8 de marzo de 2009

Madrid en domingo, un día soleado en que nadie leerá esta entrada



¡Buenos días! Hoy es domingo; un día soleado y nítido en el que las previsiones de los metereólogos han fallado estrepitosamente. Salgo a la calle con la intención de comprar la prensa y tomar un café, buscando la compañía de la conversación de Amelia y de su novio, los camareros; gente que me conoce desde hace un par de años. La ciudad está semidesierta y un grupo de niñas le venden a mi madre unos dulces hechos por ellas, para financiar el viaje de fin de curso del colegio de monjas al que van (le sacan 10 euros, pero nos queda la certeza de que saben cocinar). Esas cosas me gustan, es decir, colaborar con los adolescentes que se lo van a pasar genial viajando con los mismos profes que detestan un día normal. Apenas hay coches y, en el fondo, eso me gusta, porque puedo cruzar por donde quiera, que es un modo de hacer lo que a uno le da la gana un día a la semana. Anoche, durante el partido, éramos unas doscientas mil personas, la población flotante de Albacete capital o de Getafe, en donde vive Melisa y donde vivirá también Julia cuando nazca, si no lo ha hecho ya. Doscientas mil almas en un instante, saliendo en tromba, vociferando, algo distante y distinto de cómo es la misma ciudad esta mañana de domingo soleada y templada, que ha roto los vaticinios de las previsiones meterológicas. Cada minuto, más o menos, nace, muere, enferma, sana, grita, llora, ríe, duerme, despierta, toma un café, come, se entristece o retoza en la cama una persona entre estos cuatro millones de seres humanos autómatas que son susceptibles de ser todo, hasta corruptibles. Pienso en si todo el mundo será o no será corruptible, porque aunque la gente no me crea conozco a varias personas absolutamente honestas, pero eso se desvía de la ciudad que uno vive un domingo, el día en que cada uno pierde un día sin haber hecho realmente lo que debía, el día que dejamos para terminar lo imponderable y que perdemos entre levantarnos tarde y vaguear, o al menos eso hago yo porque me gusta. Hoy, cosa rara para mi percepción sensorial, no ha visto ninguna muchacha en la calle y eso me hace pensar que, después de la juerga de anoche, aún estarán en la cama dormitando los recuerdos de las luces de neón y con el regusto del ron con coca-cola que les habrán puesto en cualquier sitio de copas, un sitio de copas menos tenue, intenso y hermoso que la ciudad matinal que despierta. Lo bueno del mundo es el contraste y yo, aún, creo en la gente y soy consciente de que podemos hacer frente a los desafíos de futuro con trabajo y con método, con verosimilitud y verdad, con ganas y con un nuevo horizonte en proyecto. Sí, buenos días, que hoy es domingo.

6 comentarios:

Miguel A. dijo...

Yo sí te estoy leyendo, en Galicia no es que haga un calor penetrante XD.

Annie dijo...

Gracias por describirnos un pedacito de Madrid y de ti.

Un Abrazo

martorela dijo...

a todos los fachas se os va la olla, 200.000 personas!!!!, q estabas en Maracaná
no es raro q luego haya una manifestacion de pperos y digais q fueron un millon de asistentes
en el bernabeu caben los que caben, anda, miralo en google, q se te va el tarro cosa fina con tanto empinar el codo, borrachuzo

Isabel dijo...

Pues en Oxford se ha dejado ver el sol, pero solo ilusoriamente por un ratito, como siempre, despues, deprimente chaparron. Ay.... Al menos me anima ver tu descripcion de Madrid.
Un abrazo

Ves dijo...

un domingo 31 de octubre yo leo esta nota. Estoy encantada, es lindo leerse -aunque sea un poco- en la otra persona.

Feliz Domingo hoy tambien!
(por mas que no lo leas nunca)

Adiós

Susana Inés Nicolini dijo...

Estoy lejos de ese Madrid que tanto amo, aunque aquí también ha sido un día soleado el domingo... y hasta ahora hace un calor tremendo. ¡Yo te he leído! Hoy...pero leído al fin. Me dan ganas de viajar ahora mismo y ver ese sol madrileño!!!
Un abrazo desde Ciudad de Buenos Aires