31 de mayo de 2011

'Cambio de vida' (Cuento II)




Cuando la azafata de la compañía concluyó el requilorio de explicaciones que corresponden a un vuelo transoceánico, empezaba mi nueva vida lejos de Nueva York, la ciudad en la que viví mis últimos veinte años. Cinco semanas atrás Mary se fue de casa, como era de esperar en una mujer cuyas perspectivas de vida eran muy diferentes a las mías y, para poner la guinda a ese final de película, el médico me diagnosticó una enfermedad de la que jamás había notado sintoma alguno. Decidí, por tanto, hacer un pequeño viaje por Europa y concluir mi circuito en España, mi lugar de nacimiento; una tierra que no habitaba desde los tiempos del instituto. Apenas recordaba a los miembros de mi familia, se me habían borrado las caras de las mujeres que amé, no sabía nada de mi pandilla ni de su vida ni sus milagros. Nada. Iría, eso sí, a un país centroeuropeo a despedirme de una amiga con la que había mantenido una relación muy especial años atrás, cargada de amor y de sexo; y luego a Madrid y al pueblo que dejé cuando empecé el bachillerato. No sé muy bien si voy a recuperar el tiempo perdido, que perdido estaba desde hacía veinte años, o a encontrarme con otro mundo que no sea la oficina de la vieja editorial de cómics que dirigía en Greenwich Village. Así de claro, te pasas la vida lamentándote de lo mal que te van las pequeñas e insignificantes cosas que realizas y, de pronto, Mary y la niña se marchan hartas de un marido y un padre que pasa el día en un despacho entre cigarrillos, cómics y whisky y el doctor te dice que esa vida te pasa factura en el motor del cuerpo, el corazón. Para algunas cosas ya es demasiado tarde, pero nunca es tarde del todo para todo, nunca se acaba el túnel, porque siempre tiene puertas laterales de emergencias. Lo importante al caer es levantarse y con este vuelo que he cogido hoy intentaré corregir mis errores, antes de que se enamore de mi esa mujer tan hermosa y cruel que es la muerte.

30 de mayo de 2011

Un cuento

Cuando encendí el teléfono móvil aparecio un mensaje suyo, probablemente enviado la noche anterior mientras yo dormía. Me invitaba a tomar una copa y yo, instintivamente, lo borré de la bandeja de entrada; además, el reloj marcaba las ocho cuarenta de la mañana, tiempo de café con leche. Ya era demasiado tarde. Con ella tuve el summum de la paciencia, lo intenté todo, incluso ignoré cuantas impertinencias sicológicas me había infringido todo el tiempo. Pero ya era demasiado tarde. En la Brigada los compañeros me notaron extraño; supieron desde el principio que algo me estaba ocurriendo emocionalmente, y no es extraño, no porque sean buenos detectives, que lo son cuando están sobrios, sino porque aquella tipa me había llegado hondo a pesar de que lo único que poseía era belleza, de lo demás nada. Como un jarrón chino de la dinastía Ming que vale veinte euros porque el interior huele mal. Eso. Cuando a la tipa se le echaron los años encima y le fueron dando calabazas todos y cada uno de los zánganos que le entraban con frecuencia, entonces reparó en mí. Pero ya era tarde, muy tarde. Intenté compensar en ella los errores del pasado, ser un tipo que algo pudiera proponer a una mujer como ella. Y nada. Me colmó de indiferencia, apenas me decía nada, jamás o casi nunca respondía mis sms y, además, jamás aceptó que la invitara a cenar o a un café. Tuvo dudas, incluso, de visitar mi apartamento, por lo cual se excusó. Andaba muy ocupada. López, de homicidios, me dijo que mientras yo hacía el estúpido pensando en ella, estaba quedando con un divorciado de otra ciudad y, más tarde, con un individuo al que había dejado la novia. López sí es leal, pero dicen que el tonto es el último que se entera de las cosas. Y el tonto soy yo, inspector de la Brigada Criminal Central. Un don nadie con placa; si al menos fuera Colombo o Sherlock Holmes... El sms era claro, una copa; ahora, casi un año después, varios días más tarde de decidirme olvidarla y centrarme en el trabajo acumulado. Pero ya era tarde: la indiferencia se paga con el olvido. Incluso he borrado su número. Ya no es nadie.

