24 de octubre de 2016

Individuos de la individualidad individualista

Necesito estar solo, aclararme quizás en este día gris y entro en un café del centro de la ciudad, en donde hay poca gente; un lugar acogedor en el que tienen prioridad los celíacos, menos mal. Llueve y el mundo se debate entre varios clubes que compiten por ser primeros en la Liga y en elegir políticos más vistos que el tebeo, no en solucionar problemas, así como si lo preocupante ahora fuera el fútbol o se hubieran acabado los contratos de mierda, las hipotecas abusivas, los recortes, los abusos y cosas por el estilo... La chica de al lado es una modelo muy hermosa, que reconozco de esos suplementos del sábado que me dan con la prensa, pero supongo que hago mal si la miro (porque siempre habrá quien piense que el hecho de mirar, como miro el café para no echar el azúcar fuera, es un delito) o digo que es una mujer muy guapa... Mientras se enfría un poco mi café, husmeo estados de whatsapp de gente que hace meses que no veo; en el Congreso en que he participado se ha dicho eso de la soledad del whatsapp (muy positiva es la nueva tecnología y todo lo que tú quieras, pero ha puesto de moda no quedar face to face con el encanto de escuchar mientras miras al otro). Individuos de la individualidad individualista, que todo lo reducen a ciento cuarenta palabras, lo mismo para hundir a un inocente que para defender causas justas, es igual. La chica paga y se va, con ese misterio que dejan las mujeres fatales de la moda y yo pienso en alguien, miro una foto en que sale realmente hermosa... yo es que tengo Musa, que también lo afearán, supongo, porque hay que escribir de forma impersonal, de lo contrario no eres un tipo políticamente correcto, como tampoco lo eres si te cagas en la madre que trajo a todos los corruptos, sin atenuar a los que tú votes, faltaría más, así como si mangar y mangonear no tocara las narices a todo hijo de vecino. Empiezo a pensar que los que hay detrás de tantos caracteres y demás zarandajas tienen una medida de las cosas que no valen ni al que asó la manteca, porque digo yo que si en una sociedad no hablas, ni miras, ni tocas, ni besas en plena calle, ni gritas a los corruptos, ni lees novelas, ni compras periódicos, ni sonríes a la gente de tu barrio, ¿esto qué cojones es?

2 comentarios:

Belén dijo...

Jejeje, es el siglo XXI y sus nuevas tecnologías, que sustituyen formas de comunicación, hábitos del hombre tan necesarios como interactuar en persona con otro humano.

Joaquin Dati dijo...
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