28 de agosto de 2010

Ivana Milicevic


Ivana Milicevic (Sarajevo, 1974) es una actriz que vi por vez primera en "The russian job" hace un año (la película es de 2003), uno de sus trabajos menores, pero a la sazón una delirante comedia que no está mal repetir estos días de canícula veraniega. Afincada en Estados Unidos, su carrera cuenta con dos o tres títulos importantes además de alguna aparición en alguna serie de televisión. Algo bueno nos tenía que haber llegado a Occidente procedente del ex bloque soviético, como tantos intelectuales, científicos y políticos... sobre todo para los papeles del Este en torno a James Bond, en una de cuyas películas también participó.

27 de agosto de 2010

Complejas e Ininteligibles

¿Qué pasa porque Olivie Wilde haya sido sorprendida en bikini? ¿Es que una actriz no puede ir a la playa como cualquier otra mujer que conozcamos?

Sí, en facebook he escrito por enésima vez que no entiendo a las mujeres, a pesar de que cada uno, equivocadamente o no, tienes sus pasiones, y más intensas si son literarias...

Me rebelo contra lo que no entiendo, salvo que me lo expliquen.

Me ha gustado esa frase de un médico, en El Mundo, que dice que la muerte sabe que va a ganar de tal manera que nos da toda la vida de ventaja.

26 de agosto de 2010

Una generación perdida


Los polititicastros estos que nos mal gobiernan, la verdad, están consiguiendo dejar ko a toda una generación: la de aquellos que nacimos entre 1970 y 1985, aproximadamente. Estamos en un país en el que no se genera empleo, en el que no se da a los jóvenes su primera oportunidad, en el que los sueldos de la gente joven que trabaja son un auténtico timo, etc. Lo cierto y verdad, por lo que veo, es que ni los unos ni los otros tienen ideas, soluciones y carisma para hacernos salir de la crisis económica y moral y, lo que es más, tampoco las van a tener. Alemania está en la tasa de desempleo de 1992, la más baja de su Historia, por lo que ha salido más o menos de la crisis. Nosotros seguimos igual. Los jóvenes que han hecho estudios, que han buscado un empleo, que han creído en sí mismos y han querido emprender, se ven hoy sin recompensa; mientras que la política en una magistral forma de vida para muchos mediocres que viven genial en la poltrona mientras toda una generación se tira a la basura sin más. Así es España.

25 de agosto de 2010

Algunas cosas de verano...


¡Qué cuqui! (smile) (Anna Simon).

No existe lo perfecto ni lo eterno, sólo existe lo creíble.

Ahora que se acerca, que se viene, el final del verano y que lo inteligente es hacer balance cabal de cómo ha ido todo, con filias y fobias, con lo ideal y lo real, con las pequeñas maldades de pequeñas traiciones, con “desanchás” y calor como manda la regla natural, pues yo ya he hecho mis reflexiones: mis horas y mis días. Que, por cierto, no vienen a cuento, porque lo íntimo es subjetivo y contarlo, si no es pasión, no viene al caso.
:-)

24 de agosto de 2010

Ibiza, la isla negra


por Irene Rodríguez Aseijas.

