
Jorge Edwards recuerda que, en los últimos años de Pablo Neruda, hubo una mujer, bastante más joven que el poeta, que le escribía cartas a París. Parece ser (según el testimonio del narrador chileno) que el Premio Nobel andaba enamoriscado, otoñal. De igual modo, los más fervientes poemas amorosos de Pedro Salinas iban destinados a una joven norteamericana, Katherine Whitmore, quien inspiraba aquellas metáforas que han perfeccionado el ritmo amoroso de algunos de los más significativos poemas de la Generación de 1927. Gerardo Diego dedicó algunos sonetos a doncellas en flor, no necesariamente otoñales; de igual manera que JRJ padeció (en el más hermoso sentido del vocablo) los amores de una joven allá por los años treinta.
Lo malo de que una mujer te inspire la escritura; o del amor (enamoramiento) pases a la necesidad de revestirla de Literatura es que te invada ella misma, en su esencia, cada letra que pongas negro sobre blanco. Es decir, que lo real se vuelva atrabiliario y te invada todo lo que escribes. Por supuesto que ha escrito poemas y líneas concretas a determinadas mujeres, a veces retratada por la realidad y otra por un puro deseo; pero me barrunto que al cabo sólo son deliciosas idealizaciones que rompe el encanto de la realidad. En cualquier caso, ¿por qué a quien llamo Ella, real o inventada, no iba a ser inspiración?
El Mundo está invadido de belleza en la misma medida en que está rodeado de fealdad, de tristeza o de irrealidad. Cuando salgo de casa y cruzo la avenida para tomar un café, de forma habitual se me aparece una sonrisa o una mira que es, en sí, un poema. Algunas veces es la mirada de una persona (de esas que aún miran a los ojos) la que me atenaza, ya que por lo hermoso dice mucho que no siempre acierto a leer. El tiempo pasa y todo se puede convertir en aquellas cartas ya amarillas que uno enviaba de adolescente, por eso lo que escribo me sirve para realizar una instantánea inmediata de lo que me rodea, con la idea de posteridad que nos invade a los malos escritores.
Quisiera saber expresar las cosas con más fluidez, pero no sé o no puedo o no me sale.
(No, no soy sabio, Andrea, no. Si lo fuera me iría en la vida de otro modo...).