23 de septiembre de 2011

"Es el tiempo, que pasa"

A todos los de 1977.


8.45 am, suena el despertador. Una música techno adereza el despertar y salto de la cama con una otoñal pereza. Mientras me miro en el espejo del baño acuso el paso del tiempo; todo empieza cuando uno pierde parte del cabello, pero ahora han salido unos elegantes reflejos blancos o grises; las canas, no sé si de tanto estudiar o porque aquel 1977 empieza a quedar sepultado en el baúl de la Historia, en el foso del recuerdo. A las chicas no les ha pasado lo mismo, pero la serenidad de sus rostros y otros efectos delatan que se unen a mí en el coro de la madurez; no somos jóvenes, lo reconozco, pero tampoco viejo.


La cama está ya vacía y reconozco que me gustaría tener algún hijo que llevar al Colegio; preocuparte por su catarro o por la varicela; pero lo único que sustituye el empeño es la veintena de adolescentes de Secundaria que presiden las clases. Menos mal que sus tonterías me despiertan del todo, del muermo, del paso del tiempo; y los secundo diciendo que yo era mucho más torpe que ellos cuando adolescente: "en mis tiempos no había móvil ni tuenti ni internet, así que si te gustaba alguna compañera te armabas de valor y a declararse a la cara", me oigo decir mientras ellos me ponen cara de guasa y más interés que por el Sujeto y el Complemento Directo.


Pero al mediodía regreso a casa. Sí, sí, allí está todo, mis libros y la prensa, las películas, el recuerdo de la gente, que ahora comparece en Facebook, pero esa cama sigue vacía (ya somos tan adultos para darnos cuenta de que hay que romper la soltería, que no aguantamos al jefe, que nuestro matrimonio no va bien, que no tenemos un duro para viajar, etcétera). Lo reconozco, algunas de mis nuevas amigas tienen diez años menos... ¿y a dónde voy yo? No me apetece hacer botellón, no me va su música; claro, ellas ven al amigo que te da el consejo que buscas pero nos separa un abismo... Hace diez años que dejé la Universidad y catorce que salí del Bachillerato. En ese tiempo todo el mundo ha cambiado, sí, no hay mas que mirar las fotos del Facebook. Al menos veo a alguno más gordo que yo y me felicito por no tener tripa cervecera; pero no hay ruido de niños en casa.


Mira que aún me quedan cosas por hacer en esta vida, y locuras, ya lo sé. Entonces me doy cuenta la importancia que doy al Telediario, y al Tiempo, aunque la señorita que lo da me tape Castilla-La Mancha y no sepa si va a llover o no mañana. El móvil no refleja ya la actividad de antes, quizás porque todo el mundo se serena, y el correo no es mas que de bancos y cajas de ahorro; en fin, cargos de tarjeta. "Cuando yo tenía vuestra edad me escribía a mano", digo a los alumnos, que resoplan. En eso están pensando ellos, en escribir.


Tengo un sueño en que mi subconsciente satisface mis imperiosos desvelos, pero al despertar, con la puñetera música, ya no salto con tanto vigor. Hay días, a pesar que soy más perezoso que un oso, que me despierto antes que suene la radio. Me miro en el espejo y cuando veo el paso del tiempo me digo que es el momento de dejar de ser joven y empezar a ser maduro.

2 comentarios:

Belén. dijo...

Precioso.

warry74 dijo...

"El tiempo se vuelve sigiloso cuando se le reclama por los vestigios que deja a su paso"

Charly Sanz