Cuando la tormenta pase, cuando me resulte necesario perderme en sus labios, o en los pliegues de su cabello rizado; cuando la muchacha rubia sea capaz de descifrar mi enigma... entonces comenzará mi nuevo horizonte. Con la pasión de las letras, con la tardanza de un amor treintañero, con la ilusión adolescente de un verso blanco, con la ilusión intacta, entonces, simplemente entonces, comenzará ese nuevo horizonte. Hay quien se eterniza en una postura, en un lugar, en un pensamiento...; yo no, cada libro no abierto es una pasión novedosa; cada sonrisa nueva es un amor por explorar; cada cuerpo desnudo es una misión por cumplir; cada llamada telefónica es un cuento por escribir. Hasta que la muerte me lleve, que cada sonrisa mía sea vida para otros; que mi fuerza dialéctica sea capaz de proteger el sueño, y la vida, y la sonrisa vital de toda aquella gente que necesita aliento. Ese nuevo horizonte empieza ya mañana y que sus labios lo digan, o que sus señales de humo me produzcan aquel estremecimiento de la adolescencia.
23 de marzo de 2013
9 de marzo de 2013
"Una niña de papá"
Cualquier noche en la ciudad, cuando uno se pone el sombrero y esconde la pistola bajo la chaqueta, es sumamente peligrosa. Si me hice detective, lo confieso, fue porque uno usa a cada instante la inteligencia y la observación; pero eso no es un seguro de vida -y mucho más ahora con tanta mafia y tanto matón atlético-, porque un detective a la vieja usanza -sí, debo el último recibo del teléfono, el alquiler del apartamento, me cortaron el gas y el whisky que me ponen en la Gran Vía es tan malo que no le doy a mi hígado más de tres años- todo lo fía a la buena suerte y tener baraka no es bastante: hay que ser tramposo. Ella era la hija de unos ricos del barrio de Salamanca a quienes quería chantajear simulando su propio secuestro. Me llamaron, fui, me olí la tostada y dije que sí, sin pensarlo. Di con la cocainómana en unos apartamentos de Doctor Fleming, bastante pasados de moda y malolientes, ya bien entrada la madrugada. Lo intento: melodrama, seducción, sexo, alcohol, todo, con el fin de que los veinte millones de papá fueran suyos -me prometió uno, imaginarán-. Simulé bien, a mi más viejo estilo teatral, hasta que la llevé ante papá... cuando cogí mis seis mil, ella me miró con cara de odio: "Una mujer hermosa como tú no se enamora de un tipo como yo, si no es para engañarlo", le dije, mientras me calabra el sombrero, encendía un pitillo de mala marca y me subía al 74.
3 de marzo de 2013
"Los que abandonamos el barco"
Nosotros, los de entonces, dejamos la nave mucho antes de que hiciera aguas. Cuando el barco era grande y estaba en su apogeo, cuando su carga era honesta y ligera, cuando el capitán aún no parecía el incompetente que es... Sí, todos aquellos marineros, guardiamarinas, grumetes, todos, casi sin excepción, dejamos el barco. Aún cuando llegaba a puerto y lo recibían con bandas de música y banderas; cuando las muchachas en flor buscaban entre los tripulantes el marido ideal; cuando la prensa aireaba que su carga era grande y que satisfaría a todos los que compraran aquellos productos; cuando las cartas eran... de navegación. Cuando todo aquello nos fuimos algunos marineros porque ya sabíamos que detrás de la mole no había más que fachada -y por tanto cartón-piedra y desazón-, porque sabíamos que en la bodega todo eran ya ratas, porque intuíamos que el capitán apenas tenía idea del rumbo que poner al barco; cuando la oficialidad se llenó de gente que ni siquiera sabía nadar... antes de la tormenta. Nos fuimos, sí, nos fuimos y lo hicimos bien: hicimos lo correcto. Ahora cuando el barco hace aguas, cuando la carga está embargada por Hacienda, cuando el capitán y la marinería están perdidos y son cuestionados, ahora cuando los diarios airean las penurias e insanías de la carga, ahora... que no nos culpen a nosotros, que no lo hagan; que no nos miren, ni nos saluden siquiera. Que asuman que el barco se hunde y que ya no vale. Nosotros, los de entonces, lo dijimos: "esto es sólo un espejísmos y el barco se hundirá".
