
23 de junio de 2011
"Cuando nació Alexandra..."

22 de junio de 2011
"Mi novia me estresa"

20 de junio de 2011
"Personajes para una boda"

18 de junio de 2011
"Un vehículo alternativo"

- ¿Por qué no vas al trabajo en caballo?
"Las alegres ni-ni de Castilandia"

17 de junio de 2011
"La huida de Carmen" (Cuento XII)

16 de junio de 2011
"No caerá esa breva" (Cuento XI)

Juan, casi cortándose la nuez, sonríe:
- No caerá esa breva.
(A Fernando Vizcaíno Casas, in memoriam)
15 de junio de 2011
"El coche de Enrique" (Cuento X)

14 de junio de 2011
La Olivetti

12 de junio de 2011
"La chica del Instituto" (Cuento IX)

11 de junio de 2011
"El detective" (Cuento VIII)

Todos tenemos un héroe, eso es innegable, o una heroína, que para el caso juega el mismo rol. Y tengo que reconocer que si me hice detective privado fue por culpa del teniente Colombo, de la policía de Los Ángeles. Sí, por aquella época, cuando ponían en la tele su serie, me la tragaba entero, hasta que un día decidí hacer un curso en el seno de la policía de Los Ángeles, impartido por el señor Colombo, y después abrir mi propia agencia. Al principio ya se sabe: cosas de cuernos, asuntos turbios entre socios, cosas de esas; hasta que un día salta tu caso y de ahí vas pasando de uno a otro hasta hacerte archifamoso, como yo, y sales en la tele y todo. Olvídate de Philip Marlowe, de Bernie Gunther, de Hércules Poirot y todos esos, incluido el teniente Colombo, claro. Yo, sólo yo, el que descubría la infidelidad de los maridos por la mancha de carmín en el cuello de la camisa o los desfalcos porque un empleado de banca se iba a Punta Cana de vacaciones después de tener un sueldo de ochocientos euros. ¿Qué cual es mi secreto?: "¡Ah, una cosa más, señor...".
10 de junio de 2011
"Ivana" (Cuento VII)

9 de junio de 2011
"El señor candidato" (Cuento VI)

8 de junio de 2011
"La crisis de los treinta" (Cuento V)

7 de junio de 2011
"Si me dices ven, salgo huyendo" (Cuento IV)

Mirar una imagen

6 de junio de 2011
Cuento. "¿Y si pierdo la memoria?"

5 de junio de 2011
En España tropezamos setenta veces siete con la misma piedra

Mientras cierto grupo mediático se implica en decirnos cómo se deben escribir diccionarios (y sus artículos están plagados de incorrecciones sintácticas y léxicas); mientras seguimos perdidos en las reivindicaciones de grupos de presión que no aportan nada al debate ni al país; mientras estamos metidos hasta el cuello en una crisis social, económica y ética de la que saldremos sabe quien cuando; mientras una o dos generaciones de españoles estamos condenados a vivir peor que han vivido nuestros padres (por vez primera en la Historia de la Humanidad); mientras en España estamos de nuevo como en 1898 o 1940 o 1960, me viene a la cabeza plantear una doble reflexión.
1ª.- España es uno de los poquísimos países en los que se debate acerca de cómo escribir algo constatable como la Historia. Hay gente de pensamiento totalitario, autoritario o dictatorial (elíjase el término que más guste) que se esfuerza en venirnos a decir que la Historia se escribe como la novela. Se crea un planteamiento, un nudo y un desenlace y se escribe al gusto de quien compre el libro. Se puede adoptar un tono de realismo mágico o de realismo social, incluso se puede teñir el episodio (en este caso dejaría de ser history para comenzar a ser story) de surrealismo. Ya digo, en todo esto andan los que no saben siquiera construir una frase correctamente. Y de lo que hay que hablar, silencio.
2º.- Los papás y mamás que están convirtiendo a sus niños en ni-ni-mo (ni estudian ni trabajan y molestan). Antiguamente, no hace tanto, nuestros padres nos ponían las pilas diciéndonos que no nos compraban tal o cual cosa: claro y diáfano; y mucho menos si suspendíamos alguna; cuando el tema se alargaba (mi caso con las matemáticas) te podías (si no aprobabas pronto) ver trabajando en el campo y lejos del aula, aunque en Literatura e Historia sacaras un 9. Tonterías las justas. Y si tu vecino tenía televisión en color (hablo de los ’80) y la tuya, en blanco y negro, se veía bien, ni se te ocurría pedir una en color porque no ibas tú a ser menos que el vecino (que es el motivo que tenemos en España desde tiempo del Lazarillo de Tormes). O si el otro tenía un walkman y tú no.
Ahora ha cambiado la cosa. Parece ser, según los últimos estudios sociológicos y otras zarandajas por el estilo, que si dejas de comprarle al vástago la PS3, por ejemplo, después de llegar a casa con todas suspensas, pues se traumatiza, no crece y se convierte en un paria de la sociedad. Y claro, dejar sin salir al muchacho o muchacha un fin de semana porque te grita o se pasa tres pueblos en el colegio o instituto, puede traer serias consecuencias para su desarrollo madurativo.
Digo esto porque mientras nos perdemos (se pierden otros) en tonterías hay asuntos más graves que atender, como educar y desarrollar a las generaciones futuras. Y me viene a la cabeza porque anoche vi a algunos de esos ni-ni-mo por la calle y lo vi claro: a los políticos esta gente les viene genial, no saben ni que existe algo que se llama elecciones y piensan que el dinero se ingresa solo (por ciencia infusa, entiéndase) en el saldo de su tarjeta VISA.
4 de junio de 2011
Defensa del "Diccionario Biográfico Español"

