30 de enero de 2010

Va de sonrisa o de risa...





No es lo mismo reír que sonreír; como tampoco es lo mismo provocar la risa que reír siendo visto... Dicen que la risa prolonga la vida y que quien ríe el último ríe mejor y, así mismo, que hay que tomarse la vida a risa o con humor...













También dicen los escoceses que “la sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz”; lo cual, visto con humor y sin tontería es cierto.






En otro momento, William Shakespeare, dijo que “es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada”, algo que, con toda certeza, también hubiera suscrito Enrique Jardiel Poncela.




Aquí, en España, fue el gran dramaturgo Alejandro Casona quien, quizás porque vivió la guerra civil y el exilio, declaró que “no hay ninguna cosa seria que no pueda decirse con una sonrisa”.

Voy terminar escribiendo que “ande yo caliente y ríase la gente”, como dijo el gran Sancho Panza.


28 de enero de 2010

Otro cambio como aquel o vamos para atrás...


Está bien (por las narices...) eso de que esté lloviendo y que la clase política nos quite el paraguas. Está perfectamente claro que estamos en las peores manos de la Historia de España (de tontos para arriba...); en las manos de quienes con sus actos y con sus palabras nos dejan claro que, en adelante, vamos a tener que seguir eligiendo entre lo malísimo o lo peor, que si les sale algo bueno en sus filas ya lo podarán... A no ser que al pueblo español le entre un mal de cordura y se plante en exigir que los partidos políticos formen cuadros dirigentes de gente que oscile entre la experiencia o la formación y que también quede claro que la política no sea una forma de vida. Está bien claro: el currito de a pie que trabaje hasta los 67 o los 70, según se le tercie al gobierno de turno y a la chita callando el resto de formaciones; pero que el político pueda ser reelegido indefinidamente con sueldazo o, en su defecto, si el pueblo le da una patada en el trasero, que cobre una “pensión vitalicia”, que viene a ser el colmo del cachondeo. Eso pasa porque no hay valor para implantar listas abiertas, para limitar los mandatos a 8 años y para acotar los patrimonios que el prócer de turno pueda atesorar en el ínterin que ejerce el cargo. Les viene bien a todos: que no se piense, que no se hable, que no se actúe... Va a ser que hay que empezar a hablar claro, porque digo yo que si se niegan a “elevar a categoría de normal lo que en la calle se piensa como normal” habrá que gritarles y hablarles claro habrá que romper con la norma partidista de calladito y pensamiento único y decirles que ya está bien... Es que, como ayer echaron la serie sobre Adolfo Suárez me viene a la mente cuánto hemos cambiado y, además, al contrario que el resto, cuánto hemos cambiado para ir a peor...

18 de enero de 2010

Usted


A la inquietante deuda de Usted, que merece tanto la pena.

Bienvenida al palacio de la duda,
a la casa del miedo.
Cómo echaban de menos tus pisadas
las baldosas del barrio
.
(Luis Alberto de Cuenca)

Bienvenida a la duda, a la inquietud; a saber... Bienvenida al barrio, y que mientras los demás duerman, nosotros hablemos, nos hagamos invencibles; y sonriamos de tan guapos que somos y de tan jóvenes... que el Mundo sea nuestro.

A Usted, que merece tanto la pena.

17 de enero de 2010

Mensaje en clave para usted, señorita


Debe ser por algo que yo no controlo: hay personas por las que uno siente una atracción especial (incluso irracional, es decir, ‘inexplicable’, y entendiendo el término “atracción” por admiración sin trabas de por medio) independientemente de quién sea; esto es, uno no mira absolutamente ninguna circunstancia que adorne a esa persona y se lanza a conocerla en toda su esencia, con los fallos y los aciertos que esta tenga. Es cierto, además, que para ello hace falta una dosis de realismo y, al mismo tiempo, un imprescindible ejercicio de saber dejar de lado tu punto de vista para adoptar, por un rato, el punto de vista de esa otra persona (tampoco eso indica que le des la vuelta a tu forma de ser). Estoy escribiendo con la mente puesta en una persona, pero este ejercicio podríamos extrapolarlo a otras muchas y podría ser ejercitado por todo el mundo. En estos días de crisis de valores (como vengo creyendo) en los que lo que prima es el universal ombligo de cada uno e, incluso, alguna dosis de mala leche, reconocer en otras personas un ser humano por encima de otros parámetros es saludable. Yo le diría claramente: “Usted, señorita, merece mucho la pena”.