24 de febrero de 2013
"Marcharse (sin mirar atrás)"
Ruido y furia. Sueños que se interrumpen como pesadillas; es el caos que reina, el ombligo del mundo que nadie domina y todo el mundo se mira -miseria provinciana, de siesta y caspa-. De repente pienso, claro, muy claro, que si Ella me lo pide hago la maleta. Así, de repente, sin pensarlo... sin conocernos, sin saber uno del otro más que lo justo y necesario; una vida nueva en un lugar nuevo con gente nueva y, sobre todo, con ideas nuevas, con ideas del siglo XXI, lejos de la barbarie, la civilización y punto. Ella es diferente. Ella y solo ella, con su forma de ser, con sus maneras, con sus dejes y sus acentos, con su sonrisa, con el misterio y la ilusión que me despierta el que (aún) sea casi del todo desconocida. Y así que pasen cinco años, o seis, o diez... da igual. Que corra una vida de verdad, no esta vida que no le vale a nadie, que no es de nadie, que no es para nadie. Sin sentirlo, sin arrepentirse... Irse, marcharse (sin mirar atrás).
12 de febrero de 2013
"El futuro desde un día lluvioso bajo un paraguas"
Un día lluvioso, febrero, no abril. La maquinaria se pone en marcha: en el momento en que miles de niños nacen y otros miles de personas mueren -y otro amamos- hay alguien ingeniando el mal; suele ser algún mediocre hijo de mala madre cuya frustración es proporcionalmente igual de grande que el número de personas buenas que también hay. La felicidad está detrás de la sonrisa de un niño, de la caricia de un anciano, de la palabra de un profesor, del diagnóstico de un médico. La verdad, siempre la verdad, siempre.
La belleza del momento está también detrás de un día lluvioso, al salir, en una vieja calle adornada de coches desvencijados; tras las piernas hermosas de una muchacha que, bajo el paraguas, va a comprar el pan al colmado de la ciudad vieja, pisando con sus taconzaos el adoquín centenario. En una mano el paraguas y en la otra el cambio de la compra: un bollo para el desayuno de un niño -el que ella cuida- y una barra de pan de pueblo, por señalar algún lugar hermoso.
En el más absoluto anonimato está aún, quizás, el futuro líder; formándose la idea de un mundo impuro en el que hay que desterrar mucha corrupción, limpiar las cloacas y poner en su sitio a esos abusones que dirigen -o creen hacerlo- el mundo. Una tarde bajará al césped y se enfrentará a los universitarios; les dirá: "creéis que el mundo lo domina el capital, los prebostes puestos a dedo, los corruptos de todas las instituciones, esa jauría de hijosputa que os fastidían. No, lo domina el BOE y al pie va mi firma, creed en mí".
Cuando esto cambie, lo prometo, él se irá un día a por ella, a por la mujer morena, y la invitará a un café, los dos, frente a frente, mirándose como nunca; y entonces ambos sabrán que el amor viene de lo más inesperado, de lo más hondo, de la mujer más sencilla cuya belleza es quizás un flequillo con estilo, una sonrisa pícara o unas piernas hechas en un pueblo. Cuando eso suceda, él firmará en el BOE que entren en la cárcel los que ahora se ríen.
Eso es el futuro.
31 de enero de 2013
"Bajo las bombas"
Cuando la conocí el impacto fue súbito, un flechazo; lo reconozco, pocas personas me han dejado omnubilado desde el primer instante, desde el flash inicial. Y eso que por aquel tiempo aún no sabía su verdadera historia. Yo simplemente era un periodista en paro que se cruzó con ella en el momento indicado, en el instante más preciso.