Hace aproximadamente una semana que se ha suscitado, por parte del diario Público, una polémica acerca del Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia; es imprescindible añadir, además, que la opinión del periódico no estriba en asuntos académicos o técnicos, sino que emite una opinión política y parcial que quiere defender los postulados de cierto grupo político de izquierdas empeñado en que la “memoria histórica” es todo aquello que se interprete con el prisma que ellos usan para ver las cosas. Más o menos lo que a principios del siglo XX les enseñó a hacer muy bien aquel nefasto personaje de la Historia que se llamó José Stalin y al que profesan una admiración genética. Debe ser que no hay asuntos preocupantes en una nación con una crisis tan gorda como la que azota España que se entretienen en explicarnos (como si no lo supiéramos) que Francisco Franco fue un ‘dictador’ y que su biografía, dentro de un diccionario, debe contener todo aquello que a ellos se les ocurra. Cualquier alumno que atienda en clase en la ESO sabe perfectamente el tipo de régimen autoritario que encarnó quien fue jefe del Estado hasta 1975. Pero en fin… En el Diccionario hemos colaborado miles de especialistas de todas las disciplinas, con diversas ideologías y formas de enfoque de los temas, eso sí, con sobrada preparación y solvencia. ¿Todos los periodistas que pululan por ese cierto grupo son independientes como requiere un medio de comunicación? La RAH sí hay dejado libertad a sus colaboradores. También es cierto que estos señores de este diario no se han podido leer todas las entradas ni cotejar todos los personajes, aunque digan que sí; sencillamente porque no están editados todos los tomos. A lo que juegan, y es lo que me molesta como español y como docente, es que lo de la libertad de expresión les empieza a molestar y tiene que hacerse todo según su forma de ver las cosas y aquello que no concuerde lo destrozan. Yo flipo con esta gente que se cree que la Historia es creación literaria y que cada uno puede escribir lo que quiera porque elige su final de la obra: la Historia es lo que pasó y cómo pasó, nos guste más o nos guste menos.
2 de junio de 2011
Doce poemas manuscritos de Luis Alberto de Cuenca
Para tocar, para leer, para oler, para mirar, para coleccionar, para regalar, para disfrutar… así son los libros de artista de El gato gris, únicos como son todos los libros de bibliofilia. Libros realizados con papeles de alto gramaje en los que se imprimen los poemas tal como salieron de la mano del poeta, sin intermediarios. Libros en los que se ensalzan las palabras, por supuesto, pero que también se alían con las imágenes: grabados, litografías, dibujos... Libros que están encuadernados… sin encuadernar, porque los libros de artista de El gato gris son originales hasta para eso. Libros que se guardan en un contenedor de madera noble para proteger dones preciados tales son las palabras y el arte.Corren malos tiempos (como siempre), pero, aún así, José Noriega desde su molino de Velliza sigue imprimiendo libros. El último, el número 28 de la colección manuscritos, lleva la firma del prolífico poeta Luis Alberto de Cuenca, un referente ineludible en las letras contemporáneas españolas.
En esta exquisita edición Luís Alberto de Cuenca retoma su tema preferido: el erotismo, el inicio de la germinación, simbólicamente representada, en tantas obras, con la figura del niño, quien se erige, por ser quien es, en el mejor guía para la creación, uno de los pocos caminos que nos llevan hasta el centro del espíritu humano.
Vale la pena acercarse a la palabra de Luís Alberto de Cuenca y máxime si está tan bellamente editada por José Noriega. Les garantizo que el contacto será un bálsamo para el alma.
© Candela Vizcaíno
'Cuando salí corriendo hasta la frontera'

No todas las historias terminan bien y no todos sus protagonistas de esas historias son héroes; es más, los antihéroes, esos personajes patéticos y llorones, son parte fundamente de la Historia, o de la Literatura, que es esta la disciplina pobre que los explica. Parece que caes mejor si eres un perdedor, porque si ganas o te ponen alguna pega o se mueren de envidia mala. Yo mismo: me casé con una mujer realmente hermosa, de buena familia (tenía pasta, sí señor, y un chalet en Palma que te cagas), de esas que miran todos los tíos cuando vas con ella por la calle. Y un día, aquel día hace ya unos años, salí corriendo. Estaba desayunando en un Sturbucks y me entró un acojone que no se explica con palabras... tiré de la Visa y del pasaporte y me presenté en la República Checa, del mismo modo que me podía haber ido a Ruanda. ¿Qué iba a hacer yo allí? Pues eso, vivir. Me ligué una checa muy maja la segunda noche, pero un día le pegaron un tiro y la poli se me echó encima (y hay que ver qué cabrón era el inspector, que ni se le entendía ni pillabas palabra en checo o en inglés... bueno, de inglés nada); me cayeron unos años de cárcel hasta que un abogado que se dio cuenta de que yo era auténticamente gilipollas me salvó de pasarme la vida entera en una cárcel de Brno. Luego salí y ocupé el apartamento de la muerta, que al fin y al cabo era mi pareja y ahora me dedico a conducir un taxi por las mañanas y a poner café a ancianos en una residencia por la tarde. Mi agente de la condicional pasa de mí y jamás se me ha pasado por la cabeza volver a España. ¿A qué? Se partirían el culo de mí cuando supieran lo que cambié por nada. Y es que hay mucha gente que se cree el ombligo del mundo y son un auténtico cero a la izquierda. Como yo.
1 de junio de 2011
'Un asunto turbio' (Cuento III)
