
“De lo único razonable que no hay que tener miedo es del miedo mismo”. John F. Kennedy; y, más tarde, Adolfo Suárez.
Hay mucha gente que sabe hablar, entendiendo saber hablar por saber qué decir. Lo malo es que gran parte de esa gente no sabe cuando decirlo, o, por señalarlo de otro modo, no se atreve a decirlo. Hay mucha gente pusilánime, hay mucha gente cobarde, hay mucha gente fanfarrona que prefiere adaptarse a lo que le dicen que es políticamente correcto que ser independiente y, a medio plazo, saber pensar por sí misma. Es el miedo del miedo mismo: es el miedo, en democracia, a la represión y al castigo. “Que no se entere nadie...”; “No, si yo soy de los tuyos pero...”; “Porque no quiero, pero si yo...”; “Ya lo sé, pero es que si digo algo entonces mi hija...”. Así hemos ido construyendo una sociedad basada en la falsedad y en el miedo; por ello otros lugares (Alemania, Francia, Estados Unidos...) progresan, cambian de ideas, cambian modelos, líderes, grupos de presión, y nosotros andamos anclados en los mismos vicios que conoció en el siglo XIX Antonio Canovas del Castillo y bajo los que basó el sistema restauracionista. Al menos a la altura de 1900 estaban las voces del ’98 y de los regeneracionistas de Joaquín Costa para levantar la voz y la cabeza... Hoy nadie. Si alguno bueno aprendí en la Universidad es a ser independiente y a pensar por mí mismo. Considero que lo importante, imprescindible y lo independiente es hablar claro y defender con la palabra nuestro propio futuro.