29 de mayo de 2011

Literatura y compromiso. La palabra irreverente



La Literatura siempre ha servido de punta de lanza para abrir nuevos caminos de pensamiento; los escritores, por tanto, han usado de la narrativa, del verso o del drama para construir formas de ver las cosas que implicaran a sus lectores, que nunca son hipotéticos: se lee aquello que se dice de nosotros y nosotros somos un ser indisoluble de lo que escribimos, bien es cierto que con pose progresista, conservadora o nacionalista, según sea el caso. No es posible hablar del escritor desconociendo su yo intelectual: nadie podría separar al narrador José Saramago del intelectual de izquierdas, como nadie entendería al Pablo Neruda poeta sin el Pablo Neruda comunista y así sucesivamente (frente a estos hay otros intelectuales liberales o conservadores, léase Azorín, Mario Vargas Llosa...).


El caso es que muchas veces pululan comprometidos políticamente sin sustancia, gente de opereta y pandereta sin fuelle ni fuste y, sin embargo, aquellos que sí tienen un discurso, una sustancia tras de sí o una manera de ver y de decir lo que se ve, callan. Faltan versos guerreros como los de Antonio y Manuel Machado o Dionisio Ridruejo, compromiso como el del Dámaso Alonso. Se echan de menos ensayos de enjundia como los de Ortega y Gasset (aunque fueran filológicos como los de Menéndez Pidal) y eso que hay grandes plumas del ensayo como Vargas Llosa, García Montero, Eugenio Trías. Se necesita, sí o sí, negro sobre blanco, un discurso hipercrítico que acompañe ese sentir de la calle de estar hasta las narices de la nada política, aquello que "fuese y no hubo nada" que decía Miguel de Cervantes.


Creo que no vendrían mal posturas a seguir. ¿O es que acaso no tienen carga social los dramas de Buero Vallejo o Alonso de Santos? ¿No se puede decir en voz alta lo que la gente siente y, sin embargo, aparecemos rojos y azules mezclados en las antologías? Yo quiero que Luis García Montero y Yolanda Castaño me hablen más claro de lo que sienten como intelectuales de mi país; que hablen también Ángela Vallvey y Luis Alberto de Cuenca. Vivir en la democracia íntegra, independiente, universitaria e intelectual es hartarse uno de que hablen los que tienen algo que decir y se acaben las tertulias de la Tele, que no quiero que un culebrón tenga más miga que los que se dicen listos y no lo son.

The City







28 de mayo de 2011

Yo elijo mis amigos... los enemigos vienen solos




(Quede claro, a priori, que a Mar Saura, si pudiera, la elegiría amiga).




Los días van pasando e incluso las semanas y, por añadidura, los lustros y, cada cosa, para lo bueno y para lo malo, se va poniendo en su sitio. Y dice el adagio popular que los amigos los elige uno y los enemigos te vienen solos. Me cuesta hacer comprender a quienes preguntan (indiscretamente) que entre la lista de amigos que me precio de tener gente totalmente distinta a mi: gente que va por libre, intelectuales de izquierdas, poetas de derechas, ateos colaboracionistas, católicos practicantes, mujeres fatales (rubias, morenas, sonrientes, con mala leche...), agricultores con sabiduría ancestral... y a la gente que me cae mal ni la nombro. A las personas que no lo entienden y piensan que la independencia y la libertad de uno está en la capacidad de ser sociable, en la máxima universal de que lo primero son las personas y luego las ideas y las formas de vida, el único mensaje que se les puede enviar es la indiferencia.




Me pongo a escribir y me surgen varias cosas: Sabina Casarova como personaje de un cuento ambientado en los años '40; una crítica literaria sobre el último libro de Julio Llamazares para Literaturas.com (http://www.literaturas.com/); un post que no pienso escribir sobre las idioteces de un columnista de un diario infumable; Mamen y su mundo perruno y Susanna, la desaparecida eterna (a estas dos también estoy por introducirlas en el relato anterior junto a Sabina); que es mejor largarse a ver el fútbol que hoy promete (y voy contracorriente); que estoy harto de política y que hay que ver lo monísima que está Mar Saura en la foto de arriba. Pues eso.


26 de mayo de 2011

'The reader' (y algunos compañeros de clase)




Tuve la inmensa suerte y la enorme libertad de realizar la carrera universitaria que quise; y no es fácil, si no posees una gran vocación, dedicar tus horas y tus días a la Literatura y a la intertextualidad que esta lleva aparejada. Ayer me entretuve viendo The reader (El lector), la magnífica película sobre la justicia sobre el Holocausto que magistralmente interpretó Kate Winslett en 2008. Sin embargo, no fue ella la que me impresionó, sino Karoline Herfurth en el papel de la compañera de seminario y de clase del protagonista (Ralph Fiennes). Recordé todos aquellos días de Universidad y a mis compañeras, que eran inmensa mayoría en el aula; los tiempos de camaradería, apuntes, seminarios, cafés... la maravillosa suerte de haber sido feliz estudiando lo que me gustaba mientras me enseñaban a ser inmensamente independiente.

