
De repente me vi solo en casa, con una copa en la mano y reflexionando sobre el amor. Pues sí, ¿quién no ha estado enamorado alguna vez? Esa sensación que te pone cara de tonto, de pánfilo más bien; esas mariposas en el estómago, muy puñeteras porque son gases que se transmutan cuando ves a la persona amada; esa cara absurda cuando hablas por teléfono -¿para qué?, si no te ve-; esa risa nerviosa y tonta -que te hace perder la naturalidad-... y, en definitiva, el amor (mientras esto medito pongo mucho cuidado en no escribir tacos, palabrotas y demás zarandajas, no vaya a ser que la inteligentísima Belén Montes -futura esposa del profesor Layton- me lo eche en cara).
Repito, ¿quién no se ha enamorado alguna vez? (Que nadie insista que yo no voy a dar nombres, porque igual suelen ser lectoras de este Blog y se armaría la de San Quintín: "mira tú este", "qué se habrá creído", "enamorarse de mí: habrase visto", etc., etc.; porque eso sí, cuando estás enamorado y no te corresponden, la sinceridad es como un puñal bien hundido entre el ventrículo izquierdo y la aurícula... bueno, según entre). Pues eso, que tú te enamoras y te transmutas -y con esto contesto la pregunta de los seguidores de Freud: sí, nos volvemos idiotas, o como dicen en Murcia, tontacos- y mandas mensajes (bueno, yo mando cientos aunque no esté enamorado, aclaro) y dices eso de "no, cuelga tú; no, primero, tú; sí, sí, tú". Y claro, si no te descuelga el móvil , ¡uf!: "se habrá hartado de mí", "me habrá dejado por otro", "qué habré hecho o dicho para que me trate así de mal". Y obvio, no piesas que puede estar en el baño (no es etérea), o trabajando (no vive de la sopa boba), o comiendo (no se mantiene del aire), o durmiendo (también ha de reponer energías), o hablando con una amiga (no te va a contar a ti que le ha mirado el trasero a otro) y todo eso.
Y lo mejor es cuando te vas de veraneo con la persona enamorada (amada, dirían los cursis) y descubres, por la noche, que ronca; por el día, que bosteza y se levanta con los pelos engrifados (encrespados o de punta, que se dice); que no le gusta como cocinas (a ver quién es el guapo que supera a su madre)... y ejem, más, cuando a ti te apetece ponerte cariñosón lo más que puedes hacer es acercarte a la cocina a por una Aspirina y un poquito de agua; eso sí, cuando tú te pones hasta las trancas de vino blanco y whisky, un suponer, entonces ella, en fin, ella... y tú te dices "madre mía ahora con la modorra que me ha entrado" y ella que insiste, con lo guapa que es y lo sonriente que está (que claro, se ha atizado la otra media botella de vino) y, finalmente, dormís abrazaditos en la terraza de la habitación del Hotel porque a parte del sueño lo que ataca es un calor insoportable y una sed tremenda.
Pues eso, que en el fondo el amor es maravilloso, pero con cuidado.
(Dedicado, con humor, a Belén, que me lee)