27 de abril de 2014

"Equivocarse contigo"


Entras en el teatro después de lanzar el cigarrillo al aire y este desarrolla una parábola que lo hace caer cerca del quiosco de prensa. Llegas tarde y te has dejado el libreto en casa, aunque te lo sabes de memoria: eres el autor. Allí está ella, la chica con mirada de mujer fatal intentando ensayar el papel principal. El regidor pone cara de alivio: ahí estás tú, para continuar con el ensayo y preparar el estreno. "¿Quién es la actriz esta?", preguntas incrédulo, pues no es la principal que tú has pedido ni contratado, quizás hasta escribiste la obra para la otra. "Ha trabajado con los grandes; en Broadway y en París; ha estado a las órdenes de Tornatore...", te dice el regidor mientras contempla tu rostro de mala leche. Balbucea algo así como que también es modelo y todo eso... La muchacha, que realmente es hermosa, tiene entre sus manos tu cuaderno de poemas y tu propio libreto, con tus anotaciones: se ha tomado la libertad de coger tus cosas. Te mira y te desmonta de arriba abajo: es una buena actriz, por lo menos mirar a la platea lo hace bien... "Se sabe el papel, creo que lo borda", insiste el regidor, que te tiene hasta las narices intentado defender a la actriz. Ella se presenta, es amable contigo, te dice que te admira mucho, mirando en profundidad hacia tus ojos: alguien le ha dicho que te mire así para intimidarte. Es todo ese peloteo necesario para llevarse bien contigo, nada más. "¿Y la otra?", preguntas. Nadie te responde. Tampoco eres nadie, un director de segunda fila; es posible que nadie quiera actuar contigo, pese a que tú sí llenas los teatros. "Págale y que se vaya", gritas. Ella mira perpleja, el regidor queda paralizado y tú... Se acerca, entonces, el ayudante de dirección: "Piénsalo bien, quizás se acueste contigo", intenta conciliar. "Enteraros los dos de una puñetera vez: un poeta no es segundo plato de nadie, por muy buena que esté esa nadie", dices mientras coges la chaqueta, enciendes otro pitillo y te largas a casa. 

3 comentarios:

Luzbel. dijo...

Lo único que tengo que decir, en todo caso, serían las palmas de WhatsApp... ¡di que sí, los poetas no son segundo plato de nadie! *plas, plas, plas*


M.

Luzbel. dijo...

P. D.: Te dije que caerías... :P

Francisco José Peña Rodríguez dijo...

Es verdad, lo poetas tardan en caer en la cuenta de que no son segundo plato de nadie... Es cierto que ya hablamos de ello, sí.