26 de enero de 2014

"Nada fácil"


"Todo pasa, todo cambia, cuando el primer pensamiento de la mañana ya no es para ella", decía la andaluza aquella de la pensión de Madrid. Mi mesa estaba muy cerca de la suya en la redacción, pero jamás me atreví a decirle nada: daba por hecho que ella no querría saber lo más mínimo de mí y aposté por el silencio. El jefe me envió a Nueva York y allí, todas las tardes, tenía la costumbre de tomar un café en un Starbucks de la Quinta Avenida. Bueno, un Starbucks o algo así. Un día de invierno, mientras nevaba y enviaba algunos mails, delante del gran ventanal apareció ella: un espejismo, un fantasma, pero esa gente tiende a aparecer dos veces en tu vida. Dejé los dólares de la propina sobre la mesa, salí corriendo tras ella; acerté a ver cómo se introducía en el metro y, aún así, bajé corriendo hasta alcanzarla. Sus ojos, al verme, cobraron el color de la sorpresa: sí, era yo; unos hilillos blancos en las sienes, pero yo. El mismo pavo que la miraba embobado en la vieja redacción de Madrid y callaba. Transcurrió un instante y ella me miró fijamente a los ojos: "Esto no va a ser fácil, lo sabes". Sólo pude contestar: "Lo sé". Y el metro nos llevó a otra parte, como almas errantes.  

2 comentarios:

Luzbel. dijo...

Menos mal que no era una de esas mujeres que olvidan las caras, ¿te imaginas?

Francisco José Peña Rodríguez dijo...

Sí, o la mujer equivocada, que sólo se le parece.