Hace ya algunos años estalló la guerra en su país -que puede ser cualquiera, porque... ¿qué nación no ha tenido su guerra?- bajo los mismos supuestos de siempre, blancos contra negros. Toda una generación que se vio inmersa en lo peor que da de sí el ser humano. Una tragedia.
La mañana de aquel día amaneció soleada, el cielo azul inmaculado. A su hora, los comercios abrieron, los periódicos estaban en los quioscos, la radio daba noticias. Nada, absolutamente nada, presagiaba que algo después habría una tragedia. Tamara regentaba una pequeña librería en el barrio judío, aunque ella no era judía; era sólo un barrio.
Hacia el mediodía una bandada de aviones contrarios cubrió la vertical de la pequeña ciudad y, súbitamente, dejó caer toneladas de polvora y de muerte. La ciudad, vieja, se cubrió de polvo, de espanto, de escombros, de herrumbre, de cuerpos mutilados; de gritos, de gemidos, de sueños rotos, de sudor y de lágrimas. Era la tragedia de la guerra, insisto.
Ella, acurrucada bajo el mostrador de la librería, decidió salir a la calle. Los niños de su vecina Patmuck, Gretl y Hans, dos jóvenes de largos cabellos rubios, habían pasado frente a su tienda unos minutos antes, con el perro, y la saludaron como siempre, pues ella tenía la costumbre de regalarles unas onzas de chocolate suizo.
Caminó sonámbula por las calles del recorrido de los niños. Cuerpos inertes; gritos aulladores por la muerte; buscó en portales y refugios, nada; miró bajo los escombros, nada. Vio, incluso, muertos a los padres, a los señores Patmuck. Nada había de los niños en aquella ciudad, por el momento.
De repente, oyó su nombre débilmente pronunciado por Gretl, la niña rubia a la que las tardes de verano tenía por costumbre hacer dos trenzas. Se lanzó hacia ella y la abrazó con todas sus fuerzas. Hans, con una pierna rota, estaba más allá... Se los llevó a casa, sin pensarlo.
Algunos años después, cuando la conocí, me contó que había criado ella sola a Hans y a Gretl, como si fueran sus propios hijos y con tesón había huído a otro lugar, en donde la paz reinara y ella pudiera ser madre y amante; en donde pudiera disfrutar de la vida y del amor sin que nada, absolutamente, se lo impidiera.
27 de enero de 2013
"En la sombra de la noche"
La vida es ese juego, ese desafío. Ocurren cosas que no entiendes, transitas caminos y senderos sin pena ni gloria, muchos días; luego vienen momentos de recuerdo: esas zonas que tu cerebro retiene como más apetecibles y que defines como "lo mejor que me ha pasado" cuando hablas con alguien. De repente un momento, un instante, un flash, un café o una cerveza; su conversación; la alegría y la certeza de sus ojos; la intensidad de su sonrisa. Por ejemplo, eso es lo que digo yo ahora que me pongo a recordar -y evito mezclar a otras personas-. Tengo para mí que decirlo no es malo... ¿Para qué voy a ocultarlo, para qué voy a callarlo, pienso en la soledad de la tarde? Sí, vaya, que todos estamos acostunbrados a hablar de lo oscuro, de lo feo de la sociedad, y resulta que no, que una buena noche, cualquiera, de cualquier día, aparece una persona interesante y dices... "joder, ya era hora".
22 de enero de 2013
"Así y no de otro modo"
No hay dos cuerpos iguales, no hay dos besos idénticos, no hay dos caricias similares, no hay dos personas igual de intensas. Hay mil historias diversas que contar, con el sabor de la última noche fría, bajo una Luna implacable, de la mano, al salir de aquel sitio, camino de un refugio inmenso que apenas vimos, sencillamente porque hay veces que no ves más que aquello que te empapa, te aplaca, te dice, te llena. Hace cinco años, quizás-por-decir-algo, los sueños eran otros y su cuerpo distinto, es ahora más ella, intensamente ella. No puedo olvidarla un minuto, a cada instante, como el flash de la cámara y eso que ahora la tengo más cerca, a la distancia de las nuevas tecnologías. Intensa, inmediata, posible. Así y no de otro modo.
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