28 de octubre de 2013

"La miserable monotonía"


Cuando una batalla está perdida, solo los que huyen pueden luchar en otra.
Demóstenes.

El mismo amanecer; la misma soledad; las mismas nubes, el mismo sol; la misma lluvia inane; las mismas caras; las mismas palabras; las mismas cosas; la misma gente; el mismo fracaso amoroso; los mismos cafés; la misma música; el mismo desencanto-desengaño; el mismo aburrimiento... No, esto no: no quieres lo mismo, la misma miserable monotonía de las cosas... Quieres huir, necesitas huir; gritar... correr... empezar de nuevo y de cero y con otra sonrisa; ¡¿tanto para esto?! Es injusto, no te lo mereces: sea quien sea que se las haya ingeniado para mediocrizarte esto no es lo tuyo; no eres tú ni de lejos... No te reconoces ni en el espejo (por cierto, el mismo insoportable espejo de todas las mismas mañanas, ¿verdad?). Empieza todo esto a oler a mediocridad y la mediocridad te produce alergia-hastío-un miedo acojonante. 'Si yo sonrío alguien más va a sonreír', ¿lo recuerdas? Lo prometiste... El mismo lápiz, el mismo cuaderno, el mismo ordenador (más lento el caballo del malo, ¿verdad?); la misma foto en el estante; el mismo cómic de Tintín y Milú. La misma indiferencia del paso de las cosas... la misma sirena varada en el mismo puerto del que debes salir, huir. No, no te pares: nada retiene a nadie porque tú no eres depositario de las ideas-sentimientos-necesidades de los otros, de las tuyas sí. Te vas a hacer insoportable, carente de ideas-creatividad-sonrisas-vitalidad si sigues así, en ese puerto sin mar, en esa vía sin tren, en ese aeropuerto sin aviones... ¡Corre! Allá donde tú vayas nunca existirá esta miserable monotonía de las cosas.

3 comentarios:

yolandasaenzdetejada dijo...

el final es glorioso... he decidido robártelo y hacerlo mío, por si un día se me olvida...

Luzbel. dijo...

Pues aunque sea monótono, a mí me gusta ver un cómic de Tintín y acordarme fuerte de ti. Una y otra vez. Y qué.


L.

Francisco José Peña Rodríguez dijo...

Muchas gracias a los dos. Por supuesto, Yolanda, hazlo tuyo. Y a ti, Luzbel, qué te voy a decir si ya nos conocemos de toda la vida...