La isla del todo vale. La isla guapa en la que posar. El escenario cool de la Flower Party. El zoom perfecto para los yates. Las revistas del corazón. Las portadas luminiscentes. Las tiendas exclusivas encaladas… De portada. De cerca, la realidad cambia. He visto tetra bricks. He visto pañales, cleenex, botellas, esquileros, zapatillas, bidones, condones, más botellas, más pañales, colillas en cantidades industriales, zapatillas. Cala Llenya, Cala Nova, Aguas Blancas, Cala Mastella… absorbiendo indefensos nuestra mierda. Un tsunami de basura arrojada cada día con desvergüenza, alevosía e impunidad. Una monumental carga de desperdicios que, a diario, lanzan los turistas y esos yates tan chulos del aparentar. Tanta basura. En tanta cantidad. Destrozando el paraíso. Porque sí. He visto ingleses y alemanes y franceses y españoles ultrajando con desvergüenza rincones de una belleza natural conmovedora . Familias. Niños. No borrachos, ni pasados de pastillas del Space: Familias. Adultos con hijos. Hijos con otros hijos. Jóvenes, viejos …Y me pregunto ¿Quién coño nos creemos? ¿Dónde están las autoridades, más preocupadas en asegurar que la bandera que hondee en Dalt Vila sea la apropiada? ¿En qué momento enterramos para siempre la educación? ¿Cuándo decidimos que en España todo vale? Que no hay nada que hacer ¿Por qué nadie parece alarmarse, revelarse, alzar la voz? ¿Dónde están esos hippies de las Dalias? ¿Qué les importa su isla?
Los vertidos del petróleo en el Golfo de Méjico, la contaminación de las industrias, los hidrocarburos. El video de Al Gore. Todo eso está muy bien. Pero por debajo de esa gran contaminación masiva y alarmante, hay otra doméstica, igual de terrible y constante, de la que nadie se ocupa. Una que sí depende de nosotros. Que nos pasamos a diario por el forro. Pañales sucios, compresas, botellas, latas, mecheros, profilácticos… abandonados al sol.
Escribo estas líneas con vergüenza. Con rabia. También con asombro. Sin esperanza. Y quizá eso sea lo peor de todo. Las escribo porque siento que se las debo a Ibiza, al mar, a la arena. Y con Ibiza, a todos esos otros rincones maltratados, repartidos por nuestras costas, nuestros bosques, nuestros ríos y pantanos. Porque no podía volver y olvidarlo, dejarlo correr, guardar silencio, pasar a otra cosa. Esperar a olvidarlo, anestesiada por las fotos del espectáculo que no muestran los detalles. Las escribo porque, aunque sólo sea eso, no quiero alimentar más mi vergüenza.
No tengo esperanza. Pero tal vez mi esperanza no cuente.
Irene R. Aseijas,17 de agosto 2010.

23 de agosto de 2010

"Desanchá", 'ensanchá', 'creída'...


Voy a decirlo con un poco de humor. El mundo en general está lleno de “desanchados”, sobre todo de “desanchadas” o “desanchás”. Este término proviene del verbo ‘ensanchar’, sobre todo de la segunda y tercera acepciones, según la RAE: “2. prnl. Envanecerse, afectar gravedad y señorío. U. t. c. intr. 3. prnl. Hacerse de rogar”. ¿Qué vengo a decir con esto? Bien, salgo algunas noches de fiesta, con la intención de tomar algo y, si se tercia, para conocer gente; pero lo que atisbo es una suerte de damas, damiselas, mozas o mozuelas, que podríamos denominar “desanchás”, esto es, no se dignan a hablar con nadie por su presunto ‘señorío’ (ver la acepción segunda de antes) o porque todos los hombres que pululamos por los alrededores (listos, tontos, guapos, feos, de pueblo, de ciudad, ricos, menos ricos, etc) somos “poco dignos” de entablar conversación o debemos insistir (acepción tercera). Ellas necesitan otra cosas que no tienen clara pero si viniera un príncipe nórdico a pedirles matrimonio le sacarían algún defecto y lo rechazarían. Algunas de estas jácaras o jacarandinas, que no jacarandosas, siguiendo a Francisco de Quevedo y tomando también algo de su misoginia (que no viene mal algún que otro día) son así, princesas mentales, que leen “Hola” y “Lecturas”, suelen ver “DEC” y otras basuras de la TDT (y, por cierto, su dicción es deficiente) y no han viajado más allá de Despeñaperros (teniendo en cuenta que es paso obligado entre dos de las más hermosas zonas, regiones, lugares de España). Es decir, que la casa tiene una hermosa fachada con un interior en ruina inminente. En fin, la España de Lázaro de Tormes y de Quevedo en su exacto punto en pleno siglo XXI. Y si no, vengan y compruébenlo.
(Para quienes no seáis de un medio rural ni hacéis uso del español peninsular, tomad la palabra “desanchada” como literal sinónimo de “creída”).

18 de agosto de 2010

Difama, que algo queda...


