29 de mayo de 2011

Literatura y compromiso. La palabra irreverente



La Literatura siempre ha servido de punta de lanza para abrir nuevos caminos de pensamiento; los escritores, por tanto, han usado de la narrativa, del verso o del drama para construir formas de ver las cosas que implicaran a sus lectores, que nunca son hipotéticos: se lee aquello que se dice de nosotros y nosotros somos un ser indisoluble de lo que escribimos, bien es cierto que con pose progresista, conservadora o nacionalista, según sea el caso. No es posible hablar del escritor desconociendo su yo intelectual: nadie podría separar al narrador José Saramago del intelectual de izquierdas, como nadie entendería al Pablo Neruda poeta sin el Pablo Neruda comunista y así sucesivamente (frente a estos hay otros intelectuales liberales o conservadores, léase Azorín, Mario Vargas Llosa...).

El caso es que muchas veces pululan comprometidos políticamente sin sustancia, gente de opereta y pandereta sin fuelle ni fuste y, sin embargo, aquellos que sí tienen un discurso, una sustancia tras de sí o una manera de ver y de decir lo que se ve, callan. Faltan versos guerreros como los de Antonio y Manuel Machado o Dionisio Ridruejo, compromiso como el del Dámaso Alonso. Se echan de menos ensayos de enjundia como los de Ortega y Gasset (aunque fueran filológicos como los de Menéndez Pidal) y eso que hay grandes plumas del ensayo como Vargas Llosa, García Montero, Eugenio Trías. Se necesita, sí o sí, negro sobre blanco, un discurso hipercrítico que acompañe ese sentir de la calle de estar hasta las narices de la nada política, aquello que "fuese y no hubo nada" que decía Miguel de Cervantes.

Creo que no vendrían mal posturas a seguir. ¿O es que acaso no tienen carga social los dramas de Buero Vallejo o Alonso de Santos? ¿No se puede decir en voz alta lo que la gente siente y, sin embargo, aparecemos rojos y azules mezclados en las antologías? Yo quiero que Luis García Montero y Yolanda Castaño me hablen más claro de lo que sienten como intelectuales de mi país; que hablen también Ángela Vallvey y Luis Alberto de Cuenca. Vivir en la democracia íntegra, independiente, universitaria e intelectual es hartarse uno de que hablen los que tienen algo que decir y se acaben las tertulias de la Tele, que no quiero que un culebrón tenga más miga que los que se dicen listos y no lo son.

1 comentario:

midala dijo...

En este país, falta de todo en este momento.Me gusta tu primer relato. Voy a seguir leyendote.
http://ponerunaqueja.blogspot.com/