23 de septiembre de 2012

"En un pub de Praga"


Si uno quiere recrear un espacio lo mejor es viajar al propio lugar. Eso hice yo cuando me plantearon participar en un coloquio sobre novela ambientada en Praga. Lo malo de esos congresos es que a veces duran demasiado, son largos y hay diversos temas de los que no te puedes escapar; yo, para eso, soy diestro: aprovecho el descuido de los que te toman el nombre y salgo a airearme. Eso hice aquella vez en Praga y se me hizo la noche entre el cementerio judío y la casa de Kafka... Haciéndome entender en inglés entré en un pub y, al fondo, estaba la muchacha de esta historia. Es una mujer demasiado hermosa y siempre sonriente, aunque lo que más me llama la atención de ella son sus profundos ojos azules, su mirada airosa. Una vez me dijeron que lo mejor que le puede pasar a alguien es enamorarse de un mito, porque así nunca te hará daño. Cuando quise reaccionar ante el whisky on the rocks me sobrevino un atisbo de lucidez: era sin duda Sabina. ¿Qué hace uno cuando conoce a un mito? ¿Saludas? ¿Pones esa cara de estúpido que ponemos todos en situaciones extrañas? Hay veces en que uno daría lo que fuese por conocer al mito al que admira y yo, aquella noche de Praga, me bloqueé y acabé hablando con una chica danesa, también de mi congreso, sobre novela checa... pero no dejé de mirar a Sabina, ni un momento, para no olvidar nunca su rostro.

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