29 de julio de 2011

Mis fantasmas y yo...




¿Qué pasaría si un día siento miedo ante la página en blanco? ¿Qué pasaría si un día no recuerdo nada? ¿Qué pasaría, ahora que no ando enamorado, si de pronto no recuerdo sus besos? ¿Qué pasaría si de pronto un día cualquier cosa deja de ser tema narrativo? ¿Qué pasaría si un día mi voz se acalla y no grito ante lo injusto? ¿Qué pasaría si de pronto la belleza deja de serlo y se convierte en lo feo? ¿Qué pasaría si de pronto no soy capaz de explciar lo inefable?




Hay noches en que los fantasmas vagan por mis sueños y de repente hacen de mí un muñeco de trapo sin alma ni iniciativa; me atan de pies y manos y me impiden acercarme al ordenador y enviar un mail; rompen mi teléfono móvil y no me permiten chequear el último sms; borran del disco duro de mi mente la sonrisa que me atenaza y me hace inspirar alguna cosa... Ellos se van cuando llega el alba y a la siguiente noche vuelven como cada día desde hace dos semanas.




Por el día dormito embebido en todo cuanto he sufrido por la noche y sólo me queda el miedo; miedo a mis propios fantasmas...




(Copy de la fotografía: Sabina Casarova)

"Desaparecida"



Para Mamen.


"Fuese y no hubo nada", decía el clásico. Aquella mañana primaveral me encontraba en la terraza del Café París, un clásico de la bohemia de los años veinte. Tenía entre mis manos unos poemas de Gerardo Diego y la carta de sanción de la Agencia: estaban hasta las narices de mí y de mis poco ortodoxos métodos de trabajo, dado que, en cada investigación, me saltaba seis o siete leyes nacionales y otras tantas regionales. Total, si te esperas a que llegue una orden judicial, por ejemplo, la banda huye: sin problema, yo entro con mi equipo, pegamos siete voces y rompemos lo que nos pille más a mano, como un elefante en una cacharrería, y detenemos al malo malísimo, que es lo que nos enseñaron en el cole. Sanción: seis meses. ¿Y ahora? Pues eso, a leer poesía en un café.


En la mesa de al lado la madre de una amiga dice a sus correligionarias que "lleva ya dos semanas desaparecida, sin dar señales, se fue, estaba agobiada, pero la Guardia Civil no sabe nada; madre mía, mi hija... yo ya no puedo más...". Conversación, por otro lado, típica y tópica. Y eso que la Benemérita se lo curra de verdad. Como yo no sabía nada y además estaba fuera de juego, me vuelvo a Madrid y pido placa y arma... Pereda que dice lo de siempre: "ni de coña, a ti ni agua macho, que la última vez destrozaste la tienda de ropas para cazar a la mujer del mafioso ese y hemos pagado cien mi pavos por el arreglo... ¡tú no sabes, Paquito amigo, cómo están arriba!". "A mí me la refanfinfla... déjame el arma y la placa un finde, sólo un finde, y te prometo que no hago nada, que voy al extranjero". Cara de póquer del jefe de sección y añade: "eso, a generar un conflicto internacional". "Mira macho -digo yo- es una amiga de esas de verdad y se ha largado o se la han llevado y te digo que la traigo con un par...". "Mira, haz lo que te dé la gana, pero yo no sé nada; está claro, no-sé-nada...".


Lo sabía. Cerca de Phoenix, Arizona, USA, hay un albergue gigantesco de animales en donde la mayoría son perros (maltratados, abandonados, etc.) y allí no sólo los cuidan, si no que Greenpeace imparte enseñanzas a gente de todo el mundo. No conozco tanto como presumo a la muchacha, pero mi olfato de detective (esta vez sin romper nada) me dijo que harta de todo se había ido a algún sitio a donde le dieran cariño; y a ella quienes más cariño le daban eran los perrunos... Bajé del Ford enorme que alquilé en Tucson y bajé a la puerta misma.


Aunque con el pelo recogido y algo más delgada, allí estaba ella. Tomé asiento a su lado, mientras sacaba el enorme café del Sturbucks y la hamburguesa texas que había comprado en el puesto callejero:


-¿Qué haces tú aquí?

-Pues nada, como me importas tan poco, he venido a Arizona a aprender Medio Ambiente.


Y sonrió.

"La nueva"



He tenido como norma pensar que la gente, en esencia, es mala (homo hominis lupus) y que nada bueno ha de encontrtarse en el otro, es decir, en esa gente que conoces una noche y te exprime o te supera hasta el límite y luego desaparece, como las cucarachas. Generalmente los hombres -en genérico, en el que entran las mujeres, y desde mi experiencia de psicólogo- nos creemos que todo el mundo es bueno, pero no.


