15 de octubre de 2012

"Una fiesta gafapasta"


A la Peña "Los Zumbaos", por acogernos en su casa

Una fiesta gafapasta se organiza, por ejemplo, tomando un café una tarde cuatro personas (pongámosles seudónimo: Víctor, Esther, Alexandra y un servidor); es sencillo: ocurre, se lanza el teletipo por whatsaap y en escasos segundos ya está la cumbre del evento en marcha. Así, Víctor dice: "que sepáis que en este momento -insisto, unos segundos más tarde- ya seremos siete". En fin, que uno se anima y cree que la cosa revival, vintage o como se le quiera llamar (dependiendo de tu tribu urbana a la que se pertenezca o, incluso, si no se tiene, que también es importante) puede salir bien. Así que queda para organizarse "el sábado", por ejemplo, que tampoco es cosa de montar un evento un martes, más que nada porque te amargan la existencia "La prima de riesgo...", "Las encuestas dicen que Romney sube..."; o el que te sale por peteneras señalando que "la Escuela de Idiomas", "Mi madre que me ha dicho que le lleve al zapatero..." -inciso o digresión: dice la prensa que el zapatero de mi pueblo con esto de la crisis se está forrando- y todo eso.
 
Ahora bien... Llega el momento de la adquisición de las gafas. Nos vamos, por ejemplo, el citado Víctor, al volante; Alexandra, de copiloto; y un servidor -que es el narrador de la historia y espectador gafapasta- de visita a Chinalandia. Tres eurazos del ala por gafa; en total treinta gafas... Alexandra que intenta ágilmente regatear un descuento mientras nos dice que el niño del chino de la tienda sabe más español que don Ramón Menéndez Pidal (indignado en mi filológico fuero interno, me oigo decirle... "¿a que le pregunto al dichoso crío cual es el complemento directo de una oración chunga -por ejemplo una subordinada sustantiva, o adjetiva, o subordinada de complemento directo-?"; "No que me rayo", responde ella) no consigue sacar el descuento ni que nos den algo por la jeta. Por cierto, que finalmente nos llevamos descaradamente dos encendedores y unas pegatinas con la bandera de España (eso un servidor, que es el narrador) mientras que seguro que el chino nos tomó una foto con cámara oculta para ponerla entre la de los más buscados de China. Estoy seguro.
 
Pero... realmente lo de la fiesta gafapasta es la gente -estupenda-, las conversaciones (se descubre, por ejemplo, que el J&B tiene cero grasas, cero proteínas, cero carbohidratos; vamos, ideal para la dieta; o que en La1 han puesto Don erre que erre de Paco Martínez Soria), la improvisación musical, las fotos que hundirán en el futuro nuestra reputación y parte de la de nuestros hijos, las vestimentas (tengo claro a quién daría un primer premio), el buen rollo. Insisto, todo esto improvisado... aunque se lo perdieran finalmente María José y Vanessa, porque quisieron.  

1 comentario:

ALFARO dijo...

Menudo peligro!!!