25 de mayo de 2011

La mayoría somos todos



Mientras un niño juega despreocupado, un anciano se acerca a un colegio electoral de Madrid, más o menos céntrico. Hay que elegir alcalde y concejales. Le acompaña una mujer joven que debe ser alguna hija suya, tardía, o una nieta primeriza que debió preguntarle algo. El anciano responde: “el candidato A es un gran tipo, el candidato B es una gran persona y el candidato C es un hombre muy majo, pero no se puede quedar bien con todo el mundo: sólo tengo un voto”. La sabiduría popular ciertamente, creo yo. En la Edad Medía un ciudadano de Hispania, lo que hoy decimos España, medía un promedio de 140 cm y su ancianidad se estimaba en los 30 años. Los tiempos cambian, aunque me barrunto que las personas no, porque cometemos los mismos errores. Veamos.

Un señor de Córdoba, político por más señas, cuyo partido en las últimas elecciones ha obtenido cerca del 15% de los votos, ha tildado a la mayoría (esto es, a quienes han votado a otro grupo con cerca del 46%) de “haberse equivocado”. Algún otro, para encender un poquito más el hierro o echar leña al fuego, ha señalado que “Hitler también fue elegido por la mayoría en unas elecciones”. Vamos, que la mayoría que conforma una democracia está errada o no sabe dirimir las cosas. Y yo me pregunto: ¿se equivocaron los españoles al luchar a favor de Felipe V de Borbón y no apostar por el Archiduque Carlos de Austria? ¿Metieron la pata nuestros antepasados al sublevarse contra Napoleón en 1808 en lugar de posicionarse junto al hermano de este, el rey José I? ¿Se equivocó el general Prim y todos los demás que le apoyaban al derrocar a Isabel II y traer democráticamente a Amadeo I de Saboya, primero, y la República después? ¿Estaban equivocados los españoles que apostaron por Alfonso XII en lugar de por el carlismo? ¿Metieron la pata los españoles que votaron en 1931 en clave republicana y no a favor de Alfonso XIII? ¿Se equivocó la mayoría al votar a UCD en 1977 y no al PSOE o a este grupo en 1982 en lugar de optar por AP? ¿Falló la mayoría al apostar por el PP en 1996 y no por otros grupos y coaliciones?

Lo que sí hay son ganas de no seguir las reglas del juego ni de conocer nuestra Historia: lo peor que le puede pasar a un país (y de eso tenemos experiencia) es que la mayoría sea un solo señor.

23 de mayo de 2011

España azul



Madrid, 2009. Una anciana lúcida, que se dirige a votar en las elecciones europeas habla con su hija; pausadamente le señala: “en los años sesenta nos gobernaban los primeros de la clase, luego vino la Transición y nos gobernaban los segundos de la clase y ahora, hija mía, nos gobiernan los que no iban nunca a clase”. Eso es lo que ha hecho que la verdadera revolución del 22-M haya tenido el mapa electoral de azul: queremos de nuevo a los primeros de la clase. Marea azul. Es el momento de dejarse de experimentos, de cerrar la espantosa herida de la Guerra Civil (que quienes hemos estudiado en profundidad únicamente queremos que cicatrice como otras parecidas en Francia, Alemania o Rusia), de dejarse de sonrisas insensatas, de olvidarse de alianzas de civilizaciones imposibles de convivir (como en la España de 1492 en la que las tres culturas chocaban) y de retirar a políticos que hemos visto en la televisión desde los años ’90. Ahora toca, como aquel lejano 1996, coger el toro por los cuernos y empezar a trabajar, eso sí, poniendo a los primeros de la clase en los lugares en los que nos jugamos todo.

21 de mayo de 2011

Sabina Casarova, de nuevo




“No es necesario siempre conocer a alguien para comprenderlo”

Muchas veces, cuando las musas nos visitan, somos recurrentes; otras veces, cuando una mujer invade la imaginación, necesariamente ha de ser la protagonista de cuanto se escribe. Ciertamente hoy no sabía acerca de qué escribir, de tal modo que me he vuelto a acordar de Sabina Casarova (ver, otra vez http://www.sabinacasarova.com/), aunque sinceramente, llevo varios días recordando Praga y aquellos estupendos días que pasé en la ciudad de Václav Havel; incluso hoy mismo he vuelto a mirar las fotografías de la ciudad, con los tranvías, el cementerio judío, la Universidad de Carlos, la casa que habitó Franz Kafka, la plaza de Wenceslao, aquel edificio moderno que parecía bailar... la residencia donde vivía mi amiga, que no sé cómo se llamaba o el hotel con forma de pirámide en el que yo me alojaba. Ayer, cuando me referí a ella (cuando ella misma y su elegancia me inspiraron para ‘decir’ algo en este Blog), a Sabina Casarova, no recordé el nombre del fotógrafo que tomó esa instantánea, así que ella aclara en su web que el nombre es Marcelo Aquilio (http://www.aquilio.net/), un fotógrafo que, a simple vista, es un excelente artista.

Pero también es cierto que Sabina me recuerda a alguien que vi hace mucho tiempo, quizás en los últimos años noventa o principios del siglo XXI; alguna otra mujer o ella misma, si es que paseando por Praga me la encontré alguna vez. Me inspira su forma de mirar a la cara, de ‘decir’ con el gesto, de seguir (como la Gioconda) al espectador de la imagen. Es, indudablemente, una gran modelo y eso se aprecia. Es joven y eso me gusta, su nombre no es rimbombante, y eso está genial porque es tiempo de que seamos protagonistas de las cosas cuantos nacimos hace treinta o treinta y cinco años... Por eso escribo sobre ella. Y le agradezco que sea tan amable, algo que habla muy bien acerca de ella.

20 de mayo de 2011

Sabina Casarova




Moverse mucho por el mundo intelectual; por el cine (en todos los sentidos y en todos sus subgéneros) y por la red, te hace reparar en algún personaje que te llama la atención por algo significativo; en las cualidades que desarrolla, sobre todo en lo que denominamos Arte y que tiene multitud de expresiones. Este ha sido, para mí, el caso de la modelo y actriz checa Sabina Casarova (Praga, 1981), quien se puede contemplar en la fotografía que ilustra este post y que he tomado de Hlavni Mesto Praha (-que creo es- una guía de viaje). A Sabina la vi por primera vez en una película hacia 2002 o 2003 y, posteriormente, en algunas magníficas fotografías como modelo (ver su web personal: http://www.sabinacasarova.com/). No sólo hay que fijarse en la belleza que posee la modelo, sino lo magníficas que son las fotografías, cargadas de aspectos que ‘dicen’ algo y que ‘sugieren’ muchas cosas; ‘inspiran’, sobre todo, llevando a Sabina a ser un personaje de novela o de poema y, del mismo modo, hacia el cosmopolitismo, hacia nuevos nombres que no son los de siempre y los que dicen la prensa y las revistas del mundo rosa. Sabina inspira al escritor: ¿qué habría escrito de ella Franz Kafka? Tenía, sin duda, que escribir un post así para hablar ya de algún nuevo nombre en alguna nueva faceta y no me ha importado en absoluto irme a la República Checa, país que visité, como decía hace algunos días, en 2002. (Alguien me tildará de algo, pero yo tengo mi discurso y mi expresión y hablo de aquello que aprecio, que me inspira y que libremente elijo). Pues eso, Sabina Casarova.

16 de mayo de 2011

Praga



Estuve en Praga en 2002 y me resultó una ciudad realmente apasionante. A pesar de las dos invasiones que sufrieron, o las dos plagas, según lo entendamos (nazis y comunistas), la ciudad manifiesta un ambiente plagado de Historia (recuerdo la casa de Franz Kafka) y de una arquitectura mitad siglo XIX y mitad inicios del XX. Fui allí a ver a una (entonces) amiga que estudiaba en la Universidad de la ciudad (Universidad de Carlos) y quizás lo que más me llamó la atención fue el tranvía, desaparecido hoy en España. Entonces aún gobernaba el carismático Václav Havel y sé que he de volver, al menos esa es la promesa que hice en el Puente de Carlos, antes de visitar Josefov y Malá Straná.

15 de mayo de 2011

Mirar y mirar




Tengo por costumbre fijarme en la gente que veo por el camino. Cuando paseo por Madrid, normalmente suelo mirar a quien se cruza enfrente, o sale de un taxi o toma un café en Sturbucks como yo; también en otros lados, of course. La cara, la vestimenta, el aspecto, dice mucho siempre, incluso te presenta a quien tienes enfrente... Eso es algo aprendido en las lecturas y en el ejercicio de recopilar datos para luego escribir; escritura dramática, como el teatro, puro teatro. Algo innato, la mirada del otro, indagar hacia el otro, aprender del otro. Hay gente en la que me fijo especialmente, la gente que me interesa, que me importa (por ejemplo, aunque no lo parezca si hoy me he cruzado con alguien a quien aprecio, por ejemplo, me fijo en el rostro, lo que lleva puesto, la forma de mirar... siempre se dice algo del estado de ánimo, etc.); del mismo modo que soy incapaz de establecer contacto visual con quien no tengo interés o con quien nada me dice. Son simplemente costumbres. Uno no pasea por Madrid o por Boston o por Buenos Aires sin fijarse, sin darse cuenta del perfil de la City o de quienes habitan la cosmopolita City. Es sentirse parte intrínseca de un todo, de una sociedad global y civilizada (aunque no siempre) a la que uno pertenece. Incluso cuando miro en el campo cuando salgo a hacer ejercicio descubro horizontes nuevos que antes no había visto, o cuando camino o paseo por el pueblo (el down town que dicen los yanquis) descubro gente nueva que no sabía antes que habitaba mi misma ciudad. Incluso para soñar hay que mirar antes, para que la película se grabe en el subconsciente. Decía el detective garciano Germán Areta que su trabajo se componía de dos cosas, “mirar y mirar”, y creo que esa debería ser la máxima de todos, de tal modo que seríamos otros, pensaríamos de muchas maneras y hablaríamos menos, creo yo.

11 de mayo de 2011

Lenguaje político en campaña electoral



Ahora que tenemos campaña electoral se pone en juego con intensidad el lenguaje político, máxima expresión de la comunicación entre el candidato y el elector. Por lenguaje hemos de entender el mensaje que se nos transmite en el Telediario, en los mítines o en el anuncio publicitario de propaganda electoral gratuita, que singularmente es más proclive al partido más votado en la anterior convocatoria que a todos aquellos que presentan su lista en una determinada circunscripción electoral; de ahí que irrisoriamente un mismo canal de televisión pública emita cinco veces idéntico mensaje de un partido, tres el del segundo y una el del tercero. Tengo para mí que los partidos únicamente han elaborado un solo mensaje y, verdaderamente, tal reparto de espacios resulta antagónico. Y por lenguaje político hemos de entender también los carteles y cartelones electorales (con o sin photo shop; esto es, traducido literalmente de la lengua de Shakespeare, ‘tienda de foto’), es decir, el lenguaje no verbal. El PSOE, en alguna comunidad autónoma ha cambiado su color tradicional rojo por el blanco: en Madrid siguen usando el rojo y en Castilla-La Mancha han optado por el blanco y negro, dando un aspecto de mayor seriedad al candidato pero haciendo que los ojos se vayan, inevitablemente, al llamativo rosáceo de UPyD o al azul del PP (este último partido ha vuelto al azul que ya usó antes, menos agresivo que el naranja). Izquierda Unida, por el contrario, combina sus tres colores referenciales desigualmente, resaltando el retrato de su candidato sobre un fondo blanco: indudablemente se le ve más junto a las letras en rojo fuerte. Descubro los anuncios publicitarios muy elaborados, idílicos y sosegados, que presentan a determinado partido de la mano de un niño (recién nacido en el caso socialista o de poca edad en el spot popular), como símbolo de futuro o en base a paisajes de una determinada región (p. e.: el partido castellano, que se presenta en Castilla y León, Madrid y Castilla-La Mancha), como algunos grupos políticos nacionalistas castellanos. Otros son de sonido casi rudimentario, para aparentar escasez de medios. La cuestión es darnos la imagen de estar en nuestro interior, de ser nuestro otro yo. Y los lemas... Los socialistas de Madrid y Castilla-La Mancha acercan a sus candidatos al elector presentándolo como un técnico solvente (“El presidente de la gente común”, se dice de Tomás Gómez; o, “Con Barreda, gana Castilla-La Mancha”); en el PP se une al candidato con todo su equipo y su partido, de un lado, con el ciudadano, que es representado en el lema mediante un pronombre (“Centrados en ti”): del mismo modo este partido se sitúa en el centro del espectro político, en un juego de palabras que nos habla de un partido de centro empeñado (centrado) en resolver los asuntos del elector. IU pide que sea el votante el que tome la iniciativa: “Sobran razones. Muévete”. Veremos qué ocurre el 22 de mayo y hasta qué punto la propaganda ayuda.

6 de mayo de 2011

París, mayo de 1968 - España, mayo de 2011



Muchos, somos demasiados como aquella chica de Cádiz, quien se ha pagado la carrera trabajando como azafata; licenciada en Químicas que sólo puede aspirar a los enjundiosos empleos de 400 euros que nos ofrece la sociedad en la que vivímos. Somos demasiados. Y hoy me ha ido la mente a Mayo de 1968, París, Francia. La juventud casi en pleno en la calle (vean la foto y las vestimentas: jóvenes de izquierdas y de derechas gritando, alzando la voz) exigiendo otro futuro que, en Francia, llegó, aunque al principio pareció no cambiar nada. Aquí la mayoría silenciosa que formamos todos los que tenemos entre 25 y 40 años deberíamos ya ir diciendo algo, gritar de rabia, exigir reponsabilidad política a quienes nos gobiernan, soluciones y realidades. Del mismo modo, deberíamos pensar en hacer lo mismo, tomar la calle, el futuro, exigir, protestar, cambiar el rumbo. No conformarnos con el 22 de mayo sólamente, sino firmar un pacto social que nos garantice el futuro, porque no es justo que seamos la generación más preparada de la Historia y que vayamos a vivir peor que nuestros padres. Se requiere alzar la voz, denunciar el estado de cosas (mal dadas) y buscar un futuro ciero, de verdad, carismático, que nos haga ser útiles en la sociedad y que la sociedad nos tenga en cuenta. Y ya.

5 de mayo de 2011

Mirar y mirar



Como diría Germán Areta, "mirar y mirar". En esta vida y en estas ciudades y caminos de hoy hay que estar ojo avizor en lo que te rodea; falsas apariencias, palabras envenenadas, promesas que, de antemano, no se cumplirán; bajas pasiones y bajos fondos... No, no es la novela negra, que también, sino el mundo real. Cada novela negra retrata fielmente una época y una sociedad y, la de hoy, casualmente, es la nuestra. La información es amplia, minuciosa y constante, pero no toda vale. Unos que vienen y dicen, otros que van y dejan dicho; simplemente, "mirar y mirar" y un cerebro prodigioso que recuerde. Sin más pero sin menos. Nos toca saber movernos para sobrevivir, para verlas venir y sortearlas, para muchas cosas... y más en este incierto y caótico futuro. Hoy decía alguien "esto está hecho polvo". Ni más ni menos.

4 de mayo de 2011

Pensar en la calle



Hay que ser muy sufrido (que no sufridor) para aguantar chicas tan malísimas como Monica Potter (sin acento, que es término anglosajón) en La hora de la araña; y, el otro día, caminando por el barrio de Salamanca me vinieron a la mente unas cuantas que he sufrido a lo largo de la vida. ¡Uf! Sí, es cierto, esa gente negativa que te atrapa un tiempo pero que, por fortuna espero, te sueltan cuando, como los piojos, no pueden chuparte más la sangre. También pienso en cosas buenas, por supuesto, como lo mucho que ha cambiado Madrid entre 1981 y nuestros días. Ayer, sin ir más lejos, tuve la suerte de volver a ver El Crack, una película de cine negro de José Luis Garci protagonizada magistralmente por Alfredo Landa. Recuerdo los planos de una ciudad negra, en Transición, hasta lo que es hoy. No en vano llevamos ya más años de democracia que hubo de dictadura franquista, a pesar de que no nos hemos dado cuenta y algunas cosas siguen tal como estaban. Ahora úncamente nos queda, de nuevo, ir el 22 de Mayo a votar y ver qué sale.

1 de mayo de 2011

Niñas pijas...



Todas, o casi todas, la pijas son iguales. Las del barrio de Salamanca sí. Todas visten igual, el mismo gesto, el mismo bronceado, la misma forma femenina de sujetar el bolso, la misma forma de hablar, la misma belleza, las mismas piernas cuando en primavera visten pantalón corto. Lo mismo; es una cultura, una forma de vivir y de ver el mundo, como algo más lejos, en los pueblos del Sur hay algunas chonis (que otros llaman 'poligoneras'). Yo me quedo con las pijas. Me llevo mejor, me atraen más, dicen más... con sus defectos, obvio, pero la cosa es cuestión de gustos.