Conocí a esa chica cuando la trajeron a mi oficina desde la sucursal de Palencia, en el Norte. Al principio me pareció una pija insoportable, mojigata y pánfila y no le presté demasiada atención; para qué, me dije a mí mismo, esta es otra de esas arribistas que en pocos meses se liará con el jefe y conseguirá que nos echen a todos. Pero me equivoqué... Dice mi amigo John que todo el mundo merece el beneficio de la duda. Y ella me lo demostró.


Aquella mañana vino directa a mi mesa, saludó, sonrió, miró mi foto con los Scouts de Albacete, volvió a sonreir y fue entonces cuando dijo:


-Necesito que trabajemos juntos en el proyecto de nueva planta.


Y desde entonces dormimos juntos.

28 de julio de 2011

"No tengo nada que ponerme"




Cuando nos compramos el piso dedicamos una habitación, que no íbamos a utilizar, como ropero; era obvio, su trabajo le hacía estar cara a cara con el público y la imagen, en esos casos, es primordial. Que nadie pregunte por qué es primordial, pero lo es... También es cierto que cuando éramos jóvenes éramos mucho más pobres; bueno, hoy también porque ya no son 400 euros los de 2002, es menos. Pero...




Realmente, del ropero de marras sólo medio módulo era para mí, los otros cinco metros cuadrados estaban dedicados a 'su' ropa y 'sus' zapatos. Toda una amalgama de colores, formas, estilos, temporadas, etc., de las más importantes e, incluso, inverosímiles marcas y firmas. Yo, a parte de media docena escasa de corbatas y unos cuantos trajes, dos o tres 'jersezuchos' (in Albacete dixit) y un vaquero roto por la entrepierna, no tengo nada más. Nada más, lo juro.




Tenemos una boda, nos empezamos a vestir; abre todas las puertas, esparce por la moqueta todo el vestuario (cientos de vestidos, zapatos, complementos...) y, entonces, la frase con la que me entran los siete males (y a mi tarjeta de crédito mucho más):




-Nene, no tengo nada que ponerme...


(Para Belén, que me ha dado la idea).

27 de julio de 2011

"Cambiar las cosas"



No hay nada cerrado en esta vida, por mucho que la cultura nos haga estar apegados a la tierra, a la gente, al perro, al gato o a las cosas inmediatas que nos rodean; y si, encima, no eres de esos que te apegas a lo insignificante, al qué dirán (los otros) y al esto es así o de esta otra forma, llega un día en que te levantas... Dijo un tipo de esos que piensan bien que la suerte te espera allí donde uno vayas a buscarla. Y Frank es uno de esos... uno de esos hombres de acción cuya acción es, simplemente, saber moverse. Y no le va mal.


Pongamos que Frank es uno de esos tipos que provienen de uno de esos otros países en los que reina "el qué dirán", la maledicencia, el paletismo traducido a una mala televisión llena de torpes encumbrados a la máxima expresión que nos adiestran... y en el que el esfuerzo pesonal e intelectual se valora para lo mismo que sirve el papel higiénico. Por eso, aquella mañana cuando despertó de la nebulosa en que se veía atenazado, decidió probar suerte... descartó de antemano Italia o Grecia, no sabe por qué -yo, sí-.


Y entonces recordó que su prima María vive en Nueva York.


(Para Arturo Pérez Reverte, que sí habla alto y claro).

Ahora, recortes...



Su Excelencia tiene la honorable potestad de ponerse un sueldazo poco acorde a su nivel académico -que, dicho sea de paso y con la intención de decir las cosas tal cual son, se ofenda quien se ofenda, es un nivel penoso tirando a la nulidad más absoluta-; es decir, unos seis o siete mil euracos del ala al mes, más el coche, las comilonas, la secretaria, el teléfono, etcétera de los etcéteras... Es que claro, ganó las elecciones por los pelos y gracias al demérito del otro, que era más tonto que él, por supuesto. Ahora, pasado algún tiempo, como le falta pasta por un tubo y de todos los lados, pues ha pensado, después de la migraña y el calmante, porque eso de pensar, sinceramente, lo hace poco, y ha dicho, pues bueno, voy a recortar gastos, un suponer; y como el tío supone bastante, pues el recorte lo ha realizado en la Sanidad -pongamos que les cierra el Centro de Salud a los vecinos de un pueblo obrero y de mediana edad tirando a jubilados ya mayores y con achaques- y luego seguirá con la Educación, obvio. "Jamás recortaremos de Educación y Sanidad", bla, bla, bla, que estamos en campaña y hay que ganase el voto.


