2 de febrero de 2014

"Secretos con contraseña"


El teléfono móvil es media vida para mucha gente; sustitutivo de la agenda, prolongación del yo. Alguna vez, buscando alguna cosa, has caído en que alguien podía ver una fotografía, una conversación, algo; corriendo cambiaste de posición, el pantallazo o lo que fuera... pour vivre heureux, vivons cachés, que dicen los galos. El lunes, cuando ella se levantó (esto lo supimos por su madre), el móvil no le respondía: ¡la maldita contraseña! A uno le resulta extraño que, durante toda una semana, una escritora de su sensibilidad no dé señales de vida. Lo más útil hubiera sido resetear el teléfono, pero... ¿Y las fotos? ¿Y las conversaciones que se guardan? ¿Y las descargas? ¡Oh!, ¡la música! Se va media vida con ello si se limpia para empezar de cero -esto es como cuando escribiste un diario y tan bien lo guardaste que jamás lo has vuelto a encontrar-. A veces, todo lo que dentro del móvil existe es nuestro yo prolongado y su pérdida es una tragedia (se te ocurrió un día guardar copia de seguridad informática y así, si lo roban o se pierde o no enciende, no hay desastre porque todo está ya archivado). La solución es ser ingenioso: como cuando alguien dijo que el coche que llevas es la prolongación de ti mismo; aquel tipo, dueño de un Mercedes, se rió al ver tu segundo coche, de corta envergadura. Coincidisteis algo después por la misma carretera, entre dos pueblos; delante llevabas un camión y el Mercedes a-paso-de-burra. La velocidad de paseo enervaría hasta a una bicicleta. Cuarta, raya discontinua, acelerador a fondo y, de una tacada, rebasasteis al maravilloso y potente Mercedes y al camión. "Joder, Pe, cómo truena esto", dijo la persona que te acompañaba. Sonrisa: "más vale maña que fuerza". Por cierto, la contraseña de su móvil apareció: la había puesto en inglés, "gilipollas" o algo así, ¡¿en qué estaría pensando esta muchacha cuando se le ocurrió?!

4 comentarios:

María. dijo...

¿La puso en inglés?
Y qué muchacha, señor.

Francisco José Peña Rodríguez dijo...

Según mis informaciones sí. Es un rasgo de genialidad, cierto, pero como se olvide...

Luzbel. dijo...

A lo mejor es que se levantó, se dio cuenta de que tenía que ver a un hatajo de gilipollas durante seis horas al día, cinco días a la semana... y que, además, ese lunes le tocaba matemáticas... y dijo... DAMN!
Pero vamos. Que no sé. Son meras especulaciones.


M.

:*

Francisco José Peña Rodríguez dijo...

Comprendido, sí...