado, por pensar en que mi madre no apague el celular por si me llamaban del trabajo, por pensar en que Lima seguiría funcionando y respirando aunque yo me fuera y me apagase y me incendiase. Ahora deseo una frozen de fresa o unos montaditos de ropa vieja pero no veo mucho sentido en necesitarlos ahora mismo que solo tengo leche con cola-cao y unas cuantas pastitas del "Día" supongo.
De hecho, algo interesante es que ahora entiendo la importancia de las casacas rellenas de plumas de ganso. La mediocre garúa de Lima parece eterna por estos lares. Primeros días en Madrid: pensé que este número sería útil 902 404 704, ciertamente, no lo es. Como cualquier número de ayuda al turista desubicado, no lo es. Ya estuvimos aquí antes. Barajas y yo. El plan, Francisco, es reconciliarme con este país que me quitó al mío. No tienes idea lo que es vivir en Lima sintiendo que nada de lo que esta ahí te pertenece. El aire es como el de Basauri, la comida no es de las manos de Maribel y la maldita tortilla de patatas. Te dije que volvería a Granada, pues nada, para ahí voy. Verte siempre me deja una sensación diferente. Tengo pocos amigos en España, es un país al que le guardo muchas cosas, como conversamos. Daría todo por volver a Larraskitu. No sé si te lo conté, pero es un lugar en donde uno podría vivir muy feliz con pocas cosas, con una vista linda al bochito, con unas flores al borde de los abismos verdes, con discos para ahuyentar a los pájaros. España para mi hasta ahora es eso, recuerdos acumulados en cientos de cientos de hojas de papel en mi cabeza. Ahora quiero que España sea, como te comenté en el bar, mientras compartíamos unos pinchitos y un vinillo, una entidad capaz de tolerarme aunque sea irresponsable de mi parte volver, simplemente volver. Para volver a casa dicen que solo debes seguir tus pies. Sí, el problema es que mis pies siempre han sido rebeldes. Ahora por ejemplo, no tengo cámara fotográfica, como te comenté porque la robaron de mi casa junto con varias cosas. La única ventana que tenemos y que da a la calle esta llena de barrotes para evitar que se metan por la ventana y roben lo que sea que nos quede aquí. No estaré mucho tiempo, te escribo nuevamente cuando este en Granada. Será interesante. No sé si es un ejercicio de masoquismo o de supervivencia. Tengo que demostrarme que soy más fuerte que algunas situaciones y que mas allá de cualquier cosa, siempre habrá un trozo de luz. Extraño más que a mi vida, el otro trozo de vida que tuve ahí, conocer España sin ella es conocerla desde un vacío, pero no importa. Mi rollo con el vacío finalmente es mi rollo y lo sé manejar. Tratare de ponerle buena cara al mal tiempo. Vamos pronto al museo al que fuimos la vez pasada, ¿recuerdas?, cuando estabas dando las clases y yo andaba pensando en las musarañas. Habían cosillas interesantes. Me alegra haber aprendido la lección y no cargar con demasiado equipaje. Después de todo, ¿que tanto se necesita para tan poco tiempo?
Pronto se realizará en Lima un recital amplio, de tres mesas. Yo estaría en la primera pero no podré estar presente. Malpartida, un poeta amigo mío, leerá mis poemas y explicará porqué no puedo estar. No es por ningún "compromiso" de ultimo momento, por el contrario, es por solo un pestañeo, una breve necesidad de respirar.