Y digo yo... ¿No habrá pensado el tiparraco en irse a la mierda?

'Latitud de fuego', de Andrea Cabel





Se ha editado, recientemente, el último poemario de Andrea Cabel (Lima, 1982) Latitud de fuego. Anteriormente ya se ha hablado en este blog de la joven poeta peruana, a quien conocí ya hace algunos años en Madrid. La intensidad y el brillo del nuevo poemario deja constancia de su personal voz, nacida hace ya bastantes años y que en la actualidad está cobrando una fuerza y una personalidad estética incuestionable. Entre las páginas de su nuevo libro, Andrea nos presenta el poema 'Lágrima en la arena':

he decidido, como todos los días, alimentar el espacio que dejaste. pintar las hojas de los árboles cuando cae el otoño. despertar con caricias y fruta el recuerdo de tu piel por la mañana. camino con miel en los ojos, con el color de la playa cuando es de tarde, explico a mis brazos que la fuerza es una forma de amar al cielo, que las estrellas son el aterrizaje para escapar de ti. y vuelvo.

resignada, sin tiempo, vuelvo al borde de la cama, directamente a tus ojos, regreso con la frente baja y los ojos de principio y final. entonces pienso en la gravedad de la lluvia, en la vida cíclica de un beso. por ti visto mis manos de soledad y esperanza, por ti mi cuerpo es el color rojo, por ti mi vida se escapa y descansa. he decidido, hoy, como todos los días, alimentar tu lenguaje de vacío, y dejarlo secar al sol.

(Omito la cita de Lucian Blaga por razones de espacio). Invito, por tanto, a los lectores de este Blog a acercarse a este nuevo libro y a la poesía de Andrea Cabel.

( Andrea Cabel, Lima, 1982. Licenciada en Literatura hispánica por la Universidad Católica del Perú. Diplomada en Periodismo Político y Análisis Cultural por la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Actualmente forma parte del Doctorado en Artes y Ciencias del Departamento de Español de la Universidad de Pittsburgh, EEUU. Publicó reseñas crítico-literarias en los diarios El Comercio y Expreso, ambos de Lima. Publica en diversas revistas del medio nacional e internacional. Su primer poemario, Las falsas actitudes del agua, 2006, recibió el primer premio del concurso Esquina de papel, auspiciado por la Embajada de España y fue reeditado en julio del 2007. Coordinó la muestra de poesía Sepia y rojo: cuatro poetas de Lima para la revista sèrieAlfa de Valencia, España, con textos editados en español, catalán, finlandés, euskera, inglés, italiano y portugués. Participa de diversas antologías nacionales e internacionales. Su segundo poemario, a modo de plaquette, Uno rojo, ve la luz en la colección “Underwood” de PUCP en setiembre 2009; la segunda edición de la plaquette se publica este año bajo el mismo sello).

26 de julio de 2011

"Miente"



Las últimas semanas, según las estadísticas, me ha mentido dos veces al día; posiblemente sea una terapia o la concepción subsacra de la amistad, que algunos ven como una enfermedad que les dice que han de nutrirse de los despojos de otros para sobrevivir y ser más fuertes. Según la prensa, además, me ha mentido a conciencia, como si hubiera de despistarme con sus historias, como si yo no debiera saber cuál es el camino que toma o como si el premio a mi lealtad sea la traición.


Lo dice la gente "te miente porque así es la mejor manera que tiene de reírse", te equivoca, intuye que la información que recibes, si está contaminada, te matará, y así siempre podrá decir que no sabía nada, o lo que es peor en estos casos: "pero es que tú creías". Si tuviera dinero huiría al extranjero dejando detrás una porción de tierra quemada, la nada, para jamás volver, así también le dolerían sus propias mentiras.


Quise ser su amigo y me equivoqué.

25 de julio de 2011

"Huir del Golpe"



El otoño argentino de 1976 fue relativamente cálido, o a mí me lo pareció así. Después del Golpe desaparecieron algunos de mis amigos intelectuales de izquierda y jamás he vuelto a verlos. Al principio a mí me dio igual y ese fue mi error: cuando el terror se apodera del poder y cuando el que no piensa como tú desaparece es el principio del fin, pues luego el que ya nunca vuelve a casa puedes ser tú. Yo era joven y qué iba a saber.


Algunas de las mujeres que más he amado han sido militantes de izquierdas; algunos de los intelectuales que más me han valorado han sido de izquierdas; alguna de la gente que más quiero quizás sea argentina. Pero... yo siempre respiré un poco por la derecha, hasta que me dije a mí mismo que el centro es el lugar ideal en el que hacer equilibrios, como Suárez. Eso sólo lo supe cuando aquella noche sonó el timbre en mi apartamento de Corrientes, después del toque de queda. Juro que no me estremecí: yo no era argentino, no era peronista, no era de izquierdas y mi trabajo como profesor de Literatura Universal no me comprometía a nada. El timbre sonó y apareció una joven con el pelo inusitadamente largo, oscuro, unos jeans algo acampanados, acento porteño y una remera naranja. Y mucho miedo, mucho. "Vienen a por mí" -dijo en perfecto acento que yo no sabría reproducir porque soy sobrio castellano-; estúpidamente respondí: "¿Y qué?"... "Los milicos vienen a por mí, ayúdeme carajo". Me volví borde algo después, a los treinta.


Pateaban como caballos; no llamaban, golpeaban la puerta hasta derribarla; les importaba unas narices que fueras español o turco y no atendían a razones. Se llevaron a lo mejor de aquella sociedad, a jóvenes cuyo corazón palpitaba lleno de ideas, de cultura, de futuro. No respetaron nada, o casi nada:


-¿Usted?

-Soy español, profesor de literatura, llevo aquí un mes.

-¿Y esa?

-Esa es mi mujer, es griega y no sabe español.

-Dale.

22 de julio de 2011

"La mirada del alma"



Algunas personas me cuentan sus cosas algunos días. No es fácil vivir rodeado de adolescentes, de adultos con problemas y de pacientes que vienen a la consulta sicológica para contarte sus problemas; y digo que no es fácil porque no siempre te abstraes y no es ni ético ni contumaz mezclarse en los asuntos de quienes te pagan 50 pavos por sesión. Y más...


Aquella tarde, Madrid 2005, sería; no lo sé, porque cuando intento recordar los asuntos se entremezclan con una leve neblina y lo mismo viene 1999 que el 2006; eso sí, el 2001 no, porque el 11-S fue muy fuerte y otros por el estilo. Salí de compras por Goya y al pisar la plaza de Colón, ambientada por ser la tarde con los que se fuman las clases del nocturno del Beatriz Galindo (el Instituto en el que enseñó Gerardo Diego), apenas me di cuenta. Primero pasé a su lado y la vi llorar, pero ni reparé... (mal de amores adolescente, pensé)... estaba ensimismado en la Renta y en el viaje a Bruselas y no sé qué más. Andados varios metros, me volví y me di cuenta de que era Mamen, una muchacha estupenda de mi pueblo que había tratado bastante antes de mudarme quince días que se habían transmutado en quince años. Hablé con ella y nos fuimos a cenar a un sitio cercano y más caro que la zona pija de Nueva York, pero bueno, es lo que hay en el mítico barrio.


Cuando me contó sus cosas me sentí trastornado: cómo una mujer emprendedora y activa, contumaz, sensata y trabajadora decía que se le torcían así las cosas (todo es relativo, porque cuando estás negativo todo es negro y cuando alegre todo es blanco: ¡en la vida hay gris!); cómo podía ser que en movimiento que ella emprendía se frenara sin resorte alguno: ¿acaso es que la vida es una mierda, pero tiene sus momentos? Eso pensaba yo decirle, pero me enervé del todo cuando se dijo fracasada. No, por ahí no, sí que no: era la mejor, eso sin duda.


-¿Sabes por qué siempre serás una mujer triunfadora y valorada?

-¡Uf!, ¿por qué?

-Porque la mirada te nace del Alma.



(A Mamen, que hoy cumple 28 años estupendos)

21 de julio de 2011

"El indignado"

Juan (un suponer, porque puede ser Pepe, Pedro, María, Aurora...) estudió hace años Trabajo Social, primero, e Historia y se licenció con premio fin de carrera; un poco antes de casarse, más o menos a finales de los noventa, decidió trabajar en una editorial especializada, que además editaba para el extranjero. Por entonces ganaba ya 150.000 pesetas, que hoy serían 900 misérrimos euros. A su mujer la despidieron de unos grandes almacenes, en donde trabajaba ocho horas, cuando se quedó embarazada (obvio, pensó el señor empresario: "no produce, a la calle"). Algo después, él, que había estudiado y leído lo indecible, que había ahorrado quitándose de vacaciones más largas, para que a su bebé no le faltara nada y que, como pudo, fue pagando la hipoteca, se quedó en el paro: trapichea con el subsidio, que es corto (500 euros) y con 10 euros que le dan por repartir propaganda dos días a la semana. Está deprimido y algunas veces se anima paseando a 'perruno', que es su perro (como todo el mundo habrá advertido), y a Judit, su niña del alma.



Máximo es un diputado autonómico de la región en la que vive Juan; un tipo al que no conocen ni en su casa a las horas de comer; el típico gamberro que se esfumaba en las clases del Instituto, que aprobó el bachillerato de mala manera, a trancas y barrancas, y que no terminó la carrera, pese a tener beca -no como Juan, que no la obtuvo y trabajaba de camarero los fines de semana-. Lleva trajes de Emidio Tucci y el pelo engominado; y perfume caro. Eso sí, se afilió al Partido y pronto se dio cuenta de que allí había 'cacho': primero fue socialdemócrata, luego democristiano, más tarde conservador, un poquito después liberal, finalmente socialista auténtico y ahora que viene el Papa igual se hace cardenal y el mes que viene, si le cuadra, comunista. Fue elegido de rebote en 2009 -el año, justo, en que Juan perdió su empleo- y cobra 5500 pavos al mes, más la VISA para dietas (es decir, comer de gorra fuera, los cubalibres de los fines de semana y los regalos a su señora esposa y a la amiguita que tiene en el pueblo); tiene secretaria, coche (todo ello a cargo de la Casa de Todos, es decir, el parlamento regional) y el móvil que usa para cualquier cosa personal (432,17 euros la última factura) también a cargo del erario público. Claro, a él nadie le conoce porque iba el número 46 de la lista en 2011, y salió, pero tampoco hizo mucha campaña: dos días y por la noche. Eso sí, es demócrata, muy demócrata, porque cuando le mientan la bicha (es decir, listas abiertas; 15-M; revolución; elecciones con sistema mayoritario)... le entra la cagalera.



Juan sale cargado con un bidón de gasoil y un mechero, a las siete dos minutos, y se encuetra a Paco en la calle (otro parado que sale para que no se le caiga la casa encima):

-¿Dónde vas con eso Juan?
-A quemar el parlamento regional.
-Pues espera, que voy contigo.

20 de julio de 2011

"¡Qué bonito es el amor!"



De repente me vi solo en casa, con una copa en la mano y reflexionando sobre el amor. Pues sí, ¿quién no ha estado enamorado alguna vez? Esa sensación que te pone cara de tonto, de pánfilo más bien; esas mariposas en el estómago, muy puñeteras porque son gases que se transmutan cuando ves a la persona amada; esa cara absurda cuando hablas por teléfono -¿para qué?, si no te ve-; esa risa nerviosa y tonta -que te hace perder la naturalidad-... y, en definitiva, el amor (mientras esto medito pongo mucho cuidado en no escribir tacos, palabrotas y demás zarandajas, no vaya a ser que la inteligentísima Belén Montes -futura esposa del profesor Layton- me lo eche en cara).


Repito, ¿quién no se ha enamorado alguna vez? (Que nadie insista que yo no voy a dar nombres, porque igual suelen ser lectoras de este Blog y se armaría la de San Quintín: "mira tú este", "qué se habrá creído", "enamorarse de mí: habrase visto", etc., etc.; porque eso sí, cuando estás enamorado y no te corresponden, la sinceridad es como un puñal bien hundido entre el ventrículo izquierdo y la aurícula... bueno, según entre). Pues eso, que tú te enamoras y te transmutas -y con esto contesto la pregunta de los seguidores de Freud: sí, nos volvemos idiotas, o como dicen en Murcia, tontacos- y mandas mensajes (bueno, yo mando cientos aunque no esté enamorado, aclaro) y dices eso de "no, cuelga tú; no, primero, tú; sí, sí, tú". Y claro, si no te descuelga el móvil , ¡uf!: "se habrá hartado de mí", "me habrá dejado por otro", "qué habré hecho o dicho para que me trate así de mal". Y obvio, no piesas que puede estar en el baño (no es etérea), o trabajando (no vive de la sopa boba), o comiendo (no se mantiene del aire), o durmiendo (también ha de reponer energías), o hablando con una amiga (no te va a contar a ti que le ha mirado el trasero a otro) y todo eso.


Y lo mejor es cuando te vas de veraneo con la persona enamorada (amada, dirían los cursis) y descubres, por la noche, que ronca; por el día, que bosteza y se levanta con los pelos engrifados (encrespados o de punta, que se dice); que no le gusta como cocinas (a ver quién es el guapo que supera a su madre)... y ejem, más, cuando a ti te apetece ponerte cariñosón lo más que puedes hacer es acercarte a la cocina a por una Aspirina y un poquito de agua; eso sí, cuando tú te pones hasta las trancas de vino blanco y whisky, un suponer, entonces ella, en fin, ella... y tú te dices "madre mía ahora con la modorra que me ha entrado" y ella que insiste, con lo guapa que es y lo sonriente que está (que claro, se ha atizado la otra media botella de vino) y, finalmente, dormís abrazaditos en la terraza de la habitación del Hotel porque a parte del sueño lo que ataca es un calor insoportable y una sed tremenda.


Pues eso, que en el fondo el amor es maravilloso, pero con cuidado.


(Dedicado, con humor, a Belén, que me lee)

17 de julio de 2011

"Personajes para una guerra civil"



¡Uf!, ojalá pronto todo el mundo perdiera la memoria (histórica) y no se acordara de cierto episodio del pasado que cumple mañana setenta y cinco desgraciados años (bueno, hoy, todo empezó, para ser verdad, el 17 del 7 a las 17 horas en Marruecos). Sí, sí, a ver si un repentino ataque de amnesia nos sobreviene a todos durmiendo y nos acordamos de las miles de vidas que fueron aniquiladas por-unos-y-por-otros sin la menor compasión. ¡Joder!, qué ganas de seguir enredando con lo peor de nuestro pasado.


Ahí tuvimos a Su Excelencia el Gran Caimán, aderezado de condecoraciones que obtuvo en Marruecos (y las demás, que pesaban una barbaridad, con el salchichón y con el chorizo de cantimpalo), mientras los gloriosos ex combatientes comían nabos, en el mejor de los casos, porque a otros los mataban en el frente. Claro que, en frente, estaba el tipejo ese de las gafitas -Careto o Caradura creo que se apellidaba-, el que vivía en el Palacio March y nunca se enteró de la muerte indiscriminada de miles de personas inocentes en Paracuellos. El muy... siempre le echó la culpa a otros muertos, etc.; sí, claro, el tipejo que se extasiaba con Stalin y dejó de hablarle a su padre porque era un obrero con dos dedos de frente... ¡Uf!, la madre que los parió a todos. Si eras labrador o te venían los comucabronazos y te decían "Oye, o te vienes con nosotros o te matamos"; obvio, que te venían los falanjacapullos en otro lado y te decían lo mismo. "Y a mí que más me da esto que ni me va ni me viene", decías, y si tenías suerte pasabas mucha hambre y calamidades, pero te dejaban vivo.


Daba igual lo que fueras, te pegaban un tiro y chin-pún y los jefazos a la dolche vita. Eso, y aún algunos se empeña que debemos recordar aquel martirologio de españoles contra españoles; y si no, los que padecieron cárcel, destierro, etc. No, este país no es para que nos llevamos bien, no, aquí se trata de que siempre estemos dividos y creo que la calle está hasta los guevs de todo eso.

16 de julio de 2011

"Tomo un vuelo y me largo"




Todos los días igual; todas las semanas la misma rutina; siempre, siempre la misma mierda de vida. Cada cierto tiempo los mismos reproches, las mismas malas leches, las mismas caras de insensatez. Me voy encerrando -yo, un tipo que aún ha de darlo todo, todo lo mejor...- en mí mismo, mecánicamente; de casa al trabajo, metro, el café en el mismo bareto de mierda; el puñetero y parcial periódico gratuito de todos los días; la misma tartera con la misma tortilla fría y seca. Los mismos papeluchos: subvenciones, fotocopias, gritos, sms de móviles, llamadas de gente acojonada ante el futuro. ¡Un día salgo loco!




Hay quien echa pestes de los Unites porque queda guay decirlo: sí, bajo el modelo del paro vivimos mejor -'por las narices', como diría el portero del cuarenta de Velázquez-... Juro que un día lo dejo todo y me subo a un vuelo de Iberia rumbo a Nueva York y me instalo en Brooklyn o en Manhattan... en Queens no ni en el Bronx tampoco; igual un apartamento en el Village si es tranquila la calle. Primero curro en una librería o algo así y luego doy unas clases de español... y cuando tenga pasta aplico en un College. Y a vivir... y a dejar atrás la misma monotonía de siempre: que no te reconozcan, que no te valoren si no eres hijo-primo-hermano o 'lameculos de...' sino que digan "este tío vale" y te den lo que te mereces y que una tipa te quiera por lo que eres y no por lo que aparentas, que suele ser que tienes un carro estupendo que vale un pastón y que no puedes pagar... ¡Joder, las letras! "Me voy, sabes, mañana en lugar de ir al Sturbucks me subo en el avión".




-¿Por qué no lo hago? Porque en el fondo quiero a esta tía que me trata como una mierda; joder, que la quiero y no se entera que si no cojo el puto vuelo a Manhattan es por ella.

15 de julio de 2011

"Salir del túnel"



Cuando salí de la terapia comencé a sentirme mal. Parece inaudito, pero así fue; en ese momento me entró el pavor de hallarme en la calle, la angustia de no saber qué hacer después de la guerra: yo no sabía más que ser soldado. La sensación de soledad me hizo vagar por las acarameladas calles de la capital hasta hoy, bajo el inclemente y cruel invierno -que alguien debió bautizar infierno y, aún así, lo prefiero al verano y su crudo calor-. Todas las caras habitaban un extenso temor, terror a ser reconocidos; ninguno se salvó de la quema: todos cometimos atrocidades y, aunque yo jamás maté a nadie, sí robé lo que era de los demás y señalé con el dedo índice a quienes consideré que eran mis enemigos. Ahora la libertad, un país extraño, callejeado después de la terapia.


En ese asqueroso comedor no dan nada... no saben que soy rico, un ex teniente coronel rico y que su sopa aguada con diez o doce garbanzos no me sirve de nada. A partir de ahora celebraré el final de las hostilidades con caviar y champán; haré que me suban a la habitación un buen salmón ahumado noruego y una bonita señorita de compañía. Pago en dólares, que es lo que he conseguido por intercambiar las valiosas piezas del Banco Nacional. ¿Quién dijo que una guerra es cruel? A mí me ha ido muy bien. Pago en efectivo...


Aunque, sinceramente, hace días que ese tipo de ahí, el del gorro y el periódico, al que no veo bien porque me falta vista; sí, ese, creo que se fija mucho en mí, demasiado: habrá visto que manejo cierto dinero; en esta ciudad hay muchos ladrones, muchos asesinos, muchos delincuentes. Le voy a dar un escarmiento fácil, una buena paliza... y luego que se vaya y me deje en paz. He de disfrutar de mi victoria.


-¡Eh!, tú, ven... sí, tú, el de la gabardina. ¿Qué buscas de mí? ¿Mi dinero acaso?

- No, estúpido, tu vida... sólo un vulgar ratero deja pistas de donde pisa: ni el caballo de Atila.

12 de julio de 2011

"¿No me digas que todo fue un sueño?"



"El teléfono móvil al que llama no corresponde a ningún abonado", dijo la mecánica voz de la compañía de teléfono. María se sorprendió porque Paco tenía ese mismo número desde que lo conoció, hacía ya cuatro años, y desde él le mandó, precisamente el día anterior y el anterior a este, dos sms que ella, no sabe si por aburrimiento, desidia o pasividad no contestó. "Bueno, -pensó-, entraré en su perfil de Facebook para dejarle un mensaje con la hora de la reunión de mañana". No existía tal perfil con su nombre. Verdaderamente mosqueada pensó en primer lugar que la había borrado de sus amigos ("¡A ver por qué, el muy gilipollas"). Pero...


"Pues sí que me va a hacer perder el tiempo el imbécil de Paco...", pensó mientras abría su cuenta de correo para enviarle un mail con la consabida hora y lugar de la reunión que tenían al día siguiente. Trabajaban juntos algunos días y el chico se mostraba siempre correcto, positivo y animoso con ella, aunque jamás iba más allá ni prejuzgaba nada laboral o personal. Ambos sabían la vida en verso de cada uno y se llevaban bien, pero poco más. Últimamente apenas se veían, sobre todo desde que la cambiaron de departamento, se fue a vivir a otro barrio -aún más lejano- y empezó a frecuentar otras amistades en las que tampoco, ahora, entraban las del trabajo. Pero Paco... El mail fue devuelto. "¡Joder!", se apresuró a decir.


Llamó a su casa, al fijo, recordando que lo tenía apuntado en la agenda y al que recordaba no haber llamado nunca; bueno, la verdad es que últimamente ella pasaba de atender a Paco y a casi todo el mundo, dado que era la mejor forma de relajarse. Una voz femenina y muy educada señaló: "Lo siento, señorita, creo que se ha equivocado: en esta casa no hay ningún Paco".


- Mire usted, señorita, muchas personas adultas desaparecen voluntariamente -hablaba el policía con cara de guasa- y simplemente hay que respetar sus deseos. Tiene que presentar la denuncia después de 72 horas de la desaparición y haremos lo que podamos. ¿Qué parentesco tiene usted con él?

- No sé... en fin... la verdad es que creo que es mi mejor amigo.

11 de julio de 2011

Sabios de ayer...


Donde una puerta se cierra, otra se abre (Miguel de Cervantes).
Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes (Khalil Gibran).
En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente (del autor anterior).
Que más mata esperar el bien que tarda
que padecer el mal que ya se tiene
(Lope de Vega).



10 de julio de 2011

"El susto al miedo"



Dejé a Idoia y a la niña en Buenos Aires, poco antes de regresar a Madrid para terminar el papeleo que me requerían la empresa y el ministerio; cosa de dos o tres semanas, como mucho, les dije: "y a mi vuelta nos vamos de vacaciones a la Patagonia". Tenía previsto regresar sobre finales de marzo o primeros de abril; 1976. Algo raro supe que estaba pasando cuando, al llamarla, hacia el 26 de marzo, no me cogió el teléfono. Cabía la posibilidad de que se hubiese marchado a Mar del Plata con unos amigos, a pasar el día y, así, a la niña le daba un poco el aire. No le di mucha importancia. Pero... vi la televisión. El comandante había acabado con el gobierno de María Estela Martínez de Perón y había instaurado una dictadura, o eso es lo que cabía esperar del tipo delgado, con bigotito y cara de pocos amigos.


Semanas, algunos meses más... Idoia y la niña no aparecía y yo no podía volver a Argentina. Sí, un intelectual 'rojo' como yo no estaba bien visto por las nuevas autoridades. Nada me decía en ninguna parte: mi casa fue saqueada, lo más íntimo destrozado, mis libros desperdigados y rotos por el suelo. No hallaron nada, no éramos delincuentes: yo autor teatral e Idoia una actriz de teatro. Lo peor de todo es la incertidumbre, la espera, no saber nada de tu familia; sobre todo, de una niña de tres años indefensa. Poco después, a finales de 1977, supe oficialmente que Idoia había desaparecido, igual que la niña. La tuvieron retenida no sé donde y ya nunca más se supo. La embajada hizo poco, apenas recuperé lo mío; mi casa ya no era mía cuando volvía allí en 1983. La nada. Todo roto.


El otro día iba por una avenida de la capital, quizás Corrientes, no recuerdo, y vi a una chica joven, de unos treinta y pocos años, idéntica físicamente a Idoia: igual, el mismo porte, la misma sonrisa, la misma forma de andar. Ella no era, obvio, tendría ya casi setenta años, pero pensé... ¿Y si robaron a mi hija?

8 de julio de 2011

"La dama del alba"



¡Será bruja! Justo cuando mejor me iban las cosas, tan callando se viene la tía y me fastidia de cabo a rabo. Ahí, tan tranquilo estaba yo con Mamen, tomando un helado (bueno, para ser exacto ella el helado y yo un granizado bien fresquito) y zas... aparece ella, sin avisar ni haber dado indicio de que iba a venir y me jode la vida de cabo a rabo. ¡Ahora ya no puedo hacer nada!


Menuda cara se le puso a la gente...


Ya había terminado de pagar el piso y el coche; alguna deuda contraída por Mamen también se iba pagando y los niños estaban de veraneo, en casa de los abuelos. En esto que decidí salir un rato a tomar algo y justo cuando iba a pronunciar... se vino.


- ¿Quién?

- La dama del alba.

3 de julio de 2011

"Despedida de soltera"



¡Madre mía lo que gastan esta chica y sus cuatrocientas amigas! No me puedo creer que se haya dejado 35.000 euros, una de ellas de dieciocho años, en productos cosméticos. Cuando yo me casé con Mary nuestra despedida fue en Murphy's, una apetecible cena, un par de cosas y poco más. ¿Quién las entiende? Desde luego mi amigo Arhtur no.


Anne llega tarde a la cita. Es una mujer hermosa, elegante, dinámica; poco más. Se sienta en la silla frente a mí, estamos en su restaurante favorito y he pedido su vino blanco favorito, también. Se quita los guates y deja el bolso en la silla contigua.

-Has llegado tarde , como últimamente; estoy cansado de que llegués después de la cita y de mal humor... algo se está deteriorando...

- No te pongas así, no me pagas cuatrocientos euros diarios para echarme la bronca.

2 de julio de 2011

"Espacios del recuerdo"



No hay que mentirse a uno mismo: todos tenemos cadáveres en el recuerdo; aquellas personas que salieron de nuestra vida por la puerta falsa o porque las echamos, un método humano de defensa propia. A mí me pasa, salvo que lo dejo todo recogido en mis diarios, anotado, con la opinión sobre éste o aquel asunto. No es más que un ejercicio para el recuerdo, por si acaso en algún futuro más o menos lejano pierdo la memoria y me invade el olvido. No siento nada, aunque muchos días el recuerdo duele, pero a rey muerto rey puesto, como dice el dicho, no sé si popular o filosófico o histórico. Algún día romperé las cuerdas que atan los legajos -la memoria en sí- e iré contando por extenso qué fue de cada quien, poniendo por delante lo malo que es conocerse y lo bueno que es haber coincidido. Experiencias que tiene uno...