Lo peor de vivir en un pueblo español son las “habladurías” de la gente; los “cabildeos”. Verdaderamente la capacidad de pasar desapercibido que tiene uno en una ciudad es algo impagable, increíble. Pero... en un pueblo, y más en el mío, se generan comentarios de café que si le afectan a uno deja pasar. Por lo general la gente opina sin conocimiento de causa, sin criterio, sólo en función de que por opinar se tiene razón: y me molestan mucho esos comentarios, sobre todo si se refieren a alguna persona a la que uno aprecia o quiere o trata. No sé qué saca la gente con decir eso y propagarlo. ¿Hacer daño? ¿Minar la sicología de la gente? ¿Difamar por difamar? No lo sé. Creo que puedo pasar de todo ello; creo que sé defenderme y extender un chubasquero y no hacer caso ni dejar que me afecte, pero...

16 de agosto de 2010

Malvadas y virtuosas...


Por el camino siempre te encuentras gente, de la cual sacas conclusiones que te sirven o no para valorarlas en su justa y necesaria medida, e incluso te arrepientes de no haber dado importancia a quien sí la tenía de verdad y de haber perdido tu tiempo con quien, a la postre, es mejor no mercadear en ningún patio de Monipodio. Como aquel (tipo y tipa, matrimonio sui generis, “of course”) que antepone siempre su ideología a todo: a la familia, al trabajo, a las vacaciones, a tomarse una caña... ¡Uf! ¡Menudo agotamiento! Pero lo que me ha venido a la mente en esta tarde de verano semi-lluviosa es esa mujer que vive subyugada bajo una relación rara de entender y que a mí, lo confieso, me atormenta no sé por qué; o esa otra persona continuamente atormentada (también) por todo cuanto acontece a su alrededor; incluso esas dos o tres mujeres fatales que me han decepcionado, mucho, realmente: menuda colección he acumulado de malvadas.

También, por supuesto, y si no se entiende mal, esas dos o tres pasiones que tiene uno llamadas Karina y Verónica y que habitan en Buenos Aires... y esa otra que, según la circunstancia, saluda o no (¡cuánto cuesta entendernos!); también quien oculta las fotografías... y quien, al cabo del tiempo, las saca a la luz para que recordemos que han pasado algunos años...

Claro está que todo eso no nace por que sí, sino porque uno anda metido en harina literaria y saca del trasfondo del alma todo aquello que, visto y vivido, sirve de materia prima del recuerdo. Como aquella película basada en la novela de Joaquín Leguina o aquel caluroso día de Santiago hace ya algunos años... O esa otra poeta; bueno, esa no, esa que siga muy muy al Norte. La gente va y viene y yo he tenido la suerte de conocer gente e, incluso, de conocer gente fantástica en el momento en que creía que la gente que merece la pena no habita en ninguna parte, o, al menos, sólo yace sepultada bajo el hielo polar de la Antártida.

Confiar vs Desconfiar


Nunca debes confiar del todo en alguien. Te quedas demasiado helado cuando descubres que sólo existes ídolos de hielo, gente que es-no-es... y cuando te das cuenta, humo y fuese todo.

11 de agosto de 2010

Algo


La lealtad es la distancia más corta entre dos corazones.
(José Ortega y Gasset)

10 de agosto de 2010

Sin cambiar de... pasión


Es verdad... por muchas vueltas que se le dé... de lo único razonable que uno no puede prescindir es de la pasión.

9 de agosto de 2010

Lo de hoy


Apuestas fuerte por una persona y, posiblemente, aciertes. Eso sí, debes estar seguro de ello, porque la vida de las cosas, como de los sentimientos, es efímera, o no; todo tal cual sucede en la realidad. Decía Ortega y Gasset que la distancia más corta entre dos corazones es la lealtad, pero... ¿sabe todo el mundo qué es la lealtad? Repito mucho todo esto porque cuando a uno le gusta la filosofía, es decir, cuando la gente quiere tener las cosas claras, darles una explicación (metafísica, positivista, etc.) y no encontrarla o meter la pata es algo duro, muy duro. Por otro lado, si se es capaz de separar las excepciones de la regla, de aislar los casos que merecen la pena del común, uno estará en la senda de la amistad, de la lealtad, no sé bien, pero no será un error.