16 de enero de 2010

Miedo a decir las cosas...



De lo único razonable que no hay que tener miedo es del miedo mismo”. John F. Kennedy; y, más tarde, Adolfo Suárez.


Hay mucha gente que sabe hablar, entendiendo saber hablar por saber qué decir. Lo malo es que gran parte de esa gente no sabe cuando decirlo, o, por señalarlo de otro modo, no se atreve a decirlo. Hay mucha gente pusilánime, hay mucha gente cobarde, hay mucha gente fanfarrona que prefiere adaptarse a lo que le dicen que es políticamente correcto que ser independiente y, a medio plazo, saber pensar por sí misma. Es el miedo del miedo mismo: es el miedo, en democracia, a la represión y al castigo. “Que no se entere nadie...”; “No, si yo soy de los tuyos pero...”; “Porque no quiero, pero si yo...”; “Ya lo sé, pero es que si digo algo entonces mi hija...”. Así hemos ido construyendo una sociedad basada en la falsedad y en el miedo; por ello otros lugares (Alemania, Francia, Estados Unidos...) progresan, cambian de ideas, cambian modelos, líderes, grupos de presión, y nosotros andamos anclados en los mismos vicios que conoció en el siglo XIX Antonio Canovas del Castillo y bajo los que basó el sistema restauracionista. Al menos a la altura de 1900 estaban las voces del ’98 y de los regeneracionistas de Joaquín Costa para levantar la voz y la cabeza... Hoy nadie. Si alguno bueno aprendí en la Universidad es a ser independiente y a pensar por mí mismo. Considero que lo importante, imprescindible y lo independiente es hablar claro y defender con la palabra nuestro propio futuro.

10 de enero de 2010

Más nieve...


Fotografía de hace un rato, desde el balcón. ¿Año de nieves año de bienes?

9 de enero de 2010

Hacer daño


La maledicencia es el ejercicio público número uno de los españoles. Es decir, hablar mal de otros, difamar sin pruebas a otros, acabar con la credibilidad de otros; en definitiva: hacer daño gratuito a otros es la ocupación más frecuente de las tertulias de taberna españolas. Y en nuestros días, por desgracia, lo que conocemos por Internet se presta a ello con total impunidad e, incluso, bajo un cierto anonimato (a priori). El ejemplo, a modo de punto de partida, nace en la televisión actual, cuya programación viola diariamente la Constitución y las leyes varias veces, sobre todo en esos programas que la crítica ha denominado “rosas”. Es común oír hablar a los tertulianos (por lo general gente poco formada, lindando con lo que educativamente podríamos denominar “analfabetos funcionales”) de “querellas criminales”, “querellas por difamación”, etc., que luego el vulgo aplica a su ombligo según le va o le viene y que lo ‘criminal’ y la ‘difamación’ es lo que ellos creen que es y no lo que realmente es. Nadie tiene constancia ni experiencia de que, afortunadamente, en un ordenamiento jurídico no basta con presentar una denuncia, sino que hay que demostrar los hechos con pruebas para que un juez de primera instancia admita a trámite la denuncia. Este es uno de los vicios ocultos de España, que espero que a partir de 2010 cambie.

8 de enero de 2010

Faltan héroes


En este tiempo lo que realmente necesitamos son héroes, porque lo que ha ocurrido (al menos en la explicación filológica de nuestros días) es que sobran antihéroes; esos prototipos de hombres y mujeres ineficaces, que como Lázaro de Tormes evolucionan sicológicamente pero no mueven para nada los hilos de su vida y no cambian tampoco la sociedad. La novela española contemporánea, como fiel reflejo de una sociedad apocada e inhábil ha dado maravillosos antihéroes, desde el Antonio Azorín del escritor de Monóvar (es decir, José Martínez Ruiz) hasta Pascual Duarte o algún detective de magnífica novela negra. Los héroes de antaño quedaron reflejados en la épica medieval: Rodrigo Díaz de Vivar, Valtario, Roldán... Quizás haya héroes anónimos, pero de esos no hablan ni la prensa ni la calle. En la clase política, como abundan los mediocres, apenas hay héroes (ya lo dije hablando de Adolfo Suárez manteniendo el tipo imperturbable frente al teniente coronel Tejero y sus huestes: él era un buen actor, un político de raza, de los que trabajan las veinticuatro horas por y para ello y sin poner precio de sueldo al cargo como hacen ahora los que sueñan un silloncito preferiblemente sin presentarse a elecciones -o sin haberlas ganado aún- o yendo en el número putomil de la lista; Suárez fue el héroe de aquella noche...). Estoy por pedirle a Arturo Pérez Reverte o a Antonio Muñoz Molina que se inventen un héroe de verdad, de novela; que le creen un partido y que lo presenten a La Moncloa...

5 de enero de 2010

Lenguaje e intención en 2010






La palabra dicha tiene un inmenso poder de persuasión cuando se utiliza con la intención de captar al otro. Estamos inmensos en la era del lenguaje, constituido por el texto sms, el texto electrónico y la palabra, modulada como vehículo de transmisión imperdurable. Lo nefasto de nuestra palabra es cuando es utilizada con la inusual intención de la confusión (llamémosla así) o con una intención de “decir” no recta. Aunque, bien es cierto, la palabra que no va acompañada de la mirada es más propensa a la no-verdad, puesto que en el ejercicio emisor-mensaje-receptor, además del canal vocal, la mirada “dice” con toda la propensión de la manifestación.






Hay dos manifestaciones de la palabra en las que la intención es primordial: el lenguaje político y el lenguaje amoroso (sea o no sea esta un lenguaje también poético). En el ejercicio de la política el lenguaje es necesario, es el canal de transmisión indispensable para conformar un contrato entre el elector y el elegido y, por lo tanto, la manifestación del mismo y, en adelante, si se da el caso, la manipulación del mismo son notorios. No es lo mismo decir “tenemos futuro” que decir “podemos tener futuro”. La utilización fraudulenta del lenguaje en este ambiente es evidente y verbos como ‘construir’, ‘pactar’, ‘votar’, ‘declarar’, han perdido todo el sentido de su acción, puesto que el receptor ya no les da la verdadera acepción del Diccionario, sino que les atribuye un sentido figurado e irrisorio que antes no tenían.



En el lenguaje amoroso “querer” no tiene matización: un padre puede querer tanto a la esposa como a los hijos, de forma diferente o con distinta intensidad, pero el lenguaje no diferencia. Tampoco (creo yo) es lo mismo “querer” que “amar” e, incluso, no existe una palabra estándar para definir la mera “pulsión sexual”, puesto que el sentido escabroso o grotesco atribuido a los verbos al uso inciden en que se consideren tacos.

Espero pues, una auténtica dedicación al lenguaje en 2010.

4 de enero de 2010

Un gran poeta

Gocémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte y al collado,
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura.

Y luego a las subidas
cavernas de la piedra nos iremos
que están bien escondidas,
y allí nos entraremos,
y el mosto de granadas gustaremos.

Allí me mostrarías
aquello que mi alma pretendía,
y luego me darías
allí tú, vida mía,
aquello que me diste el otro día.
El aspirar el aire,
el canto de la dulce filomena,
el soto y su donaire
en la noche serena,
con llama que consume y no da pena.

Que nadie lo miraba,
Aminadab tampoco aparecía
y el cerco sosegaba,
y la caballería
a vista de las aguas descendía
.

San Juan de la Cruz (1542-1591).

1 de enero de 2010

Nuevo año, más deseos


¡Feliz 2010! A ver si el año que estrenamos hoy nos resulta satisfactorio a todos. Ojalá nos cundan los éxitos; ojalá se nos llene la sonrisa de verdadera alegría; ojalá aquellas cosas que hemos dejado a medias concluyan; ojalá aquello que emprendamos germine; ojalá que la tremenda corrupción, el paro y la dejadez sean fulminadas de España cual plaga de langosta; ojalá empiece un futuro de verdad, con la ilusión del trabajo bien hecho, con la esperanza de unos días venideros en que nos veamos colmados de realidades y con un nuevo horizonte.
¡Feliz 2010!