29 de septiembre de 2014

"Algo que se desvanece"

Al final, todo será un sueño. Aquellas cosas que pretendías: un abrazo, un beso nada furtivo, la realidad de un viaje; la emoción de una cena para dos, con un buen vino blanco; quizás un viaje aderezado por el mar... Esos flashes no eran otra cosa que ritmos del sueño: ahora no te pares a pensar si fue bueno o malo; el caso es que te mantuviste en la vida mientras eso fue un guión de cine... Los ecos de sus pasos, la forma de sus manos, el timbre de su voz -con el debido acento incluido- o los rasgos de su letra, eso era; realidades que perduran mientras te vas dando cuenta de que estás dentro de la vida, planificando algo que desde mañana será el futuro, tu futuro nada menos. De repente, el ritmo y la intensidad se rompen; ya lo sabes: silencios, ausencias, puntos suspensivos... ahora caes en que alguien debió haberlo dejado escrito: las cosas ni se generan ni se destruyen, sólo cambian y únicamente dentro de un tiempo sabremos en qué sentido. Está claro: mirar y querer tener, esperar, la emoción de una palabra, la tristeza de un silencio. Su imagen ahí puesta, como una foto, en tu mente: con su sonrisa perfecta. Y zas... de repente suena el despertador, se te jode el sueño y te das cuenta de que es puro teatro, sin un final concreto y de que sientes frío, un terrible frío.

3 comentarios:

Belén dijo...

Qué grandes palabras, escritas por una gran persona ;)

Luzbel. dijo...

Hay sueños que son bonitos porque consisten en eso: en ser sólo sueños.
Supongo.



M.

Francisco José Peña Rodríguez dijo...

Gracias, Belén, por tu generosidad. Con Luzbel estoy de acuerdo en que al final son un sueño... gracias también por la reflexión. A las dos.