8 de agosto de 2010

Migrañas

La gente que sufre migrañas lo pasa mal, realmente muy mal. Es un proceso de dolor bastante jodido, insoportable, que mina el humor de quien lo padece y que dura hasta no se sabe bien cuando... La verdad es que se pasa mal al saber que hay gente que lo pasa mal y tampoco sabe uno cómo cuidar o solidarizarse con quien padece ese mal.
(Mamen, ponte bien pronto)

7 de agosto de 2010

¿Por qué si yo saco la cara por ti tú no eres capaz de hacer lo mismo por mi?


Hay algo más importante que la ideología o que la forma de pensar: la independencia. Decía una vez Luis Alberto de Cuenca que un intelectual, por encima de todo, lo es, y por tanto, ante su posición política o ideológica (y, por supuesto, su partido) lo primero es la independencia, ser intelectual. Algo que me apliqué, creo que con más o menos fortuna, desde el principio.

El problema está, o principia, en cuanto te das cuenta que la gente opina y enjuicia de oídas, generando un molde que aplica al resto sin contrastar ni conocer a la persona. Eso es lo que se denomina “demonización”, que hubo bajo el franquismo y que, por desgracia e inmadurez democrática (aún) existe todavía. Es una pena pero es la realidad pura y dura. Lo que más me duele es que haya gente a la que valoro integralmente (y estoy pensando en alguien en concreto) que pueda dejarse llevar por ello o caer en ese mismo error en el que han caído otros muchos. Es verdad, y así lo dice la crítica literaria, que es imposible separar al intelectual del político, esto es, al hombre que crea y dice del hombre que piensa; pero es que hay grados de independencia.

Afortunadamente a la gente que conozco la enjuicio yo a partir de la experiencia, como los filósofos, y no a partir de lo que me dicen; es por ello que quizás entre mis mejores amigos (y amigas) hay gente que no necesariamente comparta criterios ideológicos y estéticos conmigo, pero sabemos muy bien todos de qué pie cojeamos y por dónde vamos: lo esencial es ser miembro de una sociedad, no de un partido. Eso sí, molesta mucho cuando te das cuenta que sí, que los demás leen esto y lo ven muy racional y muy bonito e incluso te felicitan pero a ti te echan el sambenito, te cargan con las culpas de la Revolución Francesa de 1792 (por no decir acontecimientos más próximos) y ‘chín-pún’ o se callan cuando otros te ponen a parir, saben que no es cierto y no tienen la valentía de desmentirlo, como yo sí he hecho en miles de ocasiones; pero obvio, por eso yo paso desapercibido, no se lleva.

También está la valentía de ser independiente, de defender a tus amigos y la libertad de saber decir las cosas en todos sitios con la misma independencia que en la soledad de tu cuarto.

5 de agosto de 2010

Caer el mito


El mensaje que se me ocurre enviar, ahora, a Karina Sacerdote es, sin duda, aquel adagio que dice que “uno deja de ser niño cuando mueren sus padres”. Entonces empieza el ser adulto, la verdadera independencia que crea una soledad para la que únicamente tú puedes poner remedio.

Es como cuando cae un mito, como JFK, un mito que rompe el molde y deja huérfano no al seguidor sino al que lo toma como modelo. Por muy mujeriego y muy demócrata (haciendo uso de la palabra ‘democratic’ norteamericana) que fuera el presidente Kennedy con él se fue una era que no suplió el casi anónimo Lyndon Johnson o el increíble (en varios sentidos) Richard Nixon.

Es que una puerta se cierra con candado y otra se abre de par en par...

2 de agosto de 2010

Impasible


No es bueno permanecer impasible. Siempre hemos de optar por dos caminos y arriesgar; no hay lugar a una tercera vía y, si lo hay, es algo engañoso. Como esos sueños de verano tras los cuales uno despierta y recuerda que todo fue una ilusión poética, una vana ilusión que acaba en